1. Los buzos limpian lo que se ve: cristales, rocas artificiales y algas
En un acuario grande, una parte de la limpieza se hace bajo el agua. El National Aquarium de Baltimore (Estados Unidos) cuenta que más de 130 buzos, entre personal y voluntarios, cuidan de los animales y de las exhibiciones. En algunos tanques trabajan en turnos de 60 o 90 minutos y se dedican, sobre todo, a quitar las algas de las piezas de coral artificial y de las ventanas de acrílico. Así las algas no se acumulan y los visitantes pueden ver bien hacia dentro [1].
Las herramientas cambian según la superficie. El acrílico se raya con facilidad, así que se limpia con guantes suaves; las piezas más resistentes se frotan con cepillos de distintos tamaños y durezas, y también se usa una hidrolavadora especial y un sistema de aspiración dentro del tanque [1]. Esto es lo que cuenta un acuario de Estados Unidos; otros acuarios pueden organizarse de otra manera.
Esa limpieza no es igual en todos los tanques. En el mismo acuario, algunos se frotan al menos unas cuantas veces por semana y otros se limpian a fondo una vez al mes, cada pocos meses o una vez al año [1]. Entonces surge la pregunta de este artículo: si limpiar a mano deja los tanques tan bonitos, ¿para qué más se necesita?
2. El agua la cuida otra clase de limpiadores: bacterias que transforman el amoníaco
Los peces sueltan amoníaco por las branquias, y ese compuesto es tóxico para ellos [2]. Si se acumula en un tanque cerrado, el agua se vuelve peligrosa aunque se vea transparente. Por eso importan unas bacterias que se llaman bacterias nitrificantes.
Funcionan en dos pasos. Un grupo transforma el amoníaco (o amonio) en nitrito, y otro grupo transforma el nitrito en nitrato. Para trabajar necesitan oxígeno y cierta alcalinidad del agua [3]. El resultado importa porque el nitrito es tóxico para los peces incluso en cantidades pequeñas, mientras que el nitrato suele ser mucho menos tóxico [3].
Un detalle práctico: estas bacterias crecen bien cuando hay compuestos de nitrógeno (amoníaco y nitrito) en el agua, es decir, aprovechan compuestos que salen de los desechos de los peces [2]. No son un invento raro: son bacterias comunes en el ambiente que, en un acuario, encuentran un buen lugar donde vivir.
3. Qué notó el Acuario de Otaru cuando dejó de vaciar y desinfectar sus tanques cada año
El Acuario de Otaru está en Hokkaidō, la isla del norte de Japón. Según un reportaje del diario local Hokkaido Shimbun, hasta hace unos años tenía la costumbre de vaciar todos los tanques una vez al año y hacer una gran limpieza con cloro, según cuenta el reportaje. El objetivo era quitar las algas y los restos de comida y desechos para que los peces no se enfermaran [4].
El personal se fijó en algo que no esperaba: los peces de los tanques que sí se habían limpiado se iban debilitando poco a poco, mientras que los de los tanques que, por falta de tiempo, no se habían limpiado estaban muy animados. El reportaje lo atribuye a las bacterias invisibles que había en los tanques y que mantenían estable el agua. Es decir, la limpieza con cloro pudo haber eliminado muchas de esas bacterias útiles junto con la suciedad [4]. El acuario cambió su forma de limpiar a partir de entonces.
Conviene leer esto con cuidado. Es la explicación que dio el propio acuario en un reportaje de prensa, no un experimento medido. Tampoco sabemos cuál es hoy su método exacto ni cada cuánto limpia, y no podemos decir que otros acuarios hayan hecho el mismo cambio. Lo que sí queda claro es la idea: limpiar bien no siempre significa dejar el tanque sin ninguna bacteria.
4. Cómo un filtro biológico les da casa a las bacterias para que cuiden el agua
En las instalaciones de los acuarios, esas bacterias no se dejan al azar. Los filtros biológicos ofrecen un material con mucha superficie donde pueden vivir las bacterias nitrificantes, y su función es transformar ciertos desechos con nitrógeno, como el amoníaco, en otras formas, como el nitrato [2]. Por eso un filtro funciona un poco como un “barrio” de bacterias por el que pasa el agua del tanque.
Hay también una regla de diseño: los filtros mecánicos, que atrapan partículas grandes, suelen colocarse antes que los biológicos, porque si las partículas grandes llegan al biofiltro pueden taparlo y crear zonas sin oxígeno [2]. Así, el filtro mecánico protege a las bacterias.
Juntando todo, se ve el reparto de trabajo: los buzos y las herramientas quitan las algas y la suciedad que se ven, los filtros mecánicos retienen partículas, y las bacterias de los biofiltros convierten las sustancias peligrosas disueltas en el agua. La lección de Otaru es que ese reparto se puede estropear si una limpieza muy fuerte elimina a los trabajadores invisibles.
Qué observar en el cristal y qué preguntar en tu próxima visita al acuario
La próxima vez que visites un acuario, fíjate en el cristal: ¿se ve algún buzo o alguna herramienta? ¿Hay alguna zona de algas verdes que todavía no han limpiado? Si hay una persona encargada cerca, puedes preguntarle: “¿cada cuánto limpian este tanque y cómo cuidan el agua?”. Las páginas web de los acuarios a veces publican cómo funcionan sus sistemas de soporte de vida. Palabras para buscar: “filtración biológica”, “ciclo del nitrógeno” y “bacterias nitrificantes”. Si tienes una pecera en casa, no vacíes ni desinfectes todo por tu cuenta: pregunta antes a quien te la vendió o a una persona con experiencia.