1. El dugongo es un mamífero marino de unos tres metros que come plantas
Según la Wikipedia, el dugongo vive en costas cálidas de los océanos Índico y Pacífico, desde el este de África hasta el norte de Australia. [6] Es un mamífero marino que se alimenta de plantas marinas y pasa toda su vida en el mar. Un adulto puede medir más de tres metros y llegar a unos 400 kilos. [2] [3] Tiene una cola en forma de media luna, parecida a la de una ballena o un delfín, y usa las aletas delanteras para mantener el equilibrio y girar. Ve poco, pero tiene unas cerdas sensibles en el hocico con las que encuentra la hierba marina que arranca del fondo. [2]
Los dugongos no están emparentados de cerca con las ballenas ni con las focas. Forman, junto con los tres tipos de manatíes, el orden de los sirenios (Sirenia), y sus parientes vivos más cercanos son los elefantes. [4] Su pariente más próximo, la vaca marina de Steller, fue cazada hasta desaparecer en el siglo XVIII. [4] El nombre del orden está relacionado con las sirenas de la mitología. En español, además, sirena es la palabra para la mujer con cola de pez.
2. ¿De verdad una madre dugongo sostiene a su cría como una persona?
La explicación más repetida dice que las madres dugongo amamantaban a sus crías sujetándolas con las aletas, casi como un bebé en brazos, y que eso les daba aspecto de madre humana. Lo cierto es que lo que se puede comprobar es más modesto. Las hembras tienen las mamas en la base de las aletas delanteras, y la cría toma leche durante un año o año y medio, aunque desde muy pronto empieza a comer hierba marina. [2] [3] Una organización de conservación publicó en 2016 un vídeo que, según ella, podría ser el primero que muestra a una madre dugongo amamantando: no lo hacía nadando, sino posada en el fondo con la cría. [5]
Las fuentes no coinciden del todo. Algunos textos divulgativos, como la Wikipedia en español, describen a la madre con la cabeza y los hombros fuera del agua, sosteniendo a la cría. [6] Las fichas técnicas y la grabación que consulté no mencionan nada parecido. Con lo que tenemos, esa imagen tan bonita no es una base firme para decir que de ahí nació la leyenda; no se puede descartar, pero tampoco demostrar.
3. Japón tiene un relato de hace 1400 años que no menciona ni sirenas ni dugongos
En japonés, la sirena se llama ningyo, que significa literalmente «persona-pez». Según la fuente secundaria que consulté, el registro escrito más antiguo es un relato fechado en 619 que recoge el Nihon Shoki, una crónica compilada en el año 720: habla de seres capturados en agua dulce, y en esos primeros relatos la palabra ningyo ni siquiera aparece. [7] Un dugongo vive en el mar, no en un río; por eso, para esos primeros casos se ha propuesto otra explicación: una salamandra gigante. [7] No pude leer el texto original de la crónica, así que me baso en lo que resume esa fuente secundaria.
La idea del dugongo también existe en Japón, pero tiene un límite: según las fuentes consultadas, esos animales llegan por el norte hasta las islas Ryukyu, en el extremo sur del país. [6] Además, la imagen de la sirena japonesa cambió con el tiempo; por ejemplo, un autor del siglo XVII la describió con una cresta roja sobre la cabeza, un rasgo que algunos autores relacionan con un pez muy largo y plateado llamado pez remo, no con un dugongo. [7] Si las sirenas ni siquiera eran siempre iguales, es difícil que todas salieran de un solo animal.
4. Colón vio «tres sirenas» en 1493, y eran manatíes del Caribe
Aquí entra el Caribe. El 9 de enero de 1493, durante su primer viaje, Colón anotó en su diario que el día anterior había visto «tres sirenas» que «salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara». Añadió que ya había visto otras en la costa de Guinea. [8] Navegaba cerca de la costa de la actual isla de La Española. La cita procede de la transcripción de fray Bartolomé de las Casas, que es el texto que se conserva. [8]
Lo habitual es identificarlos como manatíes, no dugongos: en el Caribe no hay dugongos. [8] [4] Fíjate en un detalle: Colón no se sorprendió de que existieran, sino de que fueran poco bonitas. Es decir, ya llevaba en la cabeza una imagen de la sirena y trató de encajar en ella lo que veía. La palabra manatí es de origen caribe y la usamos todavía en español. [8]
5. Entonces, ¿qué parte de la idea se sostiene y qué parte no?
Juntando todo, hay dos cosas ciertas a la vez. Es plausible que algunas personas, en algunos lugares, confundieran manatíes o dugongos con seres humanos en el agua: Colón es un buen ejemplo, y los sirenios son mamíferos marinos que comen plantas. Pero la leyenda es mucho más amplia que eso. La NOAA, la agencia oceánica de Estados Unidos, recuerda que hay relatos de sirenas en muchas culturas marineras desde hace mucho: Homero las menciona en la Odisea, en Extremo Oriente aparecen como mensajeras de dragones marinos y en Australia las llaman yawkyawks. Y añade que nunca se ha encontrado evidencia de humanoides acuáticos. [1] Esa página no habla de dugongos ni de manatíes, así que no evalúa la teoría del avistamiento; solo dice que la criatura de la leyenda no tiene pruebas.
Una forma de resumirlo: los animales reales pudieron dar la chispa en algunos casos, pero la imagen de la sirena ya existía antes y cambiaba según la cultura. Un dato final que conviene recordar: la lista de especies amenazadas de la UICN clasifica al dugongo como vulnerable. [4]
6. Cómo comparar tú mismo la sirena con el animal real
Busca tres representaciones de sirenas en libros, cuentos o películas y anota qué cambia entre ellos: cola, pelo, cara, si tienen escamas. Después busca fotos de un manatí y de un dugongo en un museo o acuario con ayuda de un adulto, y compara las colas: la del dugongo es de media luna y la del manatí es ancha y redondeada. [4] Pregúntate: ¿qué detalle de cada dibujo viene de un animal real y cuál viene de la imaginación? Si te interesa seguir, lee la página de la NOAA y la cita de Colón completa; son cortas y se entienden bien.