Una voz aguda que se pierde: el problema de las iglesias donde las mujeres no cantaban
En muchos coros de iglesia de Europa, en siglos pasados, solo cantaban varones. Las partes más agudas, las que hoy cantarían sopranos y contraltos, las cantaban niños. Y ahí estaba el problema: cuando un niño llega a la adolescencia, su laringe crece, las cuerdas vocales se alargan y la voz baja más o menos una octava [5]. Justo cuando un chico había aprendido a cantar bien, perdía la voz que el coro necesitaba.
La solución más extrema fue dolorosa y cruel, y hoy nos parece inaceptable: a algunos niños se les hacía, en la infancia, una operación para que su voz no cambiara. Se les llamó castrati (en singular, castrato). Ya aparecen en registros de iglesias italianas hacia la década de 1550 [5]. Aquí no vamos a entrar en detalles de esa operación; lo que nos interesa es qué se buscaba con ella y cómo terminó.
El resultado era, según las descripciones de la época, un sonido distinto al de una mujer y al de un niño: una voz aguda pero con la fuerza pulmonar de un adulto, capaz de cantar con mucha agilidad [2].
Del coro de la iglesia a la ópera: cómo se hicieron famosos los cantantes de voz aguda
La fama de estos cantantes no se quedó en las iglesias. A comienzos del siglo XVII, estos cantantes ya hacían papeles masculinos y femeninos en las primeras óperas, y hacia finales de ese siglo eran las estrellas del género, con los papeles de héroe que más tarde pasaron al tenor [2]. Compositores como Händel, Gluck o Mozart escribieron música para ellos [2].
Según la fuente, la operación estaba oficialmente prohibida (sin precisar por quién), pero se toleraba en la práctica. Un historiador inglés del siglo XVIII, Charles Burney, contó que fue de ciudad en ciudad italiana buscando dónde se hacía, y que todos le decían que en otro sitio [2]. A finales del siglo XVIII, por razones morales y también por cambios de gusto, esta práctica fue perdiendo popularidad [2].
Farinelli: el cantante más famoso que acabó en la corte de España
El más célebre de todos fue Carlo Broschi, conocido como Farinelli (1705–1782). Triunfó en Londres, y llegó a Madrid el 7 de agosto de 1737. El rey Felipe V y su esposa, Isabel de Farnesio, quedaron tan impresionados con su voz que le invitaron a quedarse a su servicio en condiciones muy ventajosas [4]. Farinelli aceptó y dejó los escenarios; se quedó muchos años en la corte española [7].
De su fama nacieron leyendas, como la de que ganó un duelo de notas largas a un trompetista. Esa historia no se puede comprobar con las fuentes, y los datos sobre su registro tampoco coinciden: su rango se da como aproximadamente de fa3 a re6 en una fuente enciclopédica [7], y otros autores lo estiman más amplio. Por eso aquí no damos un número cerrado.
1903: la norma del papa que devolvió las voces agudas a los niños
El 22 de noviembre de 1903, el papa Pío X publicó un documento sobre música sagrada, Tra le sollecitudini [3]. Según la reseña periodística que consultamos, ordenaba que las voces agudas volvieran a ser cantadas por niños, "según el uso antiquísimo de la Iglesia" [1]. Hacia 1903 estos cantantes ya habían desaparecido de los coros de la iglesia [2]. Ya en 1878, el papa León XIII había prohibido contratar a otros nuevos [2].
La grabación de 1902 se hizo, por tanto, un año antes de esa norma, cuando ya quedaban muy pocos cantantes de este tipo.
Alessandro Moreschi: ¿qué podemos oír hoy de aquella voz?
Los técnicos eran Fred Gaisberg y W. Sinkler Darby, de la Gramophone Company de Londres, y volvieron en 1904 para grabar más [1]. De todo lo registrado, la voz solista de Alessandro Moreschi (1858–1922) es casi lo único que tenemos de este tipo de cantante. Moreschi se retiró del coro de la Capilla Sixtina en 1913 [1]. Una nota de prensa española habla de 17 piezas grabadas en el Vaticano [1].
Pero hay que oírlas con cuidado. La técnica era muy primitiva y llena de ruido, y alguien que lo escuchó en persona dijo que para entonces ya había perdido parte de su registro y que el aparato no recogía bien su sonido [2]. No sirven para saber cómo cantaban los grandes artistas del siglo XVIII. Los especialistas están divididos: unos ven en ellas un tesoro histórico, otros una curiosidad [1].
Hoy: los contratenores cantan los papeles escritos para voces agudas
La música escrita para estos cantantes sigue viva. Hoy muchos de esos papeles los cantan los contratenores, hombres que suelen cantar en el registro agudo, a menudo con voz de falsete [6]. En la segunda mitad del siglo XX hubo un gran interés por esta voz, impulsado por pioneros como Alfred Deller y por la necesidad de cantantes para la ópera barroca [6].
Pero no suenan igual. Según una fuente de música antigua, la voz de aquellos cantantes era diferente del falsete de un contratenor: su voz natural era aguda, como la de una mujer, y hablaban con un tono agudo, algo que no pasa con los falsetistas [2]. Una misma partitura, dos formas de cantarla.
Para seguir investigando: cómo comparar una voz antigua con una moderna
Si quieres explorar por tu cuenta, busca en una plataforma de música una grabación de Moreschi y, después, un aria de Händel cantada por un contratenor. Escucha las dos con atención y apunta qué las diferencia: la fuerza, el ruido de fondo, el temblor de la voz. Pregúntate qué te dicen sobre la voz original y qué no pueden decirte. Recuerda que una grabación de 1902 solo nos muestra a un cantante, ya mayor, con los medios de entonces.
Y si algo de lo que has leído te deja preguntas, anótalas: la historia de esta voz incluye decisiones que hoy nos parecen injustas con los niños, y entender cómo se llegó a ellas es parte de aprender historia.