1. ¿Por qué se nota tanto un olor que viene de una parte pequeña del gas?
Los gases del intestino proceden en parte del aire que tragamos y en parte del gas que producen las bacterias del intestino grueso al descomponer carbohidratos que no se digirieron antes [1]. Entre esos gases hay varios que no huelen, como el hidrógeno, el dióxido de carbono o el metano. El olor viene de otra cosa. El Instituto Nacional de Diabetes y de Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) lo resume así: el olor podría deberse al azufre presente en los gases [1].
Que algo sea poco abundante no significa que huela poco. Nuestra nariz detecta algunas sustancias aunque haya muy poca cantidad en el aire. Una forma de imaginarlo: en un salón muy silencioso, una sola persona que grita se oye enseguida, aunque sea una de treinta. Es solo una imagen; no explica cómo funciona realmente el olfato. La pregunta útil es otra: ¿qué gases con azufre hay, y cuánto de cada uno?
2. ¿Qué gases con azufre se midieron en los pedos de personas sanas?
En 1998, un equipo del centro médico para veteranos de Minneapolis (Suarez, Springfield y Levitt) publicó en la revista Gut un estudio con 16 voluntarios sanos. Para producir más gas de lo habitual, comieron frijoles pintos y lactulosa (un azúcar que el intestino delgado no absorbe y que las bacterias fermentan), y los gases se recogieron con un tubo [2].
Encontraron tres gases con azufre. Estas fueron sus concentraciones medias, todas en micromoles por litro: sulfuro de hidrógeno, 1,06; metanotiol, 0,21; y sulfuro de dimetilo, 0,08 [2]. Al estar en la misma unidad, se pueden comparar: el sulfuro de hidrógeno fue unas cinco veces más abundante que el metanotiol y unas trece veces más que el sulfuro de dimetilo. Además, dos evaluadores valoraron la intensidad del mal olor de cada muestra, y esa valoración se correlacionó de forma significativa con la concentración de sulfuro de hidrógeno (p ≤ 0,001); es una correlación, no una prueba de causa [2].
Hay que leer estos números con cuidado: se obtuvieron con una dieta pensada para aumentar el gas, no con una comida habitual, y con solo 16 personas. Muestran quién destaca en ese experimento, no la receta exacta de cualquier pedo.
3. ¿Cómo fabrican las bacterias del intestino el sulfuro de hidrógeno?
El sulfuro de hidrógeno no sale de la comida directamente; lo producen microbios. Un preprint (trabajo aún no revisado por pares) sobre la microbiota intestinal propone dos vías principales: la reducción de sulfatos (compuestos de azufre que llegan con alimentos y agua) por bacterias llamadas sulfatorreductoras, como Desulfovibrio, y la degradación de la cisteína, un aminoácido que contiene azufre y forma parte de las proteínas [3]. Según ese trabajo, la capacidad de producir sulfuro de hidrógeno a partir de cisteína está muy extendida entre las bacterias del intestino humano, y las sulfatorreductoras suelen ser poco abundantes [3].
Esto encaja con una idea muy repetida: comer mucha proteína de origen animal (carne, huevos) haría los gases más olorosos, porque aporta azufre a las bacterias. Es una explicación razonable, pero las fuentes que leí para este artículo no miden esa relación en pedos, así que la dejo como hipótesis y no como dato.
Ya tenemos al protagonista del olor y a quienes lo fabrican. Queda una pregunta práctica: si se atrapa el azufre, ¿desaparece el olor?
4. ¿Puede el carbón activado reducir el olor?
El mismo estudio de 1998 probó dos formas de quitar el olor. El acetato de zinc redujo algunos gases con azufre, pero no eliminó del todo el olor. El carbón activado, en cambio, eliminó prácticamente todo el olor [2]. Además, un cojín forrado con carbón activado, usado por ocho voluntarios con ropa hermética a los gases, retuvo más del 90 % de los gases con azufre [2]. Esos resultados son de un dispositivo de laboratorio; no sirven para asegurar que cualquier producto del mercado funcione igual.
Aquí aparece una pista interesante. Los autores concluyen que los gases con azufre son los principales causantes del mal olor, pero no los únicos [2]. Si hubiera otros olores importantes, ¿por qué el carbón los quitó casi todos? Una posibilidad, que es solo una suposición mía y no está en el estudio, es que el carbón también atrape otras sustancias, no solo las de azufre.
5. ¿Qué parte del olor sigue sin explicarse?
El resultado más sólido es que el sulfuro de hidrógeno y otros gases con azufre son el centro del olor. Cuánto aporta cada componente al olor total de un pedo corriente es algo que estas fuentes no permiten decir. Y con la nariz humana pasa algo parecido: las cifras de la concentración mínima que podemos detectar varían mucho según la fuente, así que prefiero no dar un número.
Una curiosidad para terminar: el NIDDK indica que expulsar gases entre 8 y 14 veces al día es el promedio, y que hasta 25 veces se considera normal [4]. Es decir, que huelan o no, los pedos son parte normal del funcionamiento del cuerpo.
6. ¿Cómo puedes seguir investigando por tu cuenta?
Con ayuda de una persona adulta, mira por fuera los envases de productos para absorber olores y lee si en los ingredientes aparece «carbón activado». No abras nada ni toques el contenido. Después puedes leer el resumen del estudio de 1998 (está en inglés y se puede consultar gratis en línea) para ver la tabla de concentraciones, y la página en español del NIDDK sobre gases en el tubo digestivo.