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¿Cómo se limpia la basura espacial que ya está en órbita?

Categoría: Espacio y astronomía

Cuando un satélite deja de funcionar, no se cae del cielo ni desaparece. Muchos se quedan dando vueltas a la Tierra durante años, junto con restos de cohetes y fragmentos de choques. A todo eso se le llama basura espacial. ¿Se puede limpiar?

La respuesta corta: sí, pero por ahora casi todo el esfuerzo está en no crear más basura. Retirar la que ya existe apenas empieza, y los expertos de la Agencia Espacial Europea (ESA) dicen que hará falta, porque la basura puede seguir creciendo aunque dejáramos de lanzar cohetes [1].

1. ¿Cuánta basura hay alrededor de la Tierra?

Según el informe anual de la ESA publicado en 2025 (con datos hasta finales de 2024), las redes de vigilancia espacial siguen la pista de unos 40.000 objetos en órbita. De ellos, solo unos 11.000 son satélites que funcionan; el resto incluye etapas de cohetes, satélites que ya no sirven y fragmentos [1].

Esa es la parte que se ve. Los modelos de la ESA estiman que hay más de 1,2 millones de fragmentos de más de 1 cm, tamaño suficiente para causar daños catastróficos, y más de 50.000 de más de 10 cm [1]. La mayoría es demasiado pequeña para que un radar la siga una por una.

¿Por qué importa tanto un fragmento pequeño? Por la velocidad. En la colisión de 2009 que veremos enseguida, los dos satélites chocaron a unos 11,7 km por segundo [2]. La ESA describe los fragmentos de más de 1 cm como lo bastante grandes para causar daños catastróficos [1].

2. ¿Por qué la basura espacial puede seguir aumentando aunque dejemos de lanzar cohetes?

Porque los choques y las explosiones crean más basura. En 1978, los científicos de la NASA Donald Kessler y Burton Cour-Palais publicaron un artículo en el que explicaban que, si cada vez hay más satélites en órbita, la probabilidad de choques crece, y cada choque suma fragmentos que a su vez aumentan la probabilidad de nuevos choques [5]. Hoy esta reacción en cadena se llama síndrome de Kessler.

La ESA lo resume así en su informe de 2025: incluso sin ningún lanzamiento nuevo, la cantidad de basura seguiría subiendo, porque las fragmentaciones añaden objetos más rápido de lo que la atmósfera los elimina al frenarlos [1]. Y advierte de que, para que esa cadena no deje inutilizables algunas órbitas, hará falta retirar basura de forma activa [1].

No es solo teoría. Dos episodios lo muestran:

  • Enero de 2007: China destruyó con un misil uno de sus satélites meteorológicos viejos, el Fengyun-1C. Según la ESA, esa sola prueba aumentó en un 25 % el número de objetos rastreables [2].
  • 10 de febrero de 2009: el satélite de comunicaciones estadounidense Iridium-33 y el satélite militar ruso Kosmos-2251, ya inactivo, chocaron sobre Siberia, a unos 776 km de altura. Fue la primera colisión accidental conocida entre dos satélites. Ambos quedaron destruidos y se generaron más de 2.300 fragmentos rastreables [2].

En 2024 hubo varias fragmentaciones más, que añadieron por lo menos 3.000 objetos rastreados en un solo año [1].

3. ¿Qué se hace para que los satélites nuevos no se queden como basura?

La primera medida es que cada satélite tenga previsto desde el diseño cómo «salir de escena» al terminar su trabajo. Hay dos caminos, según la altura de la órbita [3]:

  • Bajarlo hasta la atmósfera. Un satélite de órbita baja frena con los motores, desciende y, al entrar en la atmósfera, casi todo se quema por el rozamiento. Según la ESA, hoy vuelven a entrar en la atmósfera, de media, más de tres satélites o etapas completas de cohetes al día [1].
  • Subirlo a un lugar menos transitado. Si está tan alto que bajarlo costaría demasiado combustible, se le lleva a una altura segura donde no moleste a los satélites en servicio [3].

Además, se les vacía el combustible y se descargan las baterías antes de abandonarlos, para que no exploten con los años. Esa operación se llama pasivación [1][3].

Hay un cambio importante en el plazo. Durante años, la regla habitual fue dejar un satélite de órbita baja un máximo de 25 años antes de que cayera. La ESA redujo ese máximo a solo 5 años para sus misiones nuevas, y exige además que la retirada tenga una probabilidad de éxito superior al 90 % [3]. La razón es sencilla: cuanto menos tiempo pasa un objeto en órbita, menos posibilidades tiene de chocar y crear más fragmentos.

Aun así, el informe de 2025 reconoce que cumplir estas normas mejora poco a poco, sobre todo entre las empresas comerciales, pero no basta para detener el aumento [1].

4. ¿Cómo se puede retirar la basura que ya está arriba?

Un satélite abandonado no puede bajar solo ni cambiar de órbita. Hay que ir a buscarlo. Pero antes de agarrar algo que gira sin control, hay que aprender a acercarse sin chocar.

Ese fue el objetivo de ADRAS-J, un satélite de la empresa japonesa Astroscale. Fue la primera fase de un programa de la agencia espacial japonesa JAXA para demostrar la retirada comercial de desechos grandes [4]. La empresa lo describe como el primer intento del mundo de acercarse con seguridad a un trozo real de basura grande y estudiarlo de cerca. El satélite se acercó paso a paso a una etapa superior de cohete abandonada: desde cientos de kilómetros, luego a menos de 50 metros, y después dio vueltas alrededor para fotografiarla desde varios lados. En el último acercamiento llegó a unos 15 metros [4].

El resultado no fue capturar nada. Fue conseguir datos reales sobre cómo se comporta un objeto abandonado, para que la fase siguiente, la de agarrarlo y hacerlo caer, sea menos arriesgada [4]. Quedan preguntas que no son técnicas, como quién paga la retirada o quién autoriza tocar un objeto que pertenece a otro país. La página de la empresa no las trata, así que aquí solo las dejamos planteadas.

5. ¿Qué puedes mirar tú para seguir curioseando?

La basura no se ve a simple vista, pero el cielo sí se puede observar. En muchos lugares, la Estación Espacial Internacional pasa al anochecer o al amanecer como un punto brillante que cruza el cielo sin parpadear. Con una aplicación o una página que muestra cuándo pasan los satélites puedes saber a qué hora pasa por tu zona.

Y si quieres ir más allá, el informe anual de la ESA y las páginas de basura espacial de la agencia explican las cifras con gráficas y mucho más detalle, y están en la lista de fuentes.

Fuentes

Las cifras de objetos rastreados y fragmentos vienen del informe de la ESA de 2025. Las cifras del choque de 2009 vienen de la ESA y difieren un poco de otras fuentes (por ejemplo, la versión japonesa daba unos 790 km y más de 2.000 fragmentos): aquí se usa la ESA. Todas las páginas se leyeron en inglés mediante una herramienta que devuelve el texto de la página; la de Astroscale es una página de la propia empresa y no incluye fechas ni un resumen externo.

  1. Agencia Espacial Europea (ESA), «ESA Space Environment Report 2025». https://www.esa.int/Space_Safety/Space_Debris/ESA_Space_Environment_Report_2025 (Leída casi completa en su resumen: unos 40.000 objetos rastreados, 11.000 activos, más de 1,2 millones de fragmentos de más de 1 cm, síndrome de Kessler, más de tres reentradas al día, al menos 3.000 objetos añadidos en 2024.)
  2. ESA, «About space debris». https://www.esa.int/Space_Safety/Space_Debris/About_space_debris (Leída en texto extraído: prueba antisatélite de 2007 y colisión de 2009. Las cifras de esta página corresponden a su última actualización, no a la fecha de este artículo.)
  3. ESA, «Mitigating space debris generation». https://www.esa.int/Space_Safety/Space_Debris/Mitigating_space_debris_generation (Leída casi completa: enfoque «Zero Debris», de 25 a 5 años para las misiones nuevas de la ESA, más de 90 % de éxito en la retirada, pasivación.)
  4. Astroscale, «ADRAS-J Mission». https://www.astroscale.com/en/missions/adras-j (Leída completa. Es una fuente de la propia empresa: describe el objetivo y la cronología, con los acercamientos a 50, 20 y 15 metros.)
  5. D. J. Kessler y B. G. Cour-Palais, «Collision frequency of artificial satellites: The creation of a debris belt», Journal of Geophysical Research 83 (A6), 1978. https://ntrs.nasa.gov/citations/19780057167 (Solo se leyó el resumen, a través de índices de la base de datos; no se leyó el artículo completo.)