1. Por qué los cascos de fibra de vidrio casi no se pudren
Antes, los barcos pequeños se hacían sobre todo de madera, que con los años se hincha, se pudre y necesita mucho mantenimiento. Desde principios de los años setenta (la segunda mitad de los años 40 de la era Showa), la fibra de vidrio (en inglés se abrevia FRP o GRP, "plástico reforzado con fibra") pasó a ser el material principal de las embarcaciones pequeñas en Japón [2]. Una publicación del sector náutico europeo habla de millones de barcos de plástico reforzado construidos desde los años setenta y ochenta que ahora están llegando al final de su uso [1].
La gran ventaja del material es también su inconveniente. Un artículo de la prensa náutica los describe como cascos "prácticamente indestructibles", que podrían permanecer enterrados durante cientos de años [1]. ¿Cuántos son? Según la hoja de ruta de la industria náutica europea (EBI, 2023), en la UE se calcula que más de 30.000 barcos al año llegarán al final de su vida útil hacia 2030, y hay más de 6,5 millones de embarcaciones en aguas europeas, la mayoría de menos de 7,5 metros [3].
2. Por qué es tan difícil volver a separar la fibra de vidrio y la resina
Piensa en un huevo duro: ya no puedes volver a convertirlo en huevo crudo. Con la resina de muchos cascos pasa algo parecido. Las resinas termoestables convencionales, una vez endurecidas, no pueden volver a fundirse y moldearse como otros plásticos. Además, los hilos de vidrio quedan pegados dentro de ella, y separar los materiales exige procesos especiales que pueden dañar las fibras [4].
Por eso, durante mucho tiempo la salida más fácil era enterrar los cascos o quemarlos sin aprovechar el calor. La asociación europea de la industria de materiales compuestos (EuCIA) estima que entre el 40 % y el 70 % de los materiales compuestos que terminan su vida útil siguen yendo a vertederos o a incineración sin recuperar energía [5]. Esa cifra se refiere a todos los materiales compuestos (palas de aerogeneradores, piezas de automóviles, barcos…), no solo a los barcos.
3. Cómo se aprovechan los cascos viejos en una fábrica de cemento
Una de las soluciones más estudiadas consiste en aprovechar los cascos en hornos de cemento (lo que se llama coprocesamiento): la resina sirve de combustible y las fibras se incorporan al cemento. Primero se retiran combustibles, baterías y otros elementos que necesitan un tratamiento aparte, y se recuperan los metales y los equipos que sirven. Después el casco se tritura y se lleva a la cementera [4].
Allí, los trozos triturados se introducen en un horno que alcanza temperaturas de hasta 1.800 °C. Según la descripción de las asociaciones del sector que defienden este método, las fibras se convierten en ceniza y la resina alimenta el horno como combustible [5]. Dicho de otra forma: se recuperan materiales y energía, pero la fibra no se conserva para fabricar otro casco [4]. Una publicación náutica describe que la ceniza se incorpora al cemento y que, en ese proceso, no se genera residuo destinado al vertedero [1].
Un proyecto piloto de Rhode Island (Estados Unidos), que empezó en 2018, llevó unas 80 toneladas cortas (unas 72,6 toneladas métricas) de material de barcos a una cementera de Carolina del Sur. En el desglose de costes, triturar fue la partida más cara: el 59,1 % [4]. Es decir, la solución existe, pero no es barata.
4. Qué sistemas organizados existen para gestionar el final de vida de los barcos
Para que desguazar un barco sea una opción real, hace falta una red de lugares donde entregarlo. En Francia, una asociación de la industria náutica (APER) se creó en 2009 con ese fin; en 2019 esperaba recibir unos 1.800 barcos y aspiraba a llegar a entre 20.000 y 25.000 en cinco años. Aun así, según ese artículo, solo uno de cada diez presupuestos de desguace era aceptado por los dueños [1].
En Japón, la asociación de fabricantes de embarcaciones puso en marcha en noviembre de 2005 un sistema de reciclaje de barcos de plástico reforzado, que después se extendió a todas las prefecturas. Según el ministerio de transporte japonés, su meta es evitar el vertido ilegal dando al dueño una vía legal para deshacerse del barco [2]. La ruta es parecida a la del apartado anterior: desmontaje básico, trituración y cementera [6].
En Europa, la industria náutica publicó en 2023 una hoja de ruta con el compromiso de eliminar gradualmente los vertederos y la recuperación de energía para los barcos al final de su vida en 2030. El plan propone coordinar el desmontaje, el transporte, la financiación y la investigación con otros sectores que también usan materiales compuestos, como la energía eólica y la industria del cemento [3]. Es un compromiso del sector, no una ley, y todavía hay que ver si se cumple.
5. Cómo puedes investigar este tema por tu cuenta
Si vives cerca de un puerto o de un río con embarcaciones, pasea con una persona adulta y observa desde una zona segura de qué parecen estar hechos los cascos. Los bordes de los muelles son peligrosos: no te acerques al agua sin supervisión.
También puedes buscar en tu zona si existe algún servicio de desguace náutico y qué documentos pide, o comprobar si cerca de ti hay una cementera. Y una pregunta para pensar: si un material dura tanto, ¿cómo se diseñaría un barco que pudiera desmontarse con facilidad al final de su vida?