1. ¿Cómo puede ayudar el ala de la que va delante?
Al batir las alas, un ave deja detrás de sí aire en movimiento, la estela. Por el modo en que se enrollan las puntas de las alas, en esa estela hay zonas donde el aire sube (corriente ascendente) y zonas donde baja (corriente descendente). La idea clásica es que un ave que vuela en diagonal detrás de otra aprovecha el aire que sube, como si recibiera un pequeño empujón hacia arriba, y por eso necesita batir menos. Un artículo de 2014 en Nature señala que, aunque esta explicación se aceptaba mucho, durante mucho tiempo no se había demostrado con datos de aves reales [1].
2. ¿Se midió alguna vez que las aves de la V gasten menos energía?
Sí. En 2001, un equipo dirigido por Henri Weimerskirch midió los latidos del corazón de pelícanos blancos entrenados para volar en V, porque el pulso sirve como estimación del gasto de energía. Las aves gastaron menos energía al volar en formación, y los autores sugirieron que esa ventaja es probablemente una de las razones principales por las que las aves migratorias grandes llegaron a volar así [2]. El porcentaje solo lo hemos visto en una revista de divulgación: hasta un 11 % para las aves de atrás, con otros trabajos que apuntan a entre un 10 % y un 14 % [5]. Como las cifras cambian según quién las cuente, conviene quedarse con la idea: aproximadamente una décima parte, en pelícanos grandes y entrenados.
3. ¿Las aves se colocan en un sitio concreto y baten al mismo ritmo?
Eso es lo que encontró otro equipo en 2014 con ibis eremitas (Geronticus eremita), aves migratorias que volaban en formación. Las aves en posición de V se situaban en los puntos que predice la teoría y batían las alas de modo que las puntas de sus alas seguían un camino parecido al del ave de delante: así aprovechan el aire ascendente durante todo el aleteo. El ave que iba justo detrás de otra, donde el aire baja, batía a contrafase, algo que podría reducir el perjuicio. Los autores concluyen que las aves parecen «ser conscientes» de la estela de sus compañeras [1]. Es una interpretación de los autores; el estudio no prueba que las aves «calculen» nada.
4. ¿Y la que va delante? ¿Siempre se cansa la misma?
La que abre la V no recibe ninguna ayuda, así que cabe preguntarse cómo se turnan para ir delante. En 2015, Bernhard Voelkl y su equipo siguieron a ibis jóvenes durante una migración guiada por personas. Vieron que el tiempo que cada ave pasaba al frente se correspondía con el tiempo que pasaba aprovechando la estela de otras, y que las aves intercambiaban el puesto con frecuencia. Los autores lo interpretan como cooperación por turnos (reciprocidad directa) [3]. Es una explicación posible del patrón, no una prueba de que las aves lleven la cuenta de los favores. Audubon también describe cambios de posición en la V [5].
5. ¿Cuánto ahorra de verdad un ave que vuela en la estela de otra?
En 2024, el equipo de Elisa Perinot puso registradores con GPS de alta precisión y acelerómetro a 29 ibis eremitas durante una migración natural, y a cinco de ellos además les midió la frecuencia cardíaca. Cuando volaban en la estela de otra ave, se movía menos su cuerpo al aletear, daban menos aleteos efectivos (planeaban más) y el corazón les latía más despacio. Los autores titulan el artículo «Pequeños beneficios energéticos» y concluyen que el ahorro existe, aunque modesto [4].
El número más citado es una bajada del pulso de «hasta un 4,2 %». Hay que leerlo con cuidado: en el texto completo, esa cifra corresponde a un solo individuo, en tramos de al menos 5 segundos, y solo dos aves mostraron una bajada clara (de alrededor de 3,8 % y 4,2 %); en el conjunto de los tramos las reducciones fueron menores y, para algunas aves, la dirección no estaba clara [4]. Por eso no se puede comparar sin más con el 11 % de los pelícanos: eran aves distintas, vuelos de entrenamiento frente a una migración, y métodos de medida diferentes.
6. ¿Toda bandada compacta ahorra energía?
No necesariamente. En 2011, un equipo de James Usherwood equipó palomas con GPS y sensores de movimiento y vio que, al volar cerca de otras (sobre todo detrás), batían las alas con más frecuencia. A diferencia de los pelícanos en V, las palomas no sacaban ventaja aerodinámica de la bandada, y el aleteo extra podría implicar un coste de energía en grupos muy apretados, aunque con este dato no podemos medir cuánto [6]. Aquellas palomas no volaban en V, sino en un grupo denso. Sobre el tamaño, un investigador citado por Audubon, Bret Tobalske, explica que las aves grandes baten más despacio y que en formaciones de aves pequeñas la estela podría deshacerse antes [5]. Es la opinión de un especialista en una revista de divulgación, no un resultado establecido. Por último, los estudios citados aquí se centran en la energía; otras razones posibles (ver mejor, mantenerse en contacto) no las hemos comprobado en fuentes primarias, así que no las damos por hechas.
7. ¿Cómo puedes comprobarlo tú?
Cuando veas una bandada en V o en línea diagonal (gansos, grullas, pelícanos, según dónde vivas), prueba a observar con calma: ¿la forma se mantiene o se deshace y se rehace? ¿Cambia el ave del frente si miras unos minutos? Anota la forma y el número de aves; con una libreta basta. Ten en cuenta que casi todas las cifras de este texto vienen de aves grandes; no sabemos si valen para las aves pequeñas que tengas cerca. No mires al sol directamente y no te acerques a la carretera para ver mejor. Si quieres ir a la fuente, los resúmenes de los artículos están en la lista de abajo, en inglés.