La carpa común prefiere las aguas lentas y los fondos de limo
La ficha técnica del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras describe a la carpa como un pez omnívoro que prefiere las aguas lentas o estancadas, de fondo limoso, y temperaturas de entre 14 y 35 °C. También dice que es capaz de vivir en muchos tipos de agua y que aguanta bien la falta de oxígeno [1]. En España se encuentra en embalses, lagos y tramos medios y bajos de los ríos [1].
Una ficha de la prefectura japonesa de Shimane coincide desde el otro extremo de Eurasia: la carpa vive en el curso medio y bajo de los ríos y en lagos, sobre fondos de arena y barro [2]. Dos instituciones muy lejanas describen, pues, el mismo tipo de lugar: agua que casi no corre y un fondo blando donde buscar comida.
Con el agua muy fría, la carpa se queda casi inmóvil junto al fondo
La misma ficha de Shimane añade un detalle sobre el frío: cuando el agua baja de 8 °C, la carpa deja de moverse y queda quieta cerca del fondo [2]. Ese número viene de una sola ficha regional. Sirve como pista, no como una ley que valga para todos los lagos del mundo.
Entonces, ¿pasa todo el invierno en el mismo sitio donde vivió en verano? Para saberlo hay que mirar un lugar donde la carpa se ha estudiado con mucho cuidado.
En el lago Biwa, solo se puede ver a la carpa nativa durante la cría de primavera
El lago Biwa es el mayor lago de Japón, y allí un equipo del Instituto Nacional de Estudios Ambientales (NIES) estudia a la carpa nativa. Su resumen es sorprendentemente sincero: los investigadores solo pueden observar directamente a estas carpas en primavera, cuando entran a los cañaverales de la orilla y a los canales para poner huevos [3].
Del verano, el otoño y el invierno solo hay suposiciones, basadas en dónde y cuándo caen en las redes de los pescadores. Casi no hay casos en que alguien haya visto directamente esa parte de su vida. El propio instituto lo resume así: todavía no se sabe con certeza algo tan básico como dónde y cómo viven estas carpas fuera de la época de cría [3].
El cuerpo de la carpa nativa del lago Biwa sugiere una vida entre aguas hondas y someras
Si no se puede ver cómo vive, se puede mirar cómo es. Al comparar carpas del lago Biwa con distinto grado de mezcla con carpas llegadas del continente, los investigadores vieron que las más puras tienen el intestino más corto y una válvula gruesa en el conducto que une la vejiga natatoria con el esófago [3]. (La vejiga natatoria es la bolsa de aire que ayuda a un pez a flotar a la profundidad que quiere.)
El equipo razona así. En los peces, un intestino más largo suele ir con una dieta más vegetal, de modo que uno corto sugiere una dieta con más animales, como peces pequeños o camarones. Y proponen que esa válvula gruesa podría evitar que se escape aire de la vejiga cuando el pez baja de golpe a aguas profundas, donde la presión es mayor, y ayudaría a recuperar la flotabilidad al subir de nuevo [3]. De ahí imaginan una carpa que sube y baja con rapidez entre aguas someras y profundas para cazar.
Esto es una hipótesis, no una observación. Por eso el equipo está probándola con cámaras de vídeo y registradores de profundidad sujetos a los animales [3].
En el lago Biwa, una carpa casi pura de linaje japonés vive en las aguas profundas
Hay una razón por la que el equipo del lago Biwa se esfuerza tanto en distinguir a las carpas nativas. Desde la era Meiji (1868-1912) se soltaron en Japón carpas criadas por las personas, de cuerpo alto, mientras que las salvajes tienen el cuerpo más alargado. Durante mucho tiempo casi nadie se preguntó de dónde procedían esas carpas de cuerpo alto, tan frecuentes [4].
El análisis de ADN lo cambió. Los investigadores reunieron 166 carpas de 11 lugares de Japón y, según su análisis, 97, es decir, más de la mitad, descendían de carpas del continente asiático. Aquel muestreo, en lagos y otras aguas naturales, no es un censo de todo el país [4]. En la mayoría de los lagos japoneses las carpas nativas y las llegadas del continente se han cruzado. La excepción es la zona profunda del lago Biwa, entre 20 y 100 metros, donde todavía vive una población casi pura de carpa japonesa, de cuerpo más alargado [4]. Un proyecto de investigación financiado por el gobierno japonés llega a la misma conclusión: por debajo de unos 20 metros quedan carpas del linaje salvaje relativamente puras [5].
La ficha de Shimane confirma el problema desde otro ángulo: las carpas salvajes y las criadas se han mezclado tanto que hoy es difícil distinguirlas [2]. Esta carpa nativa del lago Biwa figura, según el NIES, en la Lista Roja del Ministerio de Medio Ambiente de Japón como «población local con riesgo de extinción» [3].
La misma especie es una invitada en España y una vecina antigua en Japón
En España la historia es la contraria. La carpa procede de las cuencas del mar Negro, el Caspio y el Aral. Se cree que los romanos la llevaron a gran parte de Europa y que llegó a España en los siglos XVI y XVII, bajo los Habsburgo [1]. La ficha técnica, apoyándose en otras fuentes, la sitúa hoy en más de ochenta países y entre los peces más introducidos del mundo [1]. Al remover el sedimento y arrancar plantas, enturbia el agua y perjudica a la fauna nativa, y por eso figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras [1].
En Japón, en cambio, la carpa nativa y sus parientes soltados por las personas conviven y se mezclan. Hay un debate de fondo sobre si las carpas japonesas son nativas. Según el NIES, algunos científicos occidentales pensaban que todas llegaron del continente. Los japoneses señalaban que se han hallado dientes de garganta de carpa, idénticos a los actuales, en concheros de la cultura Jōmon (un yacimiento de restos de comida de hace miles de años) y en capas geológicas del antiguo lago Biwa. Las pruebas de ADN confirmaron más tarde que existe un linaje antiguo propio de Japón [4].
Cómo observar carpas desde la orilla, sin molestarlas y sin soltar peces
Si hay un estanque, un río lento o un lago cerca de ti, puedes ir con una persona adulta a mirar. No te metas en el agua y mantente alejado del borde. Apunta si las carpas están cerca de la superficie, del fondo o de la orilla, junto con la fecha, la hora y el tiempo que hace. Si repites la visita varias veces, comprobarás con tus propios datos si cambian de sitio según el día o la temperatura.
Y recuerda una regla importante: nunca sueltes peces ni otros animales en un río o un lago. La ficha española explica que eliminar una especie introducida es difícil y caro, y que lo mejor es la prevención [1].