1. El abrebotellas solo sirve para los tapones que se aprietan sobre el borde de la botella
Un tapón corona es un disco de metal con el borde ondulado, como una falda con pliegues. Se aprieta alrededor de la boca de la botella, a mano o con una máquina, y queda sujeto al reborde del cuello [1]. Como no tiene rosca, no se puede girar para abrirlo, y el borde agarrado al cuello hace que tampoco se pueda tirar de él con los dedos.
El abrebotellas tiene en la punta una pieza que se mete bajo ese borde ondulado. No sirve para los tapones de rosca, que se abren girando, ni para las latas con anilla. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo consigue levantar con poca fuerza algo que los dedos no mueven?
2. El abrebotellas es una palanca: multiplica la fuerza, pero la mano recorre más distancia
La patente que William Painter obtuvo en 1894 describe el abrebotellas como una palanca. Tiene un aro que se apoya sobre la parte superior del tapón y que actúa de punto de apoyo, y un labio que se desliza por debajo del borde ondulado. Al levantar el mango, la herramienta gira sobre ese punto de apoyo y hace saltar el tapón [2].
En una palanca de este tipo, el punto de apoyo está en un extremo, el tapón está cerca de él y la mano empuja en el otro extremo. Cuanto más lejos del apoyo está la mano en comparación con el tapón, más se multiplica la fuerza [3]. Veamos un ejemplo con números inventados: si el labio está a 1 cm del apoyo y la mano a 10 cm, la fuerza que llega al tapón sería, en teoría, unas diez veces mayor.
Hay un precio: en un modelo ideal, la mano recorre unos 10 cm por cada centímetro que sube el tapón. La palanca no regala trabajo, solo cambia mucha fuerza por poco recorrido, o al revés. Entonces, ¿por qué alguien fabricaría un tapón que necesita una herramienta?
3. El tapón corona se inventó para no dejar escapar el gas, y se pensó para usarse una sola vez
En la década de 1880, los refrescos con gas se vendían ya en farmacias y bares, pero llevarlos a casa era un problema: los tapones de la época, de metal, corcho o porcelana, no sellaban lo bastante bien el dióxido de carbono que forma las burbujas [1].
El inventor estadounidense William Painter ideó en 1892 el «tapón corona»: una tapa de metal con un disquito fino de corcho dentro para sellar mejor y para evitar que el líquido tocara el metal. Se diseñó para un solo uso, era barato y no dejaba escapar el gas [1]. Dicho de otro modo, que fuera difícil de abrir no era un descuido: un tapón pensado para tirarse puede apretarse con fuerza.
Dos años después, en 1894, Painter patentó lo que Lemelson-MIT llama la primera herramienta para levantar tapones de botella, es decir, el abrebotellas [1]. La patente 514,200 se titula «Capped-Bottle Opener» y está fechada el 6 de febrero de 1894 [2]. El tapón se tira; la herramienta se queda y se usa miles de veces.
4. ¿Fue Painter el primero en patentar un abrebotellas? Las fuentes no coinciden del todo
Muchos relatos dicen que sí. Pero Wikipedia dice que Alfred L. Bernardin, de Evansville (Indiana), solicitó y recibió una patente para un abrebotellas el 11 de julio de 1893, unos meses antes. Era un modelo de mesa que se usa con una mano, como los de los bares; el de Painter era de mano [3]. No he podido leer la patente de Bernardin, así que esta fecha queda como «según Wikipedia».
En cualquier caso, hay algo claro: el abrebotellas nació casi a la vez que el tapón al que abre, porque el tapón era difícil de abrir sin una herramienta adecuada. Y esa pareja tiene todavía un detalle curioso en el borde.
5. Los 21 dientes del tapón: qué se sabe y qué no
Si cuentas los pliegues del borde de un tapón corona de botella de vidrio, lo habitual son 21. Una patente moderna dice que el tapón corona estándar actual tiene 21 pliegues, y que los diseños anteriores tenían entre 21 y 24 [4]. Otra patente añade que el diseño original tenía 24 y que luego se redujo a 21 como norma [6].
¿Por qué 21? No he encontrado una norma pública que lo explique. Lo que sí dice otra patente moderna es que un número impar de dientes tiene una ventaja en las máquinas: los dientes no quedan justo enfrente unos de otros, y eso ayuda a evitar que los tapones se inclinen o se atasquen en las cintas transportadoras [5]. Es una explicación sobre por qué impar, no sobre por qué justo 21, y viene de una patente, no de un organismo de normalización.
Tampoco es un número sagrado: una patente afirma que con 28 o 32 pliegues se necesita menos fuerza para quitar el tapón que con 21 o 24 [4], y otra propone menos de 21 [6].
6. Cómo comprobarlo con un tapón y un abrebotellas de casa
Pídele a un adulto un tapón corona ya retirado de una botella. Cuenta los pliegues sin pasar el dedo por el borde: está afilado y puede cortar. ¿Salen 21? ¿Hay tapones de otras marcas con otro número?
Después mira un abrebotellas y busca sus tres partes: dónde se apoya sobre el tapón, dónde engancha bajo el borde y dónde se agarra con la mano. Si tienes una regla, mide la distancia del apoyo al punto donde engancha el abrebotellas y al punto donde agarras el mango; divide la segunda distancia por la primera y verás cuántas veces multiplica la fuerza.
Si quieres leer más, empieza por la ficha de Painter en Lemelson-MIT [1] y por la patente de 1894 [2], que se pueden leer en inglés. Nunca abras botellas con los dientes ni con otros objetos: te puedes hacer daño.