1. Cómo sabemos si un sonido viene de la izquierda o de la derecha
Un sonido que llega desde la derecha toca primero el oído derecho y un poquito después el izquierdo. La diferencia es de menos de una milésima de segundo, y aun así podemos notarla [3]. Pero esta pista de tiempo es útil sobre todo con sonidos más bien graves, aproximadamente por debajo de 1500 hercios [4].
Para los sonidos agudos hay otra pista. La cabeza hace «sombra»: los sonidos agudos casi no rodean los obstáculos, así que el oído más lejano recibe el sonido más débil. Con un sonido que llega justo de un lado, la diferencia de volumen entre los dos oídos es de unos 20 decibelios para un tono agudo de 6000 Hz y casi nula para uno grave de 200 Hz [4].
Ambas pistas dependen de que los dos oídos reciban algo distinto. Entonces, ¿qué pasa cuando el sonido viene de frente, de arriba o de atrás?
2. Qué pista usa el cerebro cuando los dos oídos oyen lo mismo
Un sonido que viene justo de frente, justo desde arriba o justo desde atrás está a la misma distancia de los dos oídos. Casi no hay diferencia de tiempo ni de volumen. Y, sin embargo, las personas aciertan bastante bien si el sonido viene de adelante, de arriba o de atrás, incluso con un solo oído [4].
La ayuda viene del pabellón auricular, es decir, la parte de la oreja que se ve, con sus curvas y hendiduras. El sonido rebota en ellas y es bloqueado en parte, y el resultado es distinto según desde dónde llegue. Lo que cambia es el «color» del sonido: cuánto se refuerzan o se debilitan unas notas más que otras [4].
Cuanto más agudo es el sonido, más corta es su onda y más se nota el efecto de los pliegues. En general se considera útil el cambio por encima de unos 5000 a 8000 Hz [4]. Como cada oreja tiene su propio tamaño y forma, esta pista es personal. Si eso es verdad, cambiar la forma de la oreja debería confundir la dirección. Se probó.
3. Qué pasó cuando se cambió la forma de las orejas con moldes
En 1998, un equipo de la Universidad de Nimega (Países Bajos) modificó con moldes las orejas de adultos voluntarios. Justo después, la capacidad de decir si un sonido venía más arriba o más abajo empeoró mucho [1].
En otro estudio, de la Universidad de Sídney, ocho personas llevaron pequeños moldes en las dos orejas. Al empezar, las confusiones entre «delante» y «detrás» se multiplicaron por siete, y los errores de altura más que se duplicaron [2]. Son dos medidas distintas: una cuenta cuántas veces se confundieron, la otra mide cuánto se equivocaron.
Fíjate en qué direcciones se confundieron: arriba y abajo, delante y detrás, justo lo que según la sección anterior depende de la forma de la oreja. Eso encaja con un reparto de trabajo: izquierda y derecha, con la comparación entre los dos oídos; el resto, con los pliegues de cada oreja. Los resúmenes que pude leer no dicen qué pasó con la dirección izquierda-derecha en estos experimentos. ¿Se quedaron así de confundidos para siempre?
4. Cómo el cerebro aprende a usar una oreja nueva
No. Con el molde puesto, la capacidad de ubicar los sonidos mejoró de forma constante [1]. En el estudio de Sídney, los participantes llevaron los moldes día y noche hasta 60 días (la mediana fue de 38 días). Mejoraron, aunque no llegaron al nivel de antes [2].
Lo más curioso es que aprender las pistas nuevas no borró las antiguas. Con los moldes puestos o sin ellos, las personas sabían ubicar los sonidos en ambos casos [1]. El cerebro parece guardar dos «mapas» a la vez.
Los investigadores de Sídney también quisieron saber si hace falta ver para aprender. Compararon sonidos de frente (donde los ojos podrían ayudar a corregir) y de atrás (donde no). La mejora fue similar en los dos casos, lo que sugiere un mismo mecanismo que no depende de la vista [2]. Es el resultado de un estudio con pocos participantes, así que conviene tomarlo como una pista y no como una regla.
5. Qué se sabía antes de este experimento en las lechuzas
Este tipo de aprendizaje ya se conocía en las lechuzas comunes, pero no se había demostrado en personas. El experimento de 1998 mostró que el cerebro adulto humano también puede reajustar las pistas que usa para localizar sonidos. Hace falta porque el oído interno no tiene un «mapa» del espacio: el cerebro debe aprender a interpretar las pistas del sonido, apoyándose en la información de otros sentidos y del movimiento [1].
6. Por qué la forma de la oreja es distinta en cada persona y cambia con la edad
Como las orejas de cada persona son diferentes, el cambio que producen en los sonidos también lo es. Un artículo de revisión señala que con los años la oreja crece: el tamaño de la oreja (medido de arriba abajo) en personas mayores es alrededor de un 25 % mayor que en niños, y las hendiduras que sirven de pista se desplazan hacia frecuencias más graves [4]. Ese efecto no basta para compensar la pérdida de audición de los sonidos agudos, que ocurre con la edad [4].
Es una idea razonable (pero solo eso, una idea) que el cerebro vaya reajustando sus pistas conforme crecemos. Los moldes habrían hecho visible algo que quizá ocurre toda la vida.
7. Cómo probarlo por tu cuenta con una campana
Siéntate, cierra los ojos y pide a un adulto que haga sonar una campanita o una cuchara contra un vaso, a cierta distancia, en este orden: a tu derecha, a tu izquierda, delante, detrás y arriba. Intenta señalar de dónde viene cada sonido. Que el sonido sea suave y no lo acerquen a tu oído.
Después haz lo mismo con una mano en forma de cuenco detrás de la oreja. Esto cambia un poco la forma de tu oreja. ¿Aciertas igual? Puede que a ti te cambie y a otra persona no. No introduzcas nunca objetos en tus oídos: en los experimentos, los moldes los preparó y colocó un equipo de investigación.
Si quieres seguir investigando, lee los resúmenes de los dos estudios, que están en inglés y son de acceso libre en PubMed.