1. Pescar es solo una parte de un trabajo más largo
La FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, calcula que en 2022 había unos 61,8 millones de personas empleadas en la producción primaria de la pesca y la acuicultura, casi siempre en operaciones de pequeña escala [1]. «Primaria» quiere decir capturar o criar los animales acuáticos. Después viene todo lo demás: limpiar, conservar, transportar y vender.
Ese «todo lo demás» tiene mucha gente. Según el mismo informe, el 24 % de quienes pescaban o criaban peces eran mujeres, pero en las tareas posteriores a la captura eran el 62 % [1]. Dicho de otro modo: una parte importante del trabajo de la pesca ocurre en tierra, y allí hay más mujeres que hombres.
En las secciones siguientes seguimos dos de esas tareas que se ven poco: la venta en el puerto y la decisión de no pescar.
2. Al llegar al puerto, el pescado se vende en la lonja y queda registrado
En España, una lonja es el lugar del puerto donde se vende el pescado recién desembarcado. La norma que regula esa primera venta es el Real Decreto 418/2015. Dice que los productos de la pesca marítima vivos, frescos y refrigerados se venden por primera vez a través de las lonjas de los puertos; solo prevé excepciones, por ejemplo en territorios insulares que no tengan lonja, donde puede autorizarse otro establecimiento [2].
Lo interesante es lo que ocurre en el momento de esa venta. La lonja o el establecimiento autorizado tiene que rellenar una «nota de venta» y enviarla de forma electrónica. En ella figuran datos como el número de lote, la especie, la fecha de captura y el arte de pesca, es decir, el método con el que se capturó [2]. El propio decreto explica que la información de trazabilidad se recoge en ese documento. Por eso, cuando alguien puede decirte de dónde viene un pescado, detrás hay un registro electrónico que se completa en el puerto.
Cada país organiza esto a su manera. Lo que describe esta fuente es el caso de España; no significa que en México o en otros países se haga igual.
3. Una subasta de madrugada: así se ve en un mercado japonés
El mercado de pescado de la ciudad de Kagoshima, en el sur de Japón, publica cómo es su día. La descarga empieza hacia las 2 de la madrugada. Antes de que empiece la subasta, los compradores revisan con cuidado el tamaño, la calidad y la frescura de cada lote y deciden cuánto pagarían. A las 5:30 suena un timbre y comienza la subasta: los compradores muestran su precio con los dedos o en una pizarra, y se lleva el lote quien ofrece más. Dura hasta las 8 más o menos [3].
En esta subasta gana la oferta más alta. Es un sistema parecido a la venta en una lonja (un mercado de pescado del puerto) que vimos antes: primero se vende el lote, y recién después el pescado sigue su camino hacia las tiendas.
Ten en cuenta que esas horas corresponden a ese mercado concreto. No dicen a qué hora sale a pescar quien capturó el pescado, y cada mercado fija las suyas.
4. A veces pescar también significa dejar de pescar
Si se capturaran demasiados peces, podrían quedar menos adultos para reproducirse y la población podría disminuir. Para evitarlo existen las vedas. En México, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural explica que una veda es un periodo en que se prohíbe capturar determinadas especies, con el fin de proteger su reproducción, su reclutamiento (la llegada de los más jóvenes a la población) y su crecimiento. Las fija el Gobierno Federal y cada especie tiene sus propios periodos [4].
La misma página distingue tres tipos: permanentes, cuando el recurso no puede aprovecharse en ningún momento del año; temporales fijas, que se repiten cada año en las mismas fechas; y temporales variables, cuyas fechas se actualizan cada año [4]. Si vives en México, quizá hayas oído hablar de la veda del camarón: es uno de los ejemplos que cita esa página.
En Japón también hay acuerdos voluntarios, que deciden quienes pescan. El gobierno de la prefectura de Shimane explica que, además de las reglas oficiales, quienes pescan toman por su cuenta medidas como no salir a pescar durante un tiempo o limitar las herramientas. Desde el 1 de diciembre de 2020, ese tipo de acuerdos entre pescadores tiene respaldo legal: pueden firmarlos entre sí y pedir que el gobernador de la prefectura los reconozca [5]. La fuente no mide cuánto pescado se salva con ello; solo describe el mecanismo.
Tanto en México como en Japón aparece la misma idea: renunciar a pescar durante un tiempo forma parte del trabajo, porque busca que siga habiendo peces en los años siguientes.
5. ¿Qué nos dice todo esto sobre la pesca de hoy?
La FAO advierte en ese mismo informe que la pesca de captura se mantiene estable en el mundo, pero que la sostenibilidad de los recursos pesqueros es motivo de preocupación y que hace falta actuar con urgencia para conservarlos y recuperarlos [1]. Las reglas de las secciones anteriores, desde el registro en la lonja hasta las vedas, son parte de esa respuesta, aunque ninguna de las fuentes dice cuánto contribuye cada una.
Si volvemos a la pregunta del título: antes de que se levante la red hay que conocer el mar y las reglas; después, hay que entregar la captura de forma ordenada y registrada; y todo el tiempo, hay que pensar en las capturas del año que viene.
6. Para investigar por tu cuenta
La próxima vez que veas pescado en el mercado o en un supermercado, mira la etiqueta o el cartel. Muchas veces indica el nombre de la especie, el origen o el método de captura. Pregúntate: ¿de qué puerto vendrá?, ¿se pesca todo el año o hay una veda?
Puedes buscar en la página de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca de México o de tu comunidad autónoma o región si hay una veda ahora mismo cerca de ti. Si conoces a alguien que haya visitado una lonja o un mercado de pescado, puedes preguntarle a qué hora empieza allí el día.
Quedan dos preguntas abiertas en estas fuentes: cuánto pescado se deja de capturar gracias a las vedas, y en qué se parecen y en qué se distinguen las reglas de cada país. Responderlas exige leer informes más largos, y por eso son un buen punto de partida.