Antes del braille había un código de doce puntos
El punto de partida no fue una idea de Braille. Charles Barbier, un oficial del ejército francés, había ideado la «escritura nocturna»: un código de puntos en relieve que permitía leer un mensaje con los dedos, en la oscuridad [3]. Cada signo ocupaba una celda de doce puntos, dos de ancho y seis de alto [2].
Además, ese código anotaba sonidos, no letras: se escribía según el sonido de las palabras y no había signos de puntuación [3]. Hacia 1820 o 1821 (las fuentes no coinciden en el año) Barbier presentó su sistema en la escuela de jóvenes ciegos de París [2] [3]. Allí estudiaba un chico de unos diez años, Louis Braille [1].
Doce puntos no caben bajo una yema
El problema no era que faltaran signos, sino que sobraba tamaño. Según la American Foundation for the Blind, Braille vio que el código era demasiado extenso y no tenía en cuenta el pequeño espacio que un dedo puede abarcar de una sola vez [2]. Braille la recortó a la mitad: seis puntos, tres de alto y dos de ancho, que se perciben con una sola pasada de la yema del dedo [1] [3].
Una forma de imaginarlo (es una comparación nuestra, no una explicación de las fuentes): es la diferencia entre reconocer una cara de un vistazo y tener que recorrerla por partes.
¿Bastan seis puntos? Cada punto duplica las posibilidades
Al reducir la celda a la mitad, uno esperaría perder muchísimos signos. Pero cada punto solo puede estar de dos maneras, levantado o no. Con un punto hay 2 posibilidades; con dos, 4; con tres, 8; y así, cada punto nuevo las duplica. Con seis puntos salen 2 × 2 × 2 × 2 × 2 × 2 = 64. Si quitamos la celda vacía, sin ningún punto, quedan 63 combinaciones útiles [1] [4].
Con esos 63 signos el braille representa letras, números, signos de puntuación, símbolos matemáticos y hasta notación musical [1]. Con doce puntos, en cambio, habría 212 = 4096 combinaciones posibles (un cálculo nuestro). Es un número enorme, pero con seis puntos ya bastan 63 signos, y la celda se mantiene pequeña.
Otro cambio importante: letras en lugar de sonidos
Reducir los puntos fue solo la mitad del trabajo. Braille también pasó de un código fonético a uno alfabético: cada combinación de puntos corresponde a una letra, y no a un sonido [2] [1]. Así se puede escribir con la ortografía normal del idioma y se pueden añadir números y signos de puntuación.
¿En qué año lo inventó? Las fuentes no coinciden
Braille tenía unos 15 o 16 años cuando ideó su sistema, a mediados de la década de 1820. Las fuentes dan 1824 o 1825. La primera descripción publicada es de 1829 [1] [4]. Por eso conviene hablar de «mediados de la década de 1820» y no de un año exacto. Lo que sí se mantiene en todas las fuentes es la idea central: partir de un código de doce puntos y quedarse con seis.
Compruébalo en casa con lentejas
Puedes probar la idea de Braille sin ningún material especial. No es braille de verdad, solo sirve para sentir la diferencia de tamaño. Las lentejas son solo para tocar: no te las lleves a la boca, y si cerrar los ojos te incomoda, hazlo con ellos abiertos.
- Coloca seis lentejas sobre un plato, en dos columnas de tres, con un poco de separación entre ellas.
- Con los ojos cerrados, apoya la yema de un solo dedo sobre ellas, sin moverla. ¿Notas el grupo entero?
- Ahora coloca doce lentejas, en dos columnas de seis, con la misma separación. Repite la prueba con el dedo quieto. ¿Cuántas notas ahora?
- Por último, escribe en un papel «2, 4, 8…» duplicando cada vez hasta llegar a 64, y comprueba que son seis pasos.
Si en tu casa o en la calle ves braille, por ejemplo en algún botón o envase, mira solo la forma de las celdas y cuenta los puntos de una. Si alguien lo está usando para leer, no lo toques sin permiso. Para seguir leyendo, la ONCE, la organización de personas ciegas de España, tiene una página sobre Louis Braille [1].