1. El agua no huele: el aroma estaba guardado en el suelo, y alguien le puso nombre en 1964
En 1964, dos científicos del CSIRO, el organismo público de investigación de Australia, publicaron en la revista Nature un artículo titulado «Nature of Argillaceous Odour», es decir, «La naturaleza del olor arcilloso». Isabel (Joy) Bear y Richard Thomas habían destilado con vapor rocas que llevaban tiempo expuestas a un clima seco y obtuvieron un aceite amarillento. Ese aceite quedaba atrapado en las rocas y la tierra, y la humedad lo soltaba al aire[1].
Según la explicación que ellos propusieron, durante los periodos secos algunas plantas liberan sustancias que la arcilla y las rocas absorben. Cuando llega la humedad, esas sustancias salen otra vez[1][2]. Para nombrar ese aroma inventaron una palabra, petricor, que une dos términos griegos: petra, «piedra», e icor, el fluido que en la mitología griega corría por las venas de los dioses[1].
Lo curioso es que el aroma ya tenía quien lo conservara en frascos. Según ese mismo resumen, en la India una industria de perfumería llevaba tiempo capturando ese olor en aceite de sándalo con el nombre de matti ka attar, «perfume de tierra»[1]. La ciencia, en este caso, llegó después que el oficio.
Pero el aceite de las plantas no es la única pieza del olor. Hay otra, y viene de algo vivo que no ves.
2. Las bacterias del suelo fabrican geosmina, y tu nariz la detecta aunque haya muy poca
Esa pieza es la geosmina, cuyo nombre significa «olor de tierra» en griego[2]. La fabrican bacterias del suelo del grupo Streptomyces, y lo hacen cuando están esparciendo sus esporas, no de forma continua[3]. Es decir, el olor no es un residuo accidental: forma parte del ciclo de vida de esas bacterias.
¿Para qué les sirve? Un estudio de 2020 publicado en Nature Microbiology encontró una posible respuesta: la geosmina atrae a unos pequeños artrópodos del suelo llamados colémbolos, que se alimentan de las bacterias y, al moverse y al expulsar sus excrementos, reparten las esporas por otros lugares[3]. La universidad sueca de Lund, cuyo equipo participó en el trabajo, cuenta que los colémbolos y estas bacterias llevan unos 400 millones de años conviviendo[4].
Lo que sorprende es que los humanos también la percibimos. Se describe que podemos detectarla en agua en concentraciones de entre 5 y 400 partes por billón (una parte entre un millón de millones), según el estudio que se consulte[5]. Es decir, la nariz humana es muy sensible a esta sustancia, aunque no sabemos con precisión cuál es el límite.
Con el aceite de las plantas y la geosmina de las bacterias ya tenemos de dónde viene el olor. Falta saber por qué lo hueles apenas empiezan a caer las primeras gotas, y no minutos después.
3. Burbujas que revientan dentro de cada gota lanzan el aroma al aire
En 2015, un equipo del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos) grabó con cámaras de alta velocidad cómo caen gotas sobre superficies porosas. Hicieron unos 600 experimentos con 28 tipos de superficie: 12 materiales fabricados y 16 muestras de suelo recogidas cerca del campus, del río Charles y de una playa[6].
Vieron esto: cuando la gota toca la superficie, el aire atrapado en los poros se mete en la gota en forma de burbujas pequeñas. Las burbujas suben y revientan en la superficie de la gota, y en conjunto lanzan al aire cientos de gotitas diminutas llamadas aerosoles. Todo ocurre en unos pocos microsegundos[6]. Un microsegundo es una millonésima de segundo, mucho menos de lo que tarda un parpadeo.
El equipo propuso que esos aerosoles podrían ser el vehículo que lleva los componentes del olor hasta tu nariz. Es una explicación plausible, aunque el propio comunicado del MIT la presenta como algo que el estudio «puede» explicar, no como una cosa demostrada[6].
Un detalle útil: según ese trabajo, se liberan más aerosoles cuando la lluvia es suave o moderada y muchos menos cuando es fuerte[6]. Un estudio posterior del mismo grupo, de 2017, probó con bacterias sobre suelo: una sola gota puede transferir al aire alrededor del 0,01 % de las bacterias de la superficie, y esas bacterias pueden seguir vivas más de una hora[7]. Así que, con cada lluvia, no solo viaja olor: también viaja una pequeña parte de los microbios del suelo.
4. Antes de una tormenta, a veces se huele otra cosa: el ozono de los rayos
Hay un olor distinto que algunas personas notan justo antes de que empiece una tormenta, más metálico y más agudo. El meteorólogo José Miguel Viñas lo atribuye al ozono: en el canal por donde pasa un rayo el aire se calienta tanto que algunas moléculas de oxígeno se rompen y sus átomos se recombinan para formar ozono[8].
Viñas explica que las corrientes descendentes de aire frío que se forman en las tormentas pueden bajar ese ozono hasta el nivel del suelo, y por eso lo hueles antes de que llegue la lluvia[8]. Es un olor aparte del petricor y de la geosmina: la tormenta añade un tercer aroma al de la tierra mojada.
5. Una prueba en casa: regar tierra seca con poca agua y con mucha
Lo que sabemos sobre las burbujas sugiere algo que puedes mirar tú. Busca una maceta o un trozo de jardín con tierra que lleve varios días sin mojarse. Moja un poco con un vaso o un regador, vertiendo el agua despacio, y huele. Después, en otra zona igual de seca, deja caer el agua de golpe, con más fuerza, y vuelve a oler.
No hay garantía de qué notarás, porque depende del tipo de tierra, de cuánto lleve seca y de tu propia nariz. Pero si la diferencia que apuntan los estudios se cumple en tu patio, el olor debería ser más fácil de notar con la lluvia suave que con el chorro fuerte. Hazlo de día, con la tierra al aire libre y sin salir en plena tormenta.
Y si te pica la curiosidad, los estudios del MIT y el artículo de Bear y Thomas están en las fuentes de abajo. Allí hay mucho más de lo que cabe aquí.
Fuentes
- ScienceAlert, «The smell of rain: how CSIRO invented a new word». https://www.sciencealert.com/the-smell-of-rain-how-csiro-invented-a-new-word (En inglés. Leído completo. Es un resumen divulgativo del artículo de Bear y Thomas en Nature, 1964. No pude leer el artículo original, que está tras un acceso de pago, así que lo que se atribuye a los autores viene de este resumen.)
- Meteored México, «¿A qué se debe el olor a tierra mojada?». https://www.meteored.mx/noticias/divulgacion/a-que-se-debe-el-olor-a-tierra-mojada.html (En español. Leído completo. Apoya la explicación del aceite de las plantas y el significado griego de «geosmina». No sirve para las bacterias, porque solo menciona Streptomyces coelicolor y cianobacterias sin detalle.)
- Becher y otros, «Developmentally regulated volatiles geosmin and 2-methylisoborneol attract a soil arthropod to Streptomyces bacteria promoting spore dispersal», Nature Microbiology 5, 821–829 (2020). https://research.monash.edu/en/publications/developmentally-regulated-volatiles-geosmin-and-2-methylisoborneo/ (En inglés. Solo pude leer la ficha con el resumen del artículo, no el texto completo. El resumen respalda lo de la producción de geosmina durante la esporulación y la atracción de colémbolos.)
- Universidad de Lund, «The story behind the earthy smell of spring». https://www.lunduniversity.lu.se/article/story-behind-earthy-smell-spring (En inglés. Leído completo. Es la noticia de la universidad sobre el estudio anterior. De aquí sale la cifra de unos 400 millones de años de convivencia.)
- Wikipedia, «Geosmin». https://en.wikipedia.org/wiki/Geosmin (En inglés. Fuente secundaria. Da el rango de umbral humano de 5 a 400 partes por billón. Otras fuentes de agua potable citan umbrales cercanos a 4–10 ng/L; el rango depende de la persona y del método de medida.)
- MIT News, «Rainfall can release aerosols» (14 de enero de 2015). https://news.mit.edu/2015/rainfall-can-release-aerosols-0114 (En inglés. Leído completo. Describe el estudio de Joung y Buie en Nature Communications, 2015. No leí el artículo científico completo.)
- Joung, Ge y Buie, «Bioaerosol generation by raindrops on soil», Nature Communications 8, 14668 (2017). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5344306 (En inglés. Acceso libre. De aquí sale lo de 0,01 % de bacterias por gota y la supervivencia durante más de una hora. Este artículo no habla del petricor ni de la geosmina.)
- José Miguel Viñas, «Meteoindicios olfativos» (publicado originalmente en tiempo.com). https://www.divulgameteo.es/fotos/misarticulos/Meteoindicios-olfativos.pdf (En español. Leído en el PDF. Fuente para el ozono de las tormentas y las corrientes descendentes.)
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