1. A quién cuenta un censo: a las personas que viven habitualmente en un lugar
«Contar a todos» no significa anotar a quien pasa por la calle ese día. El censo mexicano de 2020 define sus objetos de estudio como las viviendas y los residentes habituales del país, y fija un momento de referencia, el 15 de marzo de 2020, aunque las visitas se hicieron entre el 2 y el 27 de ese mes [1]. Es decir, cada persona debe contarse una vez, en el lugar donde vive de forma habitual, sin importar el día exacto en que la encuentren.
El censo español de 2021 usa la misma idea con otra fecha: cuenta a los habitantes que residen en un territorio el 1 de enero de 2021 [4]. Ese cuidado importa porque, si alguien aparece en dos listas, se cuenta doble, y si no aparece en ninguna, se pierde. La pregunta que sigue es práctica: ¿cómo se llega a todas las viviendas?
2. Cómo hizo México el censo de 2020: tocar a la puerta de cada vivienda
El INEGI es el instituto de estadística de México. Para el censo de 2020 informó que 151 mil entrevistadores, identificados con chaleco, sombrero y credencial con fotografía y holograma, visitarían alrededor de 45 millones de viviendas en cuatro semanas, para aplicar un cuestionario básico de 38 preguntas [2]. Por primera vez el cuestionario se llenó en dispositivos de cómputo móvil [2]; según el balance posterior, además de ese medio principal se aceptaron respuestas por internet y por teléfono como métodos complementarios [3]. La entrevista duró en promedio unos 12 minutos [1].
Quien responde es la «persona informante adecuada»: la jefa o el jefe de la vivienda, o una persona residente de 18 años o más que conozca los datos de quienes viven allí [1]. No hace falta que estén todos: basta una persona que pueda hablar por la casa. El resultado fue una cifra de 126 014 024 habitantes en México, y en el operativo trabajaron poco más de 200 mil personas [3].
Entonces, ¿qué pasa cuando el entrevistador llega y no hay nadie?
3. Qué pasa cuando nadie abre la puerta: varias visitas y una distinción entre casas vacías y casas con gente
La primera respuesta del INEGI es insistir: el diseño del censo pedía al menos tres visitas a cada vivienda, en distinto horario o día, para conseguir la entrevista [1]. Es una medida sencilla que aumenta las posibilidades de encontrar a alguien en casa, aunque no las asegura.
La segunda respuesta es distinguir qué tipo de vivienda se está viendo. En la presentación de resultados, el INEGI llama deshabitada a la vivienda totalmente construida y disponible, pero sin residentes habituales en ese momento, que no es de uso temporal ni funciona como local de actividad económica; las de uso temporal son las destinadas a vacaciones o a vivir solo algunos días [1]. Según la tabla de resultados, alrededor del 84.6 % de las viviendas visitadas estaban habitadas y el 15.4 % eran deshabitadas o de uso temporal. Entre las habitadas, el 94.2 % tuvo entrevista y el 5.8 % quedó sin ella [1].
Esas cifras muestran el tamaño del problema: tras varias visitas, la gran mayoría de las viviendas con gente sí se logró entrevistar, pero una pequeña parte no. Las fuentes que pudimos leer no explican con detalle cómo se trata ese 5.8 % en los totales, así que no lo afirmamos. Lo que sí vemos es que el método mexicano depende de encontrar a alguien en casa. Un país puede decidir, en cambio, no preguntar casa por casa.
4. Cómo se protege lo que cada persona cuenta en el censo
Pedirle a alguien datos sobre su casa solo funciona si confía en que no se usarán en su contra. El INEGI explicó que la información se captaría cifrada en los dispositivos y que, por ley, la confidencialidad de los datos está protegida; los datos se presentan agregados y no se puede identificar por nombre a ninguna persona informante [2].
También cuidó la confianza en la puerta: se pidió verificar la identidad del entrevistador con su número de folio, llamando a un número gratuito o en el sitio del censo [2]. Así, quien abre puede comprobar si la persona que llama trabaja para el instituto.
En España, el INE aplica la misma lógica de otra manera: como el censo de 2021 se arma con registros administrativos, las personas no tienen que contestar un cuestionario, y el INE trabaja con ficheros de datos individuales y publica los resultados en tablas [4]. ¿Cómo se cuenta entonces a la gente sin llamar a su puerta?
5. Cómo contó España en 2021: casi sin cuestionarios, cruzando registros
El punto de partida es el padrón municipal, el registro de habitantes que mantiene cada ayuntamiento. Según la metodología del INE, el censo de 2021 toma el padrón como esqueleto y le enlaza muchos otros registros administrativos para construir, para cada persona, información parecida a la de un cuestionario; solo se completa con encuestas que ya existían. Además, cuenta a cada persona en el lugar donde está empadronada, salvo casos muy particulares [4].
Este camino tiene antecedentes. En 2011, España ya había dejado de enviar cuestionarios a todas las viviendas: lo hizo solo a una muestra cercana al 10 %, que recogió datos de algo más de 4 millones de personas, y construyó un «fichero censal» de casi 47 millones de individuos con registros [4]. El problema era una duda: menos del 3 % de las personas inscritas no tenía ninguna otra prueba de residir en España en los registros. Para ellas, el INE no las contó ni todas ni ninguna, sino con un «factor de recuento» que puede entenderse como la probabilidad de que vivan en el país; el promedio fue de 0.424, de modo que 1 046 000 casos dudosos se contaron como unas 444 000 personas [4].
Así, el censo español de 2011 publicó 46 815 916 habitantes a 1 de noviembre de 2011, una cifra que no salió de contar cuestionarios ni era el número del padrón [4]. Y esa solución tiene un costo que el propio INE reconoce: como el recuento deja de ser un número entero, muchas tablas no suman exactamente [4]. Ahora podemos comparar los dos caminos.
6. Dos formas de contar a todos: preguntar a cada hogar o confiar en los registros
Los dos países buscan lo mismo, contar una vez a cada residente habitual, pero eligen herramientas distintas. Llamar a la puerta, como en México, permite preguntar cosas que ningún registro tiene, pero exige miles de entrevistadores, varias visitas y que haya alguien en casa para responder. Cruzar registros, como en España en 2021, evita molestar a cada hogar y depende de que las listas existan y estén al día; cuando hay dudas, hay que contar con probabilidades, como en 2011.
Ninguno de los dos caminos garantiza un recuento perfecto; los dos son maneras de acercarse a «todos» y de explicar con honestidad dónde queda la duda.
7. Cómo comprobar tú mismo qué cuenta un censo
Piensa en tu casa: ¿a quién contarías como residente habitual de tu casa? ¿Y una persona que estudia lejos o trabaja en otra ciudad una temporada? Cada instituto fija sus reglas en los documentos del censo, así que lo mejor es leer la definición oficial de «residente habitual» antes de opinar. Si quieres ver los resultados de tu región, el INE tiene tablas de consulta del censo de 2021 [5], y el INEGI publica la presentación de resultados de 2020 [1]. Y si algún día un entrevistador llama a tu puerta, puedes verificar su folio antes de abrir.