Dos libros de la misma corte, con siete años de diferencia
«El libro de la almohada» lo escribió Sei Shōnagon, una dama que vivía en la corte al servicio de la emperatriz Teishi, esposa del emperador Ichijō. Los especialistas de un instituto japonés de literatura clásica lo fechan hacia el año 1001 [1]. «La historia de Genji» es obra de Murasaki Shikibu, y se fecha hacia 1008 [2]. Esas fechas son aproximadas: en textos tan antiguos no sabemos el año exacto.
Para que te hagas una idea: las dos autoras escribían en lo que hoy llamamos periodo Heian, cuando la corte vivía en la ciudad de Heian-kyō, la actual Kioto. Las dos eran mujeres de ese mundo y las dos escribieron en japonés con escritura kana, la que usaban las mujeres de la corte [5]. Lo que las separa es la forma en que organizaron lo que veían.
«El libro de la almohada»: ensayos breves que recortan un momento
El instituto de literatura clásica que citamos describe el libro como una obra apoyada en la vida de su autora en la corte, que reúne reflexiones sobre todo tipo de cosas y también anotaciones parecidas a un diario. Según ese mismo instituto, con ella quedó establecida en Japón la forma literaria del zuihitsu, el «ensayo libre»: textos en los que se escribe lo que se ve y se piensa sin seguir una trama [1].
Un ejemplo: una lista de cosas «elegantes» con hielo raspado y un líquido dulce
Uno de los apartados del libro es una lista de «cosas elegantes». Según una guía cultural de la región de Nara, entre ellas aparece hielo raspado con un líquido dulce, servido en un recipiente nuevo; la guía lo presenta como la mención más antigua conocida de lo que hoy sería un «hielo raspado» o granizado [3]. No hemos comparado ese pasaje con otros textos antiguos, así que dejamos «la más antigua» como lo que dice esa guía y no como un récord comprobado.
Lo importante para nuestra pregunta es lo corto que es el pasaje. No explica de dónde salió el hielo, quién se lo comió ni qué pasó después. Pone una sola imagen que encaja con el título de la lista y pasa a la siguiente. Eso es «recortar».
Recortar también sirve para anotar lo que se siente
No todo son listas bonitas. Sei Shōnagon también cuenta un viaje al templo de Hase, en la región de Nara: el ruido del río le daba miedo, subir la larga escalera la dejó agotada y solo pensaba en llegar cuanto antes ante la imagen del Buda [3]. Fíjate en que lo que ve y lo que siente están pegados en la misma frase. Es una mirada que reacciona a lo que tiene delante, en el momento en que lo tiene delante.
«La historia de Genji»: una novela de 54 capítulos que crece episodio a episodio
«La historia de Genji» es una novela larga de 54 capítulos (los llamados «volúmenes»). Suele dividirse en tres partes: las dos primeras giran en torno a Hikaru Genji («Genji el Resplandeciente»), un joven noble muy apuesto, y la tercera se centra en Kaoru, a quien la ficha presenta como hijo de Genji (en la propia novela la filiación es más complicada que eso) [2].
¿Planeó la autora toda esa longitud desde el principio? En la presentación de su libro en la Universidad de Tokio, la investigadora Takako Takagi propone una hipótesis prudente: al inicio, la novela tiene la estructura de una vida entera, pero también hay muchos episodios cortos que casi se cierran en un solo capítulo. Es probable que cierto esqueleto largo estuviera previsto desde el principio, pero no parece que todo estuviera planificado al detalle; Takagi plantea que la novela pudo ir creciendo mientras se acumulaban relatos cortos [4]. Es una interpretación de especialistas, no un dato cerrado: no se sabe con seguridad en qué orden se escribieron los capítulos.
Si esa idea es correcta, las dos obras están menos lejos de lo que parecía: las dos podrían haber empezado como piezas cortas. La diferencia está en lo que vino después: en «Genji» las piezas se encadenaron en el tiempo y llegaron a abarcar a padres e hijos.
Qué puede mostrar una novela larga que un recorte no puede
Un artículo divulgativo de una publicación japonesa sobre cultura explica que, en la corte Heian, los diarios y poemas de mujeres expresaban un sentimiento difícil de poner en palabras que más tarde se llamó mono no aware: algo así como una emoción tierna y un poco triste ante lo frágil y pasajero de las cosas. Menciona como ejemplos los amores y las muertes de los personajes, y dice que «La historia de Genji» reunió esa sensibilidad de forma magistral. La columna añade que la palabra aware aparece ya en textos mucho más antiguos, como el Kojiki y el Man'yōshū [5].
Aquí viene una idea que es nuestra, no de las fuentes: la fragilidad de una vida o de un amor casi no se ve en una sola escena, porque se nota al comparar cómo eran las cosas antes y cómo son después. Una novela que sigue a una familia durante varias décadas le da al lector esos «antes» y «después». Un ensayo breve, en cambio, es perfecto para capturar el brillo de un instante, como el del hielo dulce o el miedo de la escalera. No es que uno sea mejor: cada forma está hecha para mirar durante un tiempo distinto.
Una advertencia: no hay evidencia sólida de cómo se valoraban o influían entre sí las dos autoras, así que no conviene explicar la diferencia entre los libros como si fuera una rivalidad.
Cuidado al leer «Genji»: no existe un único texto original
En aquella época los libros se copiaban a mano. Con las copias aparecieron pequeñas diferencias, y con los siglos el texto de «Genji» se dividió en familias. Un especialista de la biblioteca de la Universidad de Tokio explica que se suelen distinguir tres grandes familias: la Aohyōshi-bon, a la que pertenece la mayoría de los manuscritos e impresos conservados, vinculada a la revisión del poeta Fujiwara no Teika en el siglo XIII; la Kawachi-bon, revisada por un padre y su hijo, también en el siglo XIII; y las Bekkon, un grupo variado de textos que no entra en ninguna de las dos anteriores [6].
Esto importa para nuestra pregunta, porque cuando alguien dice «en Genji pasa tal cosa», los especialistas a veces tienen que aclarar de qué versión del texto hablan. También por eso las comparaciones de este artículo son una explicación general, basada en descripciones de instituciones y universidades, no un análisis línea a línea. Si te interesa un detalle, lo ideal es ir a una buena traducción con notas.
Pruébalo en casa: escribe el mismo día de dos maneras
Necesitas un cuaderno y un lápiz.
- Forma breve, como en «El libro de la almohada» (recortar): elige una sola cosa que te llamó la atención hoy y descríbela en una frase. No expliques lo que pasó antes ni después.
- Forma encadenada, como en «Genji» (encadenar): cuenta tu mañana, tu tarde y tu noche en tres escenas cortas, de modo que se note cómo cambió tu ánimo de una a otra.
Compara: ¿qué se ve mejor en la frase suelta y qué solo aparece en las tres escenas? Si te quedas con ganas de más, hay preguntas que los especialistas aún discuten: cómo se fue alargando «Genji», o si el orden de los apartados de «El libro de la almohada» lo decidió la autora o editores posteriores. Puedes empezar buscando una traducción al español con introducción y notas en una biblioteca.