1. El baile de las abejas: un ocho con un tramo de meneo
Cuando una abeja vuelve con la noticia de que hay flores, sube a un panal vertical y empieza a «bailar». Primero avanza en línea recta mientras sacude el abdomen de un lado a otro: a ese tramo lo llamaremos tramo de meneo (en inglés, waggle run). Luego da una vuelta en arco para regresar al punto de partida y repite el tramo, alternando un lado y el otro. Si dibujáramos su camino, saldría más o menos un ocho: es el baile de las abejas (waggle dance)[2][3].
Según una reseña de la UNAM, el baile puede avisar de varias cosas: que hay algo nuevo que recolectar, cuánto hay y dónde está[2]. Aquí nos quedamos con la pregunta del título: cómo indica el lugar. La respuesta está en el tramo de meneo, que cuenta la dirección con su ángulo y la distancia con su duración.
2. La dirección: «hacia arriba» en el panal significa «hacia el sol»
El panal cuelga vertical, y la abeja usa la línea de arriba hacia abajo como referencia. La dirección del tramo de meneo sobre esa vertical reproduce el ángulo que hay entre la posición del sol y la del alimento[2][3].
Dicho de otra manera: «subir por el panal» quiere decir «ir hacia donde está el sol». Si la comida está justo hacia el sol, el meneo sube derecho. Si está a un lado del sol, el meneo se tuerce hacia ese lado.
Un ejemplo para imaginarlo: si el alimento queda a un cuarto de vuelta del sol, el meneo se inclina un cuarto de vuelta respecto a la vertical, es decir, unos 90°. Es solo una ilustración de la regla, no una medida del experimento de la sección 5.
3. La distancia: cuanto más dura el meneo, más lejos está la comida
La distancia se cuenta con el tiempo: cuanto más dura el tramo de meneo, más lejos está la comida[2].
Cuando la comida está cerca, el baile cambia de forma: en lugar de un ocho con meneo, la abeja da vueltas rápidas en círculo. La reseña de la UNAM da como límite menos de 50 metros[2]; las cifras cambian según la fuente y las abejas que se estudien, así que conviene tomarla como una idea aproximada y no como una frontera exacta.
4. ¿Es de verdad un mensaje? Las dudas sobre el baile
El zoólogo austriaco Karl von Frisch pasó años observando abejas marcadas hasta descifrar este código, y en 1973 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina junto con Konrad Lorenz y Niko Tinbergen[3].
Pero una descripción bonita no es una prueba. Durante años hubo biólogos que dudaron de que las abejas leyeran algo: quizá las abejas nuevas simplemente seguían el olor que traía la bailarina hasta encontrar la comida[4].
Además había un detalle raro: las abejas reclutadas solían tardar mucho en llegar a la comida. Si entendían el baile, ¿por qué se demoraban?[4]
5. El experimento de 2005: seguir con radar a las abejas que acababan de ver el baile
En 2005, un equipo de investigadores (J. R. Riley y colaboradores) encontró la forma de seguir el vuelo de cada abeja. Capturaban a las abejas que acababan de seguir un baile, al salir de la colmena, les pegaban un transmisor diminuto y las rastreaban con un radar especial (radar armónico)[1][4].
Resultado: la mayoría voló en línea recta hacia los alrededores del comedero, un lugar al que nunca había ido. Y hubo dos pruebas más:
- Corrección por el viento. Las abejas corregían su rumbo cuando el viento las empujaba hacia los lados, incluso yendo a un destino que no conocían[4].
- Abejas trasladadas. A otras las soltaron en lugares a hasta 250 metros de la colmena. No volaron hacia el comedero: volaron en la dirección que las habría llevado a él desde la colmena, como si llevaran la instrucción ya memorizada[4].
Dicho con claridad: esas abejas llevaban «dirección y distancia» en la cabeza desde que salieron del panal, sin haber estado nunca en ese lugar[1].
6. Lo que el baile no logra: el último tramo se busca con los sentidos
Las abejas reclutadas no aterrizaban directo en el comedero: pasaban un buen rato en vuelos de búsqueda tratando de hallar su posición exacta[4].
Eso explica la demora de la sección 4: el baile lleva a la abeja hasta los alrededores, y allí ella busca por su cuenta. Los autores señalaron que esa búsqueda explica el retraso que originó la polémica, y lo consideraron una confirmación de la hipótesis de von Frisch[1][4].
Si quieres comprobarlo: juega a ser abeja en casa
No hace falta acercarse a una colmena (mejor no hacerlo). Puedes hacer de abeja con papel, lápiz y un amigo o alguien de tu familia.
- Elige una pared de tu casa y decide que «arriba» en el papel significa «hacia esa pared», como si fuera el sol.
- Esconde un objeto en un lugar que tu compañero no vea desde donde está. Tú señalas el objeto con el brazo estirado y dibujas en el papel una flecha que muestre cuánto se desvía tu brazo de la dirección de la pared.
- Para la distancia, da palmadas a un ritmo constante mientras caminas hacia el objeto. Anota cuántas fueron.
- Tu compañero se coloca en el mismo punto de partida que tú, mira hacia la misma pared de referencia, lee el papel, camina en esa dirección y da el mismo número de palmadas al mismo ritmo (las palmadas solo marcan el tiempo, no miden pasos exactos).
¿Llegó exactamente? Seguramente no: quedó cerca y tuvo que buscar. Justo eso les pasó a las abejas del experimento. Después puedes cambiar el código (por ejemplo, contar pasos en vez de palmadas) y ver cuál funciona mejor.
Si quieres leer más, la fuente más directa es el artículo científico original de Riley y colaboradores en la revista Nature (2005), que puedes buscar por su título.