1. Una luna diminuta que lanza chorros de agua hacia el espacio
Encélado es una luna de Saturno de unos 500 kilómetros de diámetro, mucho más pequeña que nuestra Luna [1]. En 2005, la sonda Cassini fotografió con detalle su región polar sur. Vio un terreno joven, casi sin cráteres, atravesado por grandes grietas que los científicos apodaron «rayas de tigre», y sobre ella una nube de vapor de agua [2]. Los chorros nacen cerca de los puntos más calientes de esas grietas y lanzan al espacio vapor y partículas de hielo [2].
Esto no es agua que corre como una fuente: son vapor y granitos de hielo muy finos. Pero plantea una pregunta: ¿de dónde sale ese material? ¿Puede ser hielo que se evapora en las grietas, o hay agua líquida debajo? Para responder, los científicos analizaron qué contenían los chorros.
2. Los granos de hielo llevan sal, y eso apunta a agua salada líquida
Cassini pasó a través de los chorros y analizó sus partículas. El resultado, publicado en 2011, fue que más del 99 % de la masa de los sólidos expulsados estaba formada por granos ricos en sal [3]. Hay que interpretar bien la cifra: es un porcentaje de la masa de los sólidos expulsados, no la salinidad del agua del mar.
Si la mayor parte del material es hielo salado, lo natural es pensar que viene de agua salada. Los autores concluyeron que un depósito subterráneo de agua salada, con una gran superficie de la que se evapora el agua, aporta casi todo el material de los chorros [3]. Eso respondía a la pregunta del apartado anterior, pero dejaba otra: ¿es una bolsa pequeña bajo el polo sur o un océano que rodea toda la luna?
3. La gravedad y el bamboleo de la luna muestran que el océano la rodea por completo
La primera pista vino de la gravedad. En tres pasos cercanos entre 2010 y 2012, la velocidad de Cassini cambió apenas entre 0,2 y 0,3 milímetros por segundo. Esos cambios mínimos revelaron cómo se reparte la masa de Encélado: en el sur parecía haber, a unos 30–40 km bajo la superficie, agua líquida bajo una capa de hielo. El modelo que mejor encajaba era un mar regional desde el polo sur hasta unos 50° de latitud sur, aunque no se descartaba un océano global [4]. Esos 30–40 km indican la profundidad a la que está el agua, no el grosor del mar.
La respuesta llegó con el bamboleo (un estudio difundido como preprint en 2015 y publicado en 2016). Un equipo siguió durante más de siete años la posición de cráteres y otras marcas en las imágenes de Cassini y calculó cuánto oscila Encélado al girar: unos 0,120 grados, con un margen de error de ±0,014 grados [5] [6]. Si la corteza de hielo estuviera soldada a un núcleo rocoso, el bamboleo sería mucho menor [6]. Como era demasiado grande, la corteza debe estar separada del interior por una capa de agua líquida que lo rodea todo [5].
¿Cómo de gruesa es esa corteza? La NASA da una media de unos 20 a 25 km y de solo 1 a 5 km en el polo sur [1]; el cálculo de 2014 situaba el agua a 30–40 km de profundidad en el sur [4]. Son estimaciones distintas, de fuentes y épocas diferentes; no sé explicar la diferencia con estas fuentes, así que conviene leerlas como un intervalo y no como una cifra exacta.
4. Partículas de sílice e hidrógeno sugieren agua caliente tocando roca en el fondo
Una vez aceptado el océano, surge otra pregunta: ¿qué hay en el fondo? Hay dos pistas, de dos tipos de sustancia.
La primera son unos granos diminutos de sílice (el material del que están hechos la arena y el vidrio), de 2 a 8 nanómetros de radio. Un nanómetro es una milmillonésima parte de un metro. Se encontraron en el anillo E de Saturno, formado en buena parte con material de los chorros de Encélado. Por su tamaño y composición se interpretó que se formaron en reacciones de agua caliente con roca, a más de 90 °C [7]. Esos 90 °C son un mínimo, no la temperatura medida del agua.
La segunda es el hidrógeno. En 2015, Cassini atravesó la columna de gas y partículas con su espectrómetro de masas de iones y neutros y detectó hidrógeno molecular [8]. En la NASA se explicó que el hidrógeno podría servir de fuente de energía química para microbios, si los hubiera [8]. Se ha propuesto que el gas podría venir de reacciones entre el agua caliente y la roca del fondo, pero esta página no permite confirmar esa explicación, así que se presenta solo como hipótesis.
Ambas pistas, de sustancias distintas, sugieren que el agua caliente reacciona con roca en el fondo. Pero un gas que puede servir de alimento no demuestra que haya nadie que lo consuma.
5. Ingredientes para la vida sí hay; pruebas de vida, no
En la Tierra hay microorganismos que viven de hidrógeno y dióxido de carbono. En el océano de Encélado podría darse una química parecida. Aun así, la NASA lo deja claro: Cassini no encontró pruebas de que haya vida [8]. Según la NASA, uno de sus investigadores, Hunter Waite, lo resumió así: no es una demostración de haber encontrado vida, pero muestra el potencial para que exista [8].
Además del hidrógeno, se han encontrado otras cosas. En 2018 se publicó que los granos de hielo contienen fragmentos de moléculas orgánicas grandes y complejas, cuyas moléculas originales podrían pesar miles de unidades de masa atómica. Pero con los datos de Cassini no se puede saber con certeza su origen [9]; y las moléculas orgánicas no las fabrican solo los seres vivos. En 2023 se anunció la detección de fosfatos, y se calculó una concentración más de 100 veces mayor que en los océanos terrestres. El fósforo es un elemento que usan los organismos de la Tierra; los autores subrayan que hoy no hay pruebas de que el océano esté habitado [10].
Por tanto, lo que sabemos hoy es que parece haber agua líquida, energía química y materiales que podrían servir a la vida. Si hay vida o no, queda abierto.
6. Lo que falta por saber y cómo seguir investigando por tu cuenta
La Agencia Espacial Europea estudia una misión futura a Encélado: se llama L4 y la propuesta contempla un lanzamiento en 2042, si se aprueba. Su objetivo sería tomar muestras de los chorros y medir en la superficie, buscando ingredientes que pudieran sostener vida. Todavía está en fase de estudio y no tiene fecha segura [11].
También quedan preguntas sin resolver: los autores del estudio del bamboleo señalan que mantener un océano líquido es problemático para muchos modelos térmicos [5], y el grosor del hielo se estima con cierto margen.
Para investigar más, busca en la web de la NASA las imágenes de las «rayas de tigre» y compara el grosor del hielo que indican la NASA y la ESA. Y si una noche despejada ves Saturno como un punto brillante, recuerda que una de sus lunas, que no se ve a simple vista, esconde un océano bajo el hielo.