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¿Cómo puede la lengua del camaleón moverse más rápido de lo que podría hacerlo un músculo?

Categoría: Seres vivos

Un camaleón de unos cinco centímetros ve un grillo, abre la boca y la lengua puede atraparlo en unos 20 milisegundos (una cincuentava parte de segundo) desde que sale. Un investigador comparó la aceleración de esa lengua con la de un automóvil que pasara de cero a 60 millas por hora (unos 97 km/h) en una centésima de segundo[2].

¿Cómo puede una lengua moverse así si ningún músculo puede producir tanta potencia? La respuesta corta: el músculo no dispara la lengua, solo la prepara. Lo que la lanza es un mecanismo elástico, y funciona mejor cuanto más pequeño es el camaleón.

Lo que se mide en la lengua es la aceleración, no la velocidad máxima

En 2016, el biólogo Christopher Anderson publicó un estudio con grabaciones de alta velocidad de 20 especies de camaleones mientras comían: 279 lanzamientos de lengua de 55 animales. Los más pequeños medían unos 4 cm y los más grandes casi 20 cm, sin contar la cola[1].

La marca más alta fue la de un Rhampholeon spinosus de 47 mm: su lengua llegó a acelerar a 2.590 m/s², unas 264 veces la gravedad[1]. De ahí sale la comparación con el automóvil: a esa aceleración, si esa aceleración se mantuviera durante una centésima de segundo, se alcanzarían unos 26 m/s, casi 93 km/h (cálculo propio, aproximado y no medido), que es más o menos lo que dice la nota de prensa de la Universidad Brown[2].

Hay que tener en cuenta un detalle de la comparación: la lengua no va a 97 km/h. La velocidad máxima medida en las 20 especies estuvo entre 2,9 y 5,4 m/s, es decir, entre unos 10 y casi 20 km/h[1]. Lo asombroso es lo rápido que arranca. La lengua llegó, de media, a una vez y media la longitud del cuerpo, y a dos veces y media en el campeón pequeño[1].

Un músculo no puede dar ese golpe: la lengua sale de un mecanismo elástico

La potencia de la lengua de ese camaleón pequeño llegó a 14.040 vatios por kilo de músculo. Como referencia, el estudio cita un cálculo de 1.121 W/kg para el músculo de un ave pequeña (una codorniz) en un despegue vertical, y señala que ya una estimación anterior para camaleones, de 3.185 W/kg, lo superaba casi tres veces[1]. Con la cifra nueva, la diferencia es de unas doce veces (según mi cálculo). Un músculo, por sí solo, no explica eso.

Lo que sí lo explica es un truco que usan otros animales: primero se guarda energía en un material elástico y después se suelta de golpe. En los camaleones, la contracción de un músculo estira el tejido elástico de la lengua. Cuando se libera, la lengua sale despedida desde el hueso hioides y sigue después sobre todo por su propio impulso[1][4]. El músculo trabaja con calma, pero la liberación es más rápida de lo que un músculo podría hacer directamente.

Piensa en un arco. Tensar la cuerda lleva su tiempo y cuesta esfuerzo, pero la flecha sale en un instante. La comparación es solo una imagen para entenderlo: las fuentes que consulté no describen en la lengua una pieza equivalente a la cuerda del arco.

Los camaleones más pequeños aceleran la lengua mucho más que los grandes

Uno esperaría que el animal más grande tuviera la lengua más potente. Pasa lo contrario. El camaleón de Oustalet (Furcifer oustaleti), el mayor de la muestra con 198 mm, alcanzó entre 286 y 453 m/s² y entre 1.410 y 2.980 W/kg: menos del 18 % de la aceleración del campeón pequeño[1][2]. Y en proporción a su cuerpo, los pequeños lanzan la lengua más lejos[1].

El estudio ofrece dos razones. Una es geométrica: un animal pequeño necesita mucha más aceleración para recorrer una distancia corta en poco tiempo. La otra es anatómica: el autor propone que el aparato de la lengua ocupa una parte proporcionalmente mayor del cuerpo cuanto más pequeño es el camaleón[1]. Anderson lo describe como el mismo «aparato de lanzamiento tipo catapulta» en todas las especies[2]. Son explicaciones del autor a partir de sus medidas, no el resultado de un experimento que haya cambiado una sola cosa a la vez.

Eso no significa que los grandes sean lentos o torpes: también cazan con la lengua. Solo que, para su tamaño, no alcanzan los extremos de los pequeños.

Con frío, la lengua sale casi igual de rápido, pero tarda más en volver

Los camaleones no mantienen su temperatura por sí mismos: cuando hace frío, sus músculos se vuelven más lentos. Aquí el mecanismo elástico tiene otra ventaja. En camaleones velados (Chamaeleo calyptratus) que comían grillos, la velocidad y la potencia del lanzamiento bajaron solo un 10–19 % por cada 10 °C menos, mientras que la retracción de la lengua, hecha por músculos, bajó entre un 42 % y un 63 %[3]. Los autores interpretan que el disparo, que usa energía elástica, casi no depende de lo rápido que se contraiga el músculo con esa temperatura[3][4].

Qué queda sin saber sobre la lengua del camaleón

Las fuentes que leí explican que la lengua sale por retroceso elástico y por qué eso permite tanta aceleración, pero no detallan qué piezas guardan esa energía ni si existe algún seguro que la retenga hasta el disparo, como en otros animales. Tampoco hay un experimento que pruebe que el tamaño del aparato explique la ventaja de las especies pequeñas. Son buenas preguntas para quien quiera leer el artículo original.

Con una rana de papel puedes sentir cómo se guarda la energía y se suelta de golpe

Dobla una rana saltarina de papel (hay muchos tutoriales de origami) y apoya un dedo sobre su lomo. Presiona despacio: las dobleces se comprimen y almacenan energía. Al soltar el dedo, la rana salta de golpe. Compara lo despacio que cedió el papel con lo rápido que saltó la rana. No es el mismo mecanismo que el de la lengua, pero sirve para sentir la idea de guardar despacio y soltar rápido. Hazlo sobre una mesa, lejos de la cara de otras personas.

Si quieres ir más lejos, busca un video de un camaleón cazando en cámara lenta y fíjate en cuánto dura el disparo comparado con lo que tarda la lengua en volver.

Fuentes consultadas

Todas las fuentes están en inglés. Las páginas se leyeron con una herramienta que devuelve pasajes del texto. Las cifras se anotaron de esos pasajes; el cálculo «unas doce veces» (14.040 entre 1.121) y las conversiones a km/h son mías. El artículo de 2010 se comprobó en su versión de acceso abierto; no se pudo abrir la página de la revista.

  1. Anderson, C. V. (2016), «Off like a shot: scaling of ballistic tongue projection reveals extremely high performance in small chameleons», Scientific Reports 6, 18625. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4698635 (En inglés. Acceso abierto. Pasajes comprobados: 20 especies, 279 lanzamientos, 55 individuos, longitud de 40 a 198 mm, 2.590 m/s² y 14.040 W/kg en R. spinosus, velocidades de 2,91 a 5,41 m/s, distancia media de 1,5 veces la longitud del cuerpo y de 2,5 veces en R. spinosus, comparación con 1.121 W/kg, la especie mayor con menor rendimiento, razones de escala)
  2. Universidad Brown, nota de prensa, 4 de enero de 2016. https://www.brown.edu/news/2016-01-04/chameleon (En inglés. Divulgación del estudio de Anderson. Pasajes comprobados: comparación con un automóvil de 0 a 60 mph en una centésima de segundo, unos 20 milisegundos para atrapar un grillo, «aparato tipo catapulta», menos del 18 % en la especie mayor)
  3. Anderson, C. V. y Deban, S. M. (2010), «Ballistic tongue projection in chameleons maintains high performance at low temperature», Proceedings of the National Academy of Sciences 107(12), 5495–5499. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2851764/ (En inglés. Acceso abierto. Pasajes comprobados: descenso del 10–19 % por cada 10 °C en el lanzamiento y de 42–63 % en la retracción)
  4. NBC News, «Chameleons have weatherproof tongues», sobre el estudio de 2010. https://www.nbcnews.com/id/wbna35767647 (En inglés. Divulgación. Pasajes comprobados: camaleones velados con grillos, lengua como resorte, retroceso elástico del colágeno, caída de aproximadamente un 10 % por cada 10 °C)

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