1. Los murciélagos no son ciegos: ven con los ojos y además «ven» con los oídos
Un grupo de investigación de murciélagos de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) lo explica así: la vista de un murciélago es peor que la humana, pero mejor que la de muchos otros mamíferos, y tienen células sensibles a la luz de los dos tipos (bastones y conos)[1]. Además, emiten sonidos por la laringe o por la nariz y reciben los ecos con los oídos. Por eso se dice que «ven» con las orejas[1].
Los dos sentidos no hacen lo mismo. En un estudio con dos especies, la vista resultó mejor para detectar objetos grandes, como los árboles, y la ecolocalización para detectar objetos pequeños, como un mosquito. Para Pipistrellus kuhlii, ese estudio estimó, según el método, de 2 a 4 m con el sonido y de 0,5 a 1 m con la vista[2]. Son datos de dos especies, no una regla para todos los murciélagos.
2. El tiempo que tarda el eco en volver le dice al murciélago a qué distancia está el insecto
El murciélago calcula la distancia a su presa a partir del tiempo que pasa entre su grito y la llegada del eco[3]. Un cálculo sencillo, hecho por nosotros y no sacado de las fuentes, ayuda a imaginarlo: el sonido viaja por el aire a unos 343 m/s (a unos 20 °C). Si el insecto está a 1 m, el sonido recorre 2 m entre la ida y la vuelta, y el eco tarda unos 6 milisegundos. Si está a 50 cm, tarda la mitad.
Esto lleva a la pregunta del título. Con cada grito, el murciélago recibe una medida de dónde está el insecto. Si el insecto se mueve, esa medida envejece enseguida.
3. Durante la caza, los gritos se vuelven más seguidos y más cortos
Una descripción de la caza del murciélago Eptesicus fuscus distingue tres momentos. En la búsqueda emite de 5 a 10 sonidos por segundo, cada uno de hasta 15 o 20 ms. En la aproximación, de 20 a 80 por segundo, y cada uno dura de 2 a 5 ms. Y en el tramo final, llamado «zumbido final» (en inglés, terminal buzz), cada sonido dura solo de 0,5 a 1 ms y la cadencia llega hasta unos 170 por segundo[3]. A la vez, la altura del sonido va de unos 65 kHz a unos 25 kHz en cada grito de la aproximación[3].
Esas cifras son de una especie y de un tipo de caza. Otra revisión señala que en muchas especies el zumbido pasa de 100 sonidos por segundo y que algunas llegan a 200 o más; el máximo que cita es de unos 220 por segundo, en Craseonycteris thonglongyai[4]. No es un valor fijo para todos.
4. Gritar más seguido sirve para actualizar la posición de una presa que se mueve
La respuesta que dan los especialistas es que el zumbido sirve, aparentemente, para actualizar rápidamente la posición de un blanco en movimiento. Es la función que le atribuyen Ratcliffe y su equipo en una revisión de 2013, donde también señalan que casi todos los ataques terminan en un zumbido[4]. Una forma de entenderlo (es una interpretación, no un dato medido): al acercarse, el murciélago puede necesitar información más frecuente para seguir a una presa que se mueve y que, además, puede esquivar en el último instante.
Esa explicación es la interpretación de los autores de una revisión, no una medición directa de lo que «piensa» el animal. Aun así, los estudios de los músculos que veremos ahora la apoyan.
5. Para gritar más de 160 veces por segundo, los músculos de la laringe tienen que ser «superrápidos»
Un estudio de 2011 en la revista Science (Elemans, Mead, Jakobsen y Ratcliffe) encontró que, durante el zumbido final, los murciélagos superan las 160 emisiones por segundo y que lo permiten músculos de la laringe especializados, llamados «superrápidos». Según el resumen, lo que fija el límite no es que el eco se solape con el grito, sino el rendimiento de esos músculos[5]. En la revisión de 2013, los autores añaden que sus experimentos con músculos de la laringe lograron potencia a hasta 180 ciclos por segundo[4].
6. Algunas polillas devuelven el ataque con sus propios chasquidos
La caza tiene dos bandos. Un estudio de 2019 (O'Reilly y colaboradores) halló que las polillas del género Yponomeuta emiten ráfagas de chasquidos ultrasónicos mientras vuelan, con dos ráfagas por aleteo. Los producen con una zona del ala que se deforma al moverse. Esos chasquidos se parecen, en su rango de frecuencias y su forma, a los avisos de las polillas tigre, y los autores lo interpretan como una advertencia hacia los murciélagos. Lo curioso es que estas polillas, en las pruebas de comportamiento, no reaccionaron a un ultrasonido de prueba[6].
Hay que tomarlo con cuidado: el estudio usó pocas polillas, muchas sujetas a un soporte, y no probó el efecto con murciélagos reales[6]. Y la propia revisión de 2013 propone, como hipótesis aún sin comprobar, que una segunda fase del zumbido (en la que el sonido baja de tono) podría ser una respuesta a insectos que oyen a los murciélagos[4].
7. Para observar murciélagos al anochecer sin molestarlos
Si hay murciélagos cerca, siéntate al atardecer a unos metros de una farola o de un estanque, con un adulto, y observa cómo se mueven desde lejos. No tienes por qué oír nada: sus gritos son ultrasonidos. No los toques ni intentes atraparlos: un murciélago caído o que se deja tocar puede estar enfermo, y conviene avisar a un adulto. Algunas aplicaciones y detectores convierten los ultrasonidos en sonido que sí se oye, y el CSIC cuenta que los investigadores los usan para distinguir especies y saber si un murciélago caza o socializa[1].
Fuentes
- Sánchez Navarro, S. y Tena López, E. (2021), «Los murciélagos son ciegos», Grupo de Murciélagos, Estación Biológica de Doñana, CSIC (Delegación del CSIC en Andalucía). https://delegacion.andalucia.csic.es/los-murcielagos-son-ciegos/ (Fuente en español. Vista peor que la humana pero mejor que la de muchos mamíferos; bastones y conos; sonidos por laringe o nariz, ecos por los oídos; los detectores de ultrasonidos se usan para distinguir especies y conductas. El texto da el rango de 8 a 120 kHz como «longitudes de onda», una confusión de términos; aquí no se usa esa cifra.)
- Melcón, M. L. (2015), «Commentary: Echolocation and vision complement each other in two bat species», Frontiers in Physiology 6:236. Comenta el estudio de Boonman, Bar-On, Cvikel y Yovel (2013). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4547011/ (Fuente en inglés. Es un comentario sobre dos especies, no el estudio original; la vista rinde mejor con objetos grandes y la ecolocalización con objetos pequeños; cifras de Pipistrellus kuhlii con un mosquito, que dependen del método.)
- Moss, C. F. y Surlykke, A. (2010), «Probing the natural scene by echolocation in bats», Frontiers in Behavioral Neuroscience 4:33. https://www.frontiersin.org/journals/behavioral-neuroscience/articles/10.3389/fnbeh.2010.00033/full (Fuente en inglés. Se leyó solo la primera parte del texto. Distancia a partir del retardo del eco; fases de búsqueda, aproximación y zumbido de Eptesicus fuscus con sus cifras. La conversión a milisegundos del apartado 2 es un cálculo propio.)
- Ratcliffe, J. M., Elemans, C. P. H., Jakobsen, L. y Surlykke, A. (2013), «How the bat got its buzz», Biology Letters 9(2):20121031. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3639754/ (Fuente en inglés; es un artículo de opinión. Función aparente del zumbido, más de 100 y hasta unos 220 sonidos por segundo, músculos hasta 180 ciclos por segundo, hipótesis sobre la segunda fase del zumbido.)
- Elemans, C. P. H., Mead, A. F., Jakobsen, L. y Ratcliffe, J. M. (2011), «Superfast muscles set maximum call rate in echolocating bats», Science 333(6051):1885–1888. https://www.science.org/doi/10.1126/science.1207309 (Fuente en inglés. No se pudo abrir el sitio de la revista; solo se conoció el resumen, mediante el registro de Europe PMC. No se leyó el texto completo.)
- O'Reilly, L. J., Agassiz, D. J. L., Neil, T. R. y Holderied, M. W. (2019), «Deaf moths employ acoustic Müllerian mimicry against bats using wingbeat-powered tymbals», Scientific Reports 9:1444. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6363749/ (Fuente en inglés. Chasquidos de Yponomeuta; la «sordera» se basa en pruebas de comportamiento con un solo estímulo de 25 kHz; muestras pequeñas, polillas sujetas, sin pruebas con murciélagos.)
Historial de cambios
- Primera publicación.