1. Las flores de la primavera empiezan a formarse el verano anterior
Un artículo científico de investigadores del centro CITA de Aragón (España) resume la secuencia así: la inducción de la flor y las primeras etapas de su desarrollo ocurren durante el verano y el otoño, y después el crecimiento se detiene en invierno.[1] Es decir, la flor que vemos abrir en primavera lleva meses guardada en una yema, cerrada y casi invisible.
Esto tiene una consecuencia práctica. En el albaricoquero, las yemas de una rama en invierno ya pueden contener las flores de la primavera siguiente. Las fuentes que leí no hablan de la poda del albaricoquero, así que no sabemos cómo ni cuándo conviene hacerla en cada lugar o variedad.
Lo que sí queda claro es el calendario: la formación de la flor empieza varios meses antes de que abra, en verano y otoño. Falta entender cómo pasa la yema el invierno.
2. La yema duerme en invierno y necesita acumular frío para despertar
En invierno las yemas del albaricoquero entran en dormancia: por fuera parece que el crecimiento se detiene, y la yema resiste el frío del invierno.[1]
Ese sueño tiene dos fases. En la primera, llamada endodormancia, la yema no crece por causas internas, y necesita pasar cierto tiempo con frío para recuperar la capacidad de crecer. En la segunda, la ecodormancia, la yema ya podría crecer, pero se queda quieta porque el tiempo todavía no es favorable; necesita temperaturas más cálidas.[1]
Una forma de imaginarlo es un reloj de arena que se llena de frío: cuando se llena, la yema pasa de una fase a la otra. Es solo una imagen; el árbol no cuenta nada, y lo que cambia es el estado de la yema por dentro.
¿Cuánto frío hace falta? Para medirlo, los científicos usan las «porciones de frío» (chill portions), una unidad que se calcula a partir de las temperaturas de cada hora. Un equipo del CITA estudió 13 variedades de albaricoquero en dos plantaciones de Zaragoza durante dos años (2018 y 2019) y encontró que cada variedad necesita una cantidad distinta, desde unas 52 hasta unas 72 porciones de frío.[1] Para saber cuándo termina la endodormancia, observaron un detalle microscópico: la meiosis masculina, el proceso con el que se forma el polen dentro de la yema.[1]
Los autores añaden que, en los últimos años, la falta de frío invernal se está volviendo un problema en muchas zonas productoras de albaricoque, y que por eso conviene elegir variedades adaptadas al frío de cada región.[1] Parece contradictorio, pero un árbol de flores tempranas necesita inviernos fríos de verdad. Y despertar tiene un riesgo.
3. Por qué una helada daña más a la yema recién despierta que a la dormida
Un estudio de 2007 siguió durante dos años yemas de albaricoquero y relacionó su estado con las heladas. Encontró tres cosas.[2]
- Durante la endodormancia, mientras las yemas acumulaban frío, no se registró daño por helada.
- Si la helada llegaba después de que la yema se abriera, también hubo daño, como era de esperar.
- Lo inesperado: las yemas eran especialmente vulnerables justo al entrar en ecodormancia, cuando ya habían cumplido su frío pero todavía no se habían hinchado.
En esa etapa, por fuera la yema parece igual que antes. Pero por dentro se forman cristales de hielo que dejan huecos en el tejido, y los estambres, el pistilo o ambos se vuelven marrones.[2] Según los autores, la vulnerabilidad aparece a la vez que se forman las conexiones por donde circulará la savia, primero en las anteras y luego en el pistilo.[2]
Esto fue lo observado en un lugar de España durante dos inviernos, así que no se puede decir que ocurra igual en todos los climas. Pero ayuda a entender una paradoja: una yema dormida bien profundo resiste mejor que una que ya se está preparando para florecer. El árbol que despierta pronto corre un riesgo mayor.
4. Qué pasa después: por qué no todas las flores acaban en fruto
Los mismos autores señalan que el albaricoquero es una especie especialmente propensa a un cuajado irregular, es decir, que no siempre las flores se convierten en frutos, y que las yemas florales se caen con frecuencia en distintas variedades y condiciones de cultivo.[2] Hay muchas causas posibles y, según el estudio, todavía no se ha identificado una causa principal clara. Que el fenómeno cambie de un año o de un lugar a otro sugiere que el ambiente influye.[2]
Si juntamos las piezas, un fruto de albaricoque es el resultado de una cadena larga: una yema formada en verano, un invierno con el frío suficiente, un despertar sin helada dañina y, después, el cuajado de la flor. Cada eslabón puede fallar.
5. Cómo comprobar el ciclo del albaricoquero cerca de ti
Si hay un albaricoquero (o chabacano) en un parque, un huerto o una calle de tu zona, puedes seguirlo durante un año sin tocarlo. Mira con una lupa sus yemas en otoño y en invierno, cuando el árbol ya no tiene hojas. Apunta la fecha en que abren las primeras flores y compárala con la del año siguiente. Después piensa si el invierno fue más frío o más templado.
También puedes comparar con otros frutales de tu zona: ¿quién florece antes y quién después? Pregúntale a alguna persona que cultive árboles frutales si ha perdido flores por una helada tardía, y cuándo ocurrió.
Para ir a las fuentes, busca el artículo de 2023 sobre requerimientos de frío en albaricoquero (Plants) y el de 2007 sobre caída de yemas y heladas (Journal of Applied Botany and Food Quality). Ambos están en inglés y son de investigadores aragoneses. Una pregunta para seguir: ¿cómo decide una yema cuánto frío le falta?