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¿Cómo llega el plástico hasta el fondo del océano y qué le pasa allí abajo?

Categoría: Mar y pesca

En la fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, hay un lugar a 10.898 metros de profundidad. Allí se fotografió una bolsa de plástico. Es el objeto de plástico más profundo que figura en un archivo de imágenes del fondo marino reunido durante unos treinta años [1]. Es una profundidad mayor que la altura del Everest (8.849 metros).

Una bolsa es ligera y flota. ¿Cómo llegó tan abajo? En resumen: según los estudios que hemos leído, el plástico se hunde cuando se llena de vida y se vuelve más pesado, las corrientes del fondo hacen que se acumule en unos lugares más que en otros y algunos animales de las fosas ya lo tienen en el intestino. Los plásticos pensados para degradarse también se degradan allí, pero muy despacio. Vamos paso a paso.

1. Qué se encontró en el fondo y cómo se contó

Un equipo dirigido por Sanae Chiba revisó el archivo de vídeos y fotografías que la agencia japonesa de investigación marina JAMSTEC guarda desde 1983. Son imágenes tomadas por submarinos tripulados y robots submarinos. En 5.010 inmersiones se contaron 3.425 objetos fabricados por personas. Más del 33 % eran plásticos grandes, y el 89 % de estos eran productos de un solo uso, como las bolsas de plástico para hacer compras. Por debajo de los 6.000 metros, esos porcentajes subían al 52 % y al 92 % [1].

Conviene leer bien la cifra: el 33 % es la parte de plástico entre los residuos que aparecieron en las imágenes, no la proporción de plástico en todo el mar. Y los 10.898 metros son el récord de ese archivo, no una medición de todo el océano. Otros investigadores citan el mismo hallazgo como el plástico más profundo registrado hasta entonces [3]. Queda la pregunta principal: ¿cómo se hunde algo que flota?

2. Por qué el plástico que flotaba acaba hundiéndose

El plástico que flota en la superficie se cubre poco a poco de una película de microorganismos y algas. Los científicos llaman a esto biofouling (algo así como «incrustación biológica»). Cuando esa capa crece, el conjunto pesa más y puede empezar a bajar [2].

Un grupo de investigadores de los Países Bajos creó un modelo matemático de este proceso. Su predicción es que una partícula pequeña de plástico puede seguir tres caminos según su tamaño y su densidad: seguir flotando, hundirse hasta el fondo u oscilar hacia arriba y hacia abajo. Por eso podría haber menos partículas pequeñas en la superficie de lo que se esperaba, y algunas quizá nunca lleguen al fondo [2]. Es una simulación, no una medición directa. Aun así, ofrece una explicación razonable de cómo algo ligero termina en el fondo. Una vez abajo, ¿se reparte la basura por igual?

3. En el fondo, los residuos se juntan en unos lugares y no en otros

No. Con las imágenes de una parte del Pacífico noroccidental, entre 1.092 y 5.977 metros de profundidad, el equipo de Chiba calculó entre 17 y 335 objetos de plástico por kilómetro cuadrado [1]. Es una estimación de las inmersiones analizadas, no un promedio de todo el océano.

Otro estudio, esta vez en el mar Tirreno (parte del Mediterráneo, entre Italia, Córcega y Cerdeña), explica una de las razones. Un equipo de las universidades de Mánchester, Bremen y Durham y de otros centros tomó muestras del sedimento y las combinó con modelos de las corrientes del fondo. Concluyó que esas corrientes funcionan como cintas transportadoras: arrastran fragmentos y fibras diminutos y los concentran en grandes acumulaciones de sedimento. Los autores las llaman «puntos calientes» de microplásticos. En el más cargado encontraron hasta 1,9 millones de piezas en una capa fina de un solo metro cuadrado, la cifra más alta registrada en un fondo marino hasta ese momento. Casi todo eran fibras de ropa y otros textiles [4].

Esa cifra es el máximo de una zona concreta, no lo normal en cualquier fondo. Pero muestra algo importante: el plástico se mueve con el sedimento y se amontona donde este se amontona. Los autores añaden que esas mismas corrientes llevan oxígeno y alimento, así que los puntos calientes también pueden albergar ecosistemas [4]. Eso nos lleva a los animales.

4. Pequeños crustáceos de las fosas más profundas tenían partículas en el intestino

Alan Jamieson y su equipo estudiaron anfípodos, unos crustáceos diminutos parecidos a camarones, que viven en seis fosas del Pacífico (Japón, Izu-Bonin, Marianas, Kermadec, Nuevas Hébridas y Perú-Chile), entre 7.000 y 10.890 metros. En el último tramo del intestino de 65 de los 90 individuos examinados (más del 72 %) había al menos una micropartícula. Por individuo iban de 1 a 8. En promedio, desde 0,9 partículas en la fosa de las Nuevas Hébridas hasta 3,3 en la de las Marianas [3].

No todo era plástico. En una submuestra analizada con espectroscopía infrarroja aparecieron nailon, polietileno, poliamida y otros plásticos, pero también fibras semisintéticas como el rayón y una fibra natural, la ramio [3]. Lo que sí muestra el estudio es que estas partículas están al alcance de animales que viven en lugares extremadamente profundos. No mide cuánto daño les hacen.

En las imágenes del archivo de Chiba, por su parte, en el 17 % de las fotos de residuos de plástico aparecían organismos del fondo, a veces enredados en bolsas [1]. Esa cifra solo dice que se ven juntos, no cuántos animales sufren daño. Si el plástico llega tan lejos y se queda, ¿desaparece algún día?

5. Si el plástico llega al fondo, ¿se descompone allí?

Un grupo de investigación japonés, con la Universidad de Tokio, JAMSTEC y otros centros, lo probó con plásticos biodegradables, es decir, diseñados para que los microbios puedan comérselos. Los colocaron en cinco puntos del fondo marino cerca de Japón, entre 757 y 5.552 metros, durante 3 a 14 meses. Todos los biodegradables ensayados, salvo el ácido poliláctico (PLA), fueron degradados por microorganismos. En los plásticos comunes y en el PLA no se observó degradación durante el ensayo [5].

La velocidad es otra cosa. La velocidad de degradación de los plásticos biodegradables fue, a 1.000 metros, entre cinco y diez veces menor que junto a un muelle de aguas poco profundas (unos 5 metros), y a 5.000 metros, unas veinte veces menor. Los autores atribuyen la lentitud a la presión y la temperatura, y también a que hay menos microorganismos y menos variedad [5]. Con esos datos calcularon que una bolsa de 15 micrómetros de grosor hecha con uno de esos materiales tardaría de unas tres semanas a dos meses en degradarse a 855 metros. Es un cálculo del equipo, no una bolsa observada [5].

Dos precisiones. Lo que se degradó fue plástico biodegradable, no el plástico corriente de la mayoría de las bolsas y envases. Y la prueba se hizo en aguas cercanas a Japón; los autores creen que los microbios implicados existen en sedimentos de todo el mundo, pero eso es una inferencia suya [5].

6. Cómo ver en casa que no todo el plástico flota igual

Puedes hacer una prueba sencilla, con un adulto si hay que cortar algo. Llena un recipiente grande con agua y echa unos trozos limpios de plástico: un tapón, un pedazo de bolsa, el borde de una bandeja de comida. Usa piezas grandes y no te las lleves a la boca. Observa cuáles flotan y cuáles se hunden. Probablemente no todos hagan lo mismo. Al terminar, sécalos y deséchalos según las normas de reciclaje de tu localidad.

Ten presente que el recipiente no es el mar. En el océano también influyen la capa de microorganismos y las corrientes [2]. Si quieres seguir investigando, puedes leer el comunicado de la Universidad de Mánchester sobre los puntos calientes del fondo [4] o el resumen del estudio de los anfípodos [3]. Queda abierta una pregunta que ninguna de estas fuentes cierra: cuánto plástico hay en total en las profundidades.

Fuentes

Todas están en inglés, salvo la nota de prensa japonesa. Se indica qué parte se pudo leer en cada caso.

  1. Chiba, S. et al. (2018). Human footprint in the abyss: 30 year records of deep-sea plastic debris. Marine Policy 96: 204-212. (Archivo de JAMSTEC, 5.010 inmersiones, 3.425 objetos, porcentajes, 10.898 m, densidad de 17 a 335 objetos/km², 17 % con organismos. Solo se pudo leer el resumen, a través de reproducciones del mismo; el artículo completo no se abrió. Se omitieron los datos de los que no pudimos comprobar el texto original.)
  2. Kooi, M., van Nes, E. H., Scheffer, M. y Koelmans, A. A. (2017). Ups and downs in the ocean: effects of biofouling on the vertical transport of microplastics. Environmental Science & Technology 51(14): 7963-7971. (Modelo teórico de la incrustación biológica y el hundimiento. Se leyó el resumen completo.)
  3. Jamieson, A. J. et al. (2019). Microplastics and synthetic particles ingested by deep-sea amphipods in six of the deepest marine ecosystems on Earth. Royal Society Open Science 6: 180667. (Anfípodos de seis fosas y el plástico más profundo citado. Se leyó el resumen y la introducción (texto completo de acceso abierto vía Europe PMC); los datos por fosa se citan solo como promedios, que son los que figuran en el resumen.)
  4. Universidad de Mánchester (2020). Scientists find highest ever level of microplastics on seafloor. (Nota de prensa sobre Kane et al., 2020, Science 368: 1140. Se leyó completa; el artículo de Science no se abrió. Mar Tirreno, corrientes de fondo, hasta 1,9 millones de piezas por m².)
  5. Universidad de Tokio, JAMSTEC y otros centros (2024). Nota de prensa sobre Omura et al., «Microbial decomposition of biodegradable plastics on the deep-sea floor», Nature Communications (en japonés). (Cinco puntos de 757 a 5.552 m, 3 a 14 meses, velocidades de degradación y cálculo para una bolsa. Se leyó la nota de prensa completa en japonés; el artículo de Nature Communications no se abrió.)