2. En un experimento de 1953, los salmones con la nariz tapada se equivocaron de río
La idea de que el salmón se guía por el olfato se planteó en la década de 1950. El biólogo estadounidense Arthur Hasler contó que se le ocurrió al sentir en una ruta de montaña, en 1946, un olor que no percibía desde niño y que le devolvió recuerdos muy nítidos. Pensó que quizá los salmones guardaban de forma parecida el olor de su río[2].
En 1953, Hasler y su estudiante Warren Wisby instalaron trampas en dos ramales de un arroyo cerca de Seattle. A la mitad de los peces capturados les taparon con algodón las fosas nasales; la otra mitad quedó sin tapar. Los soltaron una milla río abajo (algo más de un kilómetro y medio) y vieron a qué ramal volvían. De 73 peces sin tapar, todos menos 8 regresaron al ramal donde los habían capturado. De 70 peces con la nariz tapada, 28 entraron en el ramal equivocado[2].
En Japón también se hicieron pruebas parecidas. En el lago Toya, a unos salmones de la especie sakura-masu les pusieron vaselina en la nariz: dejaron de seguir la orilla buscando su río y se alejaron de ella. Cuando se les perturbó la vista, anduvieron desorientados. Pero a otra especie, el himemasu, un imán en la cabeza para molestar su sentido magnético no le impidió volver derecho al criadero donde nació[1]. Son pruebas con especies distintas, así que no conviene resumirlas en una sola conclusión.
Hay un límite importante. El olfato parece servir sobre todo cuando el salmón ya está cerca de la costa o del río. En pleno océano, se cree que usa otras pistas: un salmón con registrador de datos nadó casi 2760 km en línea recta desde el mar de Bering hasta la costa de Hokkaidō, en 67 días, sin perderse[1]. El olor no explica ese primer tramo.
3. El «olor» de un río parece ser una mezcla propia de aminoácidos disueltos
Si los peces reconocen un río por el olor, ¿de qué está hecho? En los tres ríos que desembocan en el lago Toya, el agua llevaba aminoácidos disueltos en proporciones y cantidades diferentes en cada uno. Al preparar en el laboratorio agua artificial solo con aminoácidos y sales, los nervios olfativos de los peces respondieron casi igual que ante el agua natural. De ahí se concluyó que los aminoácidos son la parte del olor que ayuda a distinguir el río de origen[1].
Después se probó con la conducta, en un canal con forma de Y donde el pez elige entre dos aguas. Tres especies de salmón del Pacífico, ya de regreso en su río, escogieron entre el 75 % y el 85 % de las veces el agua artificial hecha con la mezcla de su río. Ojo con no confundir cifras: ese 75–85 % sale de una elección en un canal; el 90 % del principio es el acierto al volver de verdad al río. Son medidas distintas y no se pueden comparar de forma directa[1].
Para que esa mezcla sirva de señal, tiene que mantenerse con los años. En el lecho de un río, las comunidades de microorganismos pegadas a las piedras (biopelículas) liberan aminoácidos con la misma composición que la del agua. Y en el río Teshio, en Hokkaidō, se vio una composición de aminoácidos que no cambiaba entre zonas, estaciones ni años, y que se considera importante para que el salmón recuerde y reconozca su río[1].
4. El salmón memoriza el olor de su río al bajar al mar, y puede memorizar uno artificial
Falta saber cuándo se aprende ese olor. El experimento de 1953 se hizo con peces adultos, así que Hasler y Wisby no podían saber si los peces recordaban el olor desde pequeños o solo respondían a haberlo olido hacía poco. Para resolverlo hacía falta trabajar con crías y con adultos de los mismos peces. Eso solo fue posible cuando se introdujeron salmones en los Grandes Lagos, y Hasler lo retomó en 1968 con un estudiante, Al Scholz[2].
En lugar de usar el olor de un río, expusieron a crías que iban a migrar a una sustancia química sintética. Unos 18 meses después, cuando ya eran adultos, los peces volvieron al lago al que se había añadido esa misma sustancia. Es decir, aprendieron un olor que no existe en ningún río natural, lo recordaron meses después y lo usaron para orientarse[2]. Una revisión del propio Hasler de 1979 trata este tema con el título «Olfactory imprinting and homing in salmon» («Impronta olfativa y regreso al hogar en el salmón»); de ella solo se pudo leer la ficha, no el texto[4].
El material de la Universidad de Hokkaidō sitúa este aprendizaje (la «impronta» del río de origen) en el momento en que las crías bajan hacia el mar, y señala que el mecanismo sigue sin conocerse del todo, aunque hormonas de la tiroides parecen intervenir[1].
5. Volviendo a la pregunta: lo que cuenta es qué se recuerda, no solo cuánto se huele
Si juntamos las dos historias, queda un cuadro sencillo. Los tiburones medidos huelen con una sensibilidad parecida a la de otros peces. Los salmones usan un olfato que, por lo que sabemos, no tiene por qué ser extraordinario, pero lo combinan con un recuerdo: la mezcla de aminoácidos de su río, aprendida de pequeños y estable con los años. Esta es una lectura que hacemos al juntar estudios distintos; ningún experimento ha comparado directamente tiburones y salmones.
Quedan cosas abiertas: cómo se fija exactamente ese recuerdo en el cerebro, y por qué hay individuos que remontan un río que no es el suyo.
6. Para observar y para leer más
Si tienes cerca una pescadería o un acuario, mira la cabeza de un pez de lado y busca unos orificios pequeños delante de los ojos: son sus fosas nasales. Fíjate si ves más de uno y si cambian de tamaño según la especie. En el acuario basta con mirar a través del cristal. Si tocas un pez entero, que sea con una persona adulta y con las manos limpias, porque las espinas de las aletas pueden cortar.
Para leer el original, el reportaje de Inside Science [3] cuenta el estudio del tiburón en inglés sencillo. Y si quieres ver de dónde sale cada número del salmón, el texto de Hiroshi Ueda [1] (en japonés) reúne en un mismo documento el 90 % de regreso, las pruebas en el lago Toya y el 75–85 % del canal en Y: intenta localizar a qué experimento pertenece cada cifra.
Fuentes
- Ueda, H., «サケが生まれた川に帰る謎» (El misterio de cómo el salmón vuelve al río donde nació), material de un curso público de la Universidad de Hokkaidō. Se leyó el texto completo. https://www.ees.hokudai.ac.jp/ees/wp-content/uploads/2022/06/2015text_4.pdf (Documento en japonés, de divulgación de un investigador del tema. Cifras: regreso de ~90 % en el keta; pruebas en el lago Toya con sakura-masu y himemasu; aminoácidos disueltos de tres ríos y agua artificial; elección de 75–85 % en el canal en Y con tres especies; biopelículas en el río Toyohira y composición estable en el Teshio; registrador de datos en un keta, 2760 km en 67 días. Es un resumen del propio autor; no se contrastó con los artículos originales que cita.)
- BYU Life Sciences, «No Place Like Home». Se leyó el texto completo. https://lifesciences.byu.edu/magazine/no-place-like-home (Artículo de la revista de la facultad de ciencias de la vida de la Universidad Brigham Young, sobre uno de sus antiguos alumnos. Es una fuente institucional de divulgación, no el artículo científico original; las cifras del experimento de 1953 (322 peces capturados; 73 sin tapar, 8 equivocados; 70 con la nariz tapada, 28 equivocados) y los 18 meses del experimento posterior vienen de ahí y no se contrastaron con los artículos de Hasler.)
- Powell, D., «Shark Smell Myth Found Fishy», Inside Science (American Institute of Physics). Se leyó el texto completo del reportaje. https://www.aip.org/inside-science/shark-smell-myth-found-fishy (Reportaje sobre el estudio de Meredith y Kajiura publicado en el Journal of Experimental Biology en 2010. No se pudo abrir el artículo original, así que las cifras (cinco especies, veinte aminoácidos, ~1 gota en mil millones) son las que cuenta el reportaje. La explicación del «ruido de fondo» es una hipótesis que recoge el reportaje.)
- Hasler, A. D. (1979), «Olfactory imprinting and homing in salmon», Ifremer Archimer. Solo se leyó la ficha del archivo (título y breve resumen); el PDF no se abrió. https://archimer.ifremer.fr/doc/00000/6053 (Se cita solo para mostrar que existe esta revisión; no se usó ningún dato de su contenido.)
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