1. Una vaca puede tener un número oficial y también un nombre para llamarla
Las reglas de identificación del ganado cambian según el país. En Argentina, por ejemplo, el Estado creó en 2006 un sistema nacional de identificación del ganado bovino, que empezó por los terneros nacidos ese año [3]. Ese número sirve a las autoridades y al ganadero para el control sanitario y los traslados.
El nombre es otra cosa: es la palabra con la que una persona llama a la vaca en el establo. No forma parte del número oficial de identificación, y por eso la pregunta tiene sentido. Si algunas granjas lo hacen y otras no, ¿se nota en la leche?
2. Qué hizo el estudio: preguntar a 516 responsables de granjas lecheras
Las investigadoras Catherine Douglas (que firmó el artículo como Bertenshaw) y Peter Rowlinson enviaron un cuestionario por correo a 516 responsables de granjas lecheras del Reino Unido. Les preguntaron cómo creían que las personas influyen en el comportamiento, el bienestar y la producción de las vacas [1][2].
Fue una encuesta, no un experimento: nadie cambió nada en las granjas. Solo se compararon las respuestas con la producción de leche de cada una. El trabajo se publicó en 2009 en la revista Anthrozoös, que estudia la relación entre personas y animales [1].
3. Qué encontraron: las vacas con nombre daban 258 litros más
Casi la mitad de los encuestados, el 46 %, dijo que en su granja se llamaba a las vacas por su nombre. Esas granjas tenían una producción de leche 258 litros mayor que las que no lo hacían [2]. El comunicado de la universidad lo presentó como casi 500 pintas al año (258 litros equivalen a unas 454 pintas británicas), pero la nota de prensa no aclara si los 258 litros son por vaca ni en qué periodo [2].
La encuesta recogió también cómo veían los granjeros a sus animales: el 90 % pensaba que las vacas tienen sentimientos y el 78 %, que son inteligentes. Solo el 21 % creía que las vacas tienen miedo de las personas [1]. Además, el 48 % atribuía el carácter tranquilo de una vaca a su contacto previo con personas [1].
Otro resultado fue más débil: en las novillas (vacas jóvenes que aún no han parido), la producción fue de 200 litros o más en los rebaños donde el responsable creía importante conocer a cada animal, pero el propio resumen la describe solo como una tendencia (p = 0,14), no un resultado firme [1].
4. Por qué no se puede decir que el nombre cause más leche
Que dos cosas aparezcan juntas no significa que una cause la otra. Hay al menos dos formas de leerlo:
- Llamar a cada vaca por su nombre lleva a prestarle más atención, y una vaca más tranquila produce más.
- Los granjeros que ya cuidan mucho a sus vacas, y las conocen una por una, son también los que les ponen nombre. Entonces el cuidado explicaría la leche, y el nombre sería solo una señal de ese cuidado.
Una encuesta no permite distinguir entre las dos. Tampoco descarta otras diferencias entre granjas, como su tamaño o la forma de alimentar al ganado. La propia investigadora lo resumió así: las vacas parecen estar más contentas y relajadas cuando reciben más atención individual [2]. Es una interpretación de la autora, y la encuesta, por sí sola, no la prueba.
5. Cómo comprobar tú mismo qué dice realmente el estudio
Un buen hábito con cualquier titular de ciencia es buscar el resumen del trabajo original. Aquí puedes hacerlo en pocos minutos: el resumen del artículo está en el repositorio de la Universidad de Newcastle (fuente 1). Fíjate en tres cosas: cuántas granjas participaron, si fue encuesta o experimento y cómo se midió la leche.
Si algún día tienes la oportunidad de visitar una granja, mira con calma desde donde te indiquen y no te acerques a las vacas ni las asustes. Pregunta a quien trabaje allí si sus vacas tienen nombre y cómo las reconocen. Con esa pregunta sencilla ya estás haciendo una pequeña investigación propia.