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¿Hay que sacar del fondo del océano unas piedras que tardan millones de años en crecer?

Categoría: Mar y pesca

En las llanuras más profundas del océano hay campos enteros de piedras oscuras, redondas, más o menos del tamaño de una papa. Se llaman nódulos polimetálicos y contienen metales muy buscados: cobre, níquel y cobalto, que se usan en cables y baterías. Crecen despacio: a unos 10 milímetros cada millón de años.

¿Hay que sacarlas? Hoy, la respuesta oficial es que todavía no: ninguna mina comercial está autorizada en el fondo marino internacional. Esta página sigue tres preguntas que explican por qué: cuánto tardan en formarse, quién vive sobre ellas y quién tiene que decidir.

1. Los nódulos del fondo marino crecen unos 10 milímetros cada millón de años

Un nódulo empieza alrededor de un pequeño núcleo: un trozo de roca volcánica, un diente de tiburón o un fragmento de otro nódulo. Poco a poco, metales disueltos en el agua del mar o en el agua entre los granos del sedimento se van pegando alrededor, capa sobre capa, como en una cebolla[1]. Los hay de menos de un milímetro hasta unos 20 centímetros; el tamaño más común es de 2 a 8 centímetros[1].

Se encuentran sobre todo en las llanuras abisales, a entre 3.000 y 6.000 metros de profundidad[2]. Según el artículo técnico que consulté, los que están sobre el fondo crecen unos 10 milímetros por millón de años; si están enterrados en el sedimento, entre 10 y 100 milímetros[2]. Son cifras aproximadas y varían según el lugar.

Una regla de 1 centímetro es, entonces, una buena imagen: ese es el crecimiento de un nódulo del fondo durante un millón de años. Por eso, si se sacan, nadie esperaría que el fondo los reponga: en la práctica, lo que se saca no vuelve.

Otro dato que explica el interés: la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos señala que los depósitos de interés económico están sobre todo entre 4.000 y 6.000 metros de profundidad, donde casi no se acumula sedimento[1].

2. Hay nódulos en el Pacífico entre Hawái y México, y también cerca de Japón

Los nódulos son más abundantes en una franja del Pacífico entre Hawái y la costa occidental de México, llamada zona Clarion-Clipperton, y también en el océano Índico central y en la cuenca de Perú[1]. La zona Clarion-Clipperton abarca unos 1,7 millones de millas cuadradas (alrededor de 4,4 millones de kilómetros cuadrados)[3].

Un ejemplo de otro tipo es el de Japón. Cerca de Minamitorishima, la isla más oriental del país, una fundación y la Universidad de Tokio anunciaron en 2024 que habían encontrado nódulos a entre 5.200 y 5.700 metros de profundidad, en unos 10.000 kilómetros cuadrados, con un promedio de 23 kilogramos por metro cuadrado. Estimaron unos 230 millones de toneladas de nódulos[4]. Es una estimación anunciada por los propios investigadores, no una reserva confirmada que ya se pueda extraer. Japón puede estudiar esa zona porque está dentro de su zona económica exclusiva: la franja de mar, de hasta 200 millas náuticas desde la costa, donde un país decide sobre la pesca y los recursos naturales.

Esa diferencia importa. En su zona económica exclusiva, un país tiene derechos sobre la pesca y otros recursos naturales, dentro de las reglas del derecho internacional. Pero la mayor parte del fondo marino no pertenece a ningún país, y ahí las reglas las tiene que fijar la comunidad internacional. Antes de ver quién las fija, conviene preguntar qué se pone en juego.

3. Sobre los nódulos viven animales, y muchos todavía no tienen nombre científico

En un fondo de barro, la piedra es un lugar raro. Un estudio con fotos tomadas por un vehículo submarino autónomo en la zona Clarion-Clipperton, a unos 4.000 metros, comparó zonas con distinta cantidad de nódulos (entre el 1 % y el 20 % del suelo cubierto). La cantidad de animales y de unos organismos unicelulares gigantes llamados xenofióforos se duplicó cuando la cubierta de nódulos pasó de solo el 1 % al 3 %[5]. Los autores explican que la piedra ofrece un suelo duro, distinto del sedimento blando, y que esa mezcla sostiene fauna diferente[5].

Además, una revisión de los estudios ambientales de la zona concluyó que se habían encontrado más de 5.000 especies de animales, y que la mayoría no se conocía antes[3]. Es una cifra impresionante para un lugar que parece un desierto oscuro, y ayuda a entender por qué algunos científicos piden estudiar más antes de empezar a extraer.

Cuidado con una conclusión apresurada: esos estudios se hicieron en esa zona del Pacífico, no en todos los fondos con nódulos, y no dicen cuánto daño causaría una mina concreta. Dicen que hay mucho que proteger y mucho que aún no sabemos.

4. Un estudio de 2024 sugirió que los nódulos podrían producir oxígeno sin luz

Otra razón para estudiar antes de extraer es una sorpresa reciente. En julio de 2024, un equipo dirigido por Andrew Sweetman publicó en la revista Nature Geoscience un artículo titulado «Evidence of dark oxygen production at the abyssal seafloor» («Evidencia de producción de oxígeno oscuro en el fondo abisal»)[6]. El título habla de producción de oxígeno en el fondo abisal, donde no llega la luz del sol.

Yo solo pude leer la ficha del artículo, con título, autores, revista y fecha, no su texto completo. Por eso no cuento aquí cómo lo midieron ni qué explicación proponen, y tampoco puedo decir si otros científicos lo han confirmado. Es un buen punto de partida si quieres buscar el artículo y leerlo tú.

5. Una organización internacional prepara las reglas, y todavía no están terminadas

La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés) se creó en 1994 en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. En sus preguntas y respuestas para la prensa indica que tiene 172 miembros: 171 países y la Unión Europea. Organiza y controla las actividades con minerales en el fondo marino fuera de la jurisdicción de cualquier país, una zona llamada «la Zona» que según la ISA abarca cerca del 54 % de los océanos del mundo, unos 260 millones de km² de fondo marino[7].

Su principio central es que los minerales de la Zona son «patrimonio común de la humanidad»: pertenecen a todas las personas y deben gestionarse en beneficio de las generaciones actuales y futuras. La misma fuente dice que hoy no hay explotación comercial; lo que ocurre son actividades de exploración, que la ISA regula y supervisa[7].

Para permitir la explotación hacen falta reglas, el llamado «código minero». Según la ISA, el 19 de marzo de 2026 terminó la primera parte de la 31.ª sesión de su Consejo. Se discutieron 29 de las 32 cuestiones pendientes, y se acordó en principio crear un Comité de Cumplimiento y un mecanismo de compensación[8]. Es decir: las reglas avanzan, pero a esa fecha no estaban cerradas. Las novedades posteriores a marzo de 2026 no las pude comprobar para esta página.

La respuesta a «¿quién decide?» tiene, por tanto, dos partes: en las aguas bajo jurisdicción de un país, decide ese país dentro de las reglas del derecho internacional; en el fondo internacional, las decisiones se toman en la ISA conforme a sus procedimientos, mientras sus miembros negocian reglas que aún no están cerradas.

6. Cómo medir un millón de años con una regla y buscar la zona en un mapa

Mide 1 centímetro con una regla y dibuja la línea en un papel. Es, aproximadamente, lo que crece un nódulo del fondo en un millón de años[2]. Piensa cuánto tarda en reponerse algo que se saca en una sola tarde.

Después busca en un globo terráqueo o en un mapa del Pacífico la zona entre Hawái y México. ¿Qué tan lejos queda de cualquier costa? Esa distancia te ayuda a imaginar por qué las reglas de ahí no pueden depender de un solo país.

Si quieres leer más, las páginas de la ISA están en las fuentes de abajo, en inglés, y puedes pedir a un adulto que te ayude a traducir los apartados de preguntas y respuestas.

Fuentes

  1. Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), «Minerals: Polymetallic Nodules». https://www.isa.org.jm/exploration-contracts/polymetallic-nodules/ (En inglés. Organismo oficial. Leí la parte inicial que entrega la herramienta de lectura, no la página completa. De aquí salen el núcleo del nódulo, el tamaño de 2 a 8 cm, hasta unos 20 cm, y la profundidad de 4.000 a 6.000 m de los depósitos de interés económico.)
  2. Ronny Setså, «The potato fields of the deep sea», GeoExPro. https://geoexpro.com/deep-sea-potato-fields/ (En inglés. Revista técnica del sector, no es una institución científica. Leí el texto que entrega la herramienta de lectura, truncado. De aquí salen los 3.000–6.000 m y las velocidades de 10 mm y 10–100 mm por millón de años. Esas cifras las uso como orden de magnitud, no como valores exactos.)
  3. Karen McVeigh, «Scientists identify over 5,000 new species at future deep-sea mining site», Bulletin of the Atomic Scientists (1 de junio de 2023; publicado antes en The Guardian). https://thebulletin.org/2023/06/scientists-identify-over-5000-new-species-at-future-deep-sea-mining-site/ (En inglés. Es un texto periodístico sobre una revisión científica; no pude abrir el artículo científico original. Leí solo el comienzo que entrega la herramienta. De aquí salen las más de 5.000 especies, que la mayoría eran nuevas para la ciencia, y la extensión de 1,7 millones de millas cuadradas; la conversión a kilómetros cuadrados es mía. No cito el porcentaje exacto de especies sin describir porque no lo pude comprobar en una fuente primaria.)
  4. nippon.com, «南鳥島周辺の海底に高密度レアメタル» (noticia sobre el anuncio de la Fundación Nippon y la Universidad de Tokio, junio de 2024). https://www.nippon.com/ja/news/l00332/ (En japonés. Leí el texto completo de la noticia, que es corta. De aquí salen los 10.000 km², los 5.200–5.700 m, los 23 kg/m² y los 230 millones de toneladas estimadas. Es un medio de prensa que informa de un anuncio; no leí el comunicado original.)
  5. Simon-Lledó et al. (2019), «Ecology of a polymetallic nodule occurrence gradient: Implications for deep-sea mining», Limnology and Oceanography 64(5). https://eprints.soton.ac.uk/429337/ (En inglés. Artículo científico revisado por pares, repositorio de la Universidad de Southampton. Leí solo el resumen. De aquí salen el rango de 1 % a 20 % de cubierta, que la cantidad de fauna se duplicó de 1 % a 3 % y la idea de sustrato duro frente a sedimento.)
  6. Sweetman et al. (2024), «Evidence of dark oxygen production at the abyssal seafloor», Nature Geoscience. https://pure.uhi.ac.uk/en/publications/evidence-of-dark-oxygen-production-at-the-abyssal-seafloor/ (En inglés. Solo leí la ficha del repositorio institucional: título, autores, revista y fecha del 22 de julio de 2024. No leí el resumen ni el texto completo, por eso la página no describe el mecanismo ni el debate posterior.)
  7. Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), «Q&A on the International Seabed Authority and Ocean Governance». https://isa.org.jm/faq-for-media/ (En inglés. Organismo oficial. Leí el inicio del documento, que es muy largo. De aquí salen la creación en 1994, los 172 miembros, el 54 % de los océanos, el patrimonio común de la humanidad y que no hay explotación comercial. La versión que leí puede haberse actualizado después.)
  8. Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), comunicado del 19 de marzo de 2026 sobre el Consejo y el código minero. https://isa.org.jm/news/the-council-of-the-international-seabed-authority-advanced-negotiations-on-the-mining-code/ (En inglés. Organismo oficial. Leí la primera parte del comunicado. De aquí salen las 29 de 32 cuestiones, el mecanismo de compensación y el Comité de Cumplimiento. Es la situación de marzo de 2026.)

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