1. Qué pruebas se pueden usar para reconstruir un edificio
Casi siempre se combinan cinco tipos de pruebas, de las más directas a las más indirectas:
- Restos en el suelo: cimientos, bases de columnas, tejas y otros objetos que salen en una excavación arqueológica.
- Planos y dibujos medidos del edificio, hechos cuando aún existía.
- Fotografías antiguas.
- Maquetas y documentos escritos, como informes de obras.
- Edificios parecidos de la misma época que se conservan, que sirven de modelo para lo que falta.
Los restos en el suelo suelen decir dónde estaba el edificio y qué tamaño tenía en planta, pero no cómo eran las paredes y el techo. Eso lo dicen los planos y las fotos, si los hay. Si no los hay, hay que apoyarse en edificios parecidos. Según el edificio, la mezcla de pruebas es muy distinta, como verás ahora.
2. Cómo se reconstruyó una puerta sin tener ninguna imagen de ella
La puerta Suzaku era la entrada principal del palacio imperial de Nara, la capital japonesa del siglo VIII. Allí se recibía a embajadores extranjeros y se celebraban ceremonias de Año Nuevo [1]. El Instituto Nacional de Investigación de Bienes Culturales de Nara (Nabunken) empezó a estudiar el caso tras la excavación de 1964, con una maqueta a escala 1:10 al año siguiente, y siguió con investigaciones de materiales y de diseño hasta tener un proyecto [1].
Según el Instituto, las únicas pruebas directas eran la base de los cimientos, la posición de las columnas y las tejas halladas. Ninguna decía cómo era la estructura de madera [1]. Entonces los investigadores tomaron decisiones apoyadas en edificios que sí existen:
- Puerta de dos pisos, porque así era la puerta equivalente del palacio de la ciudad de Heian (la actual Kioto), de una época posterior.
- Estructura básica tomada como referencia de la puerta central del templo Horyuji, en Nara.
- Estilo tomado de una pagoda del templo Yakushiji.
- Proporciones de las piezas tomadas de otra puerta de Nara, la de Tegai-mon (Todaiji), por tener un tamaño parecido [1].
Lo que se ve, entonces, no es una copia exacta, sino una hipótesis muy trabajada. El propio Instituto explica que hubo que «suponer» varios aspectos. Además, como la ley actual trata el edificio como una construcción moderna, se añadieron diagonales y estructuras metálicas por dentro de los muros del primer piso para darle más resistencia [1]. Una buena idea para cualquier visita: preguntarse qué parte es dato y qué parte es hipótesis.
3. Cuando sí hay muchas pruebas: el palacio del castillo de Nagoya
El castillo de Nagoya, en Japón, tenía un palacio llamado Honmaru Goten, terminado en 1615 y destruido por un bombardeo en 1945. Antes de eso, en 1930, había sido declarado el primer «Tesoro Nacional» de su categoría. Según la ciudad de Nagoya, se conservaron 309 planos medidos hechos en el siglo XX, unas 700 fotografías antiguas y 1.049 paneles pintados [2]. Con tantas pruebas directas, los responsables hablan de una reconstrucción «fiel a los hechos históricos» y dependen mucho menos de edificios parecidos. Ten en cuenta que esas cifras las da la propia administración que dirige la obra, así que conviene tomarlas como su descripción de las fuentes.
4. Un ejemplo en España: el Pabellón de Barcelona, levantado de nuevo 56 años después
No hace falta irse a Japón para ver esto. El Pabellón Alemán de la Exposición Internacional de Barcelona, diseñado por Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich, se construyó para la exposición de 1929 y se desmontó en 1930 [3]. Más tarde se convirtió en una obra clave de la arquitectura moderna, y por eso se pensó en reconstruirlo. En 1980 el arquitecto Oriol Bohigas impulsó la idea desde el Ayuntamiento de Barcelona; los arquitectos Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos investigaron, diseñaron y dirigieron la obra. Se empezó en 1983 y se inauguró en 1986, en el mismo lugar [3].
La Fundación Mies van der Rohe cuenta que se usaron vidrio, acero y cuatro tipos de piedra con características y procedencia iguales a las de los materiales usados en 1929 (travertino romano, mármol verde de los Alpes, mármol verde antiguo de Grecia y ónice dorado del Atlas) [3]. Esa página no detalla qué planos o fotografías se usaron ni cuáles fueron las partes más difíciles, así que no podemos contarlo aquí. Pero el caso sirve para ver una diferencia: en Barcelona se reconstruyó en el mismo sitio y con materiales iguales a los originales, y los autores sabían bastante del edificio porque era muy reciente (cerca de 60 años antes). La puerta de Nara, en cambio, dejó de existir hace más de mil años, aunque quedaron algunos restos.
5. Cuando las pruebas no coinciden: las columnas del castillo de Shuri
Hay casos en los que existen pruebas, pero se contradicen. El castillo de Shuri, en Okinawa (el archipiélago del sur de Japón), tuvo su edificio principal reconstruido en 1992 y se quemó en un incendio el 31 de octubre de 2019. Al prepararse la nueva reconstrucción, hubo una discusión sobre cómo estaban orientados dos dragones de piedra tallados en la escalinata, las «grandes columnas de dragón»: ¿mirándose entre sí o de frente?
Un documento de 1768 y otro de 1846 los dibujan mirándose entre sí; una fotografía de la marina francesa de 1877 los muestra de frente. El comité técnico del Estado decidió el 1 de diciembre de 2021, de forma provisional, que se miraran entre sí. Su presidente dijo que pesó que los mismos documentos eran la base de todo el edificio, por dentro y por fuera. El comité supone que la orientación cambió entre 1846 y 1877, pero reconoce que no hay una prueba clara de ese cambio. Un experto crítico opina que, ante una fotografía y fragmentos reales del objeto, se debería elegir la orientación de frente [4]. La discusión sigue abierta, y por eso cualquier información sobre ella debe comprobarse con fuentes recientes.
Lo importante no es quién tiene razón, sino ver cómo trabaja la reconstrucción: ante pruebas distintas hay que elegir, y la elección se puede discutir.
6. Qué dicen las normas internacionales sobre reconstruir
Con todo esto, ¿es buena idea reconstruir? Los expertos no opinan igual. La Carta de Venecia (1964), un texto internacional sobre conservación, dice que la restauración «debe detenerse allí donde comienza la hipótesis» y que lo que sea imprescindible añadir debe distinguirse y llevar la marca de nuestro tiempo. Sobre las ruinas, dice que se debe rechazar desde el principio cualquier reconstrucción, y que solo se permite la anastilosis, es decir, volver a juntar partes que existen pero están desmontadas (traducción nuestra de la versión en inglés) [5]. Bajo esa regla estricta, hacer de nuevo una puerta entera como la de Nara no encajaría. Japón tiene además sus propios criterios para estas decisiones, que este artículo no compara. El punto es que «reconstruir» no tiene una única respuesta aceptada en todo el mundo.
7. Cómo leer el cartel de un edificio reconstruido
La próxima vez que veas un edificio reconstruido, busca el cartel o la web oficial y pregúntate: ¿qué parte se apoya en restos hallados, en planos, en fotos o en edificios parecidos? Si el cartel no lo dice, puedes preguntar a quien gestiona el sitio. Y si te interesa seguir, compara el caso de Nara con el del Pabellón de Barcelona: ¿cuál te parece más seguro, y por qué?