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¿Por qué una jirafa tiene en el cuello los mismos siete huesos que tú?

Categoría: Seres vivos

Un juego rápido: ¿cuántos huesos crees que tiene el cuello de una jirafa? Seguro que piensas en una columna interminable de huesos apilados. Ahora, ¿y el tuyo? Puedes apostar por un número distinto para cada uno.

Pues el número es el mismo: siete[1]. Lo raro no es la cuenta de la jirafa, sino que casi ningún mamífero se atreva a cambiarla. Vamos a ver cómo se estira un cuello sin añadir huesos, qué lo frena y qué animales se saltan la norma.

Cada hueso del cuello de la jirafa es mucho más largo que el tuyo, pero hay los mismos que en el cuello humano

Los huesos del cuello se llaman vértebras cervicales. Un grupo de la Universidad de Tokio, que estudió ejemplares de jirafas y de okapis (sus parientes de cuello corto) de zoológicos de Japón, resume que las jirafas tienen siete, igual que las personas[1]. En ejemplares adultos, una sola vértebra puede llegar a medir 30 cm[1]. Es la longitud de una regla escolar.

Ojo con la palabra «puede»: no significa que las siete midan 30 cm. Algunos medios en español simplifican y escriben que cada una mide 30 cm[2], pero la nota de la universidad solo dice que algunas llegan hasta esa longitud.

Entonces, si el número no cambia, ¿cómo consigue la jirafa un cuello tan largo?

La jirafa no añadió huesos al cuello: estiró hacia arriba cada uno de los siete

Otros animales sí han resuelto el problema sumando piezas. Un estudio del genoma de la jirafa (publicado en 2016 en Nature Communications) recuerda que las aves de cuello largo tienen más vértebras cervicales. En la jirafa, en cambio, el cuello se debe a el alargamiento de cada una de las siete vértebras que tienen los mamíferos[3].

¿Cómo se estira? Los autores creen que, en el embrión, los bloques de tejido llamados somitas (de los que salen las vértebras) se alargaron, y que el efecto se limita al cuello por la acción combinada de genes llamados Hox[3]. Encontraron cambios llamativos en tres de esos genes (HOXB3, CDX4 y NOTO)[3], pero esto es una pista, no una demostración de qué gen decide la longitud. La propia explicación está escrita con «probablemente».

Y vuelve la pregunta de fondo: si estirar es posible, ¿por qué los mamíferos casi nunca cambian el número de vértebras?

Casi todos los mamíferos tienen siete vértebras en el cuello, y una hipótesis explica por qué

La bióloga Frietson Galis lo planteó en 1999: los mamíferos tienen siete vértebras cervicales y ese número es muy constante[4]. Su propuesta es que no varía por una restricción del desarrollo. Los cambios en los genes Hox que modificarían la cuenta irían acompañados, según ella, de problemas del sistema nervioso y de más riesgo de cáncer infantil y de embarazos que no llegan a buen término[4]. Así, los individuos con otro número tendrían menos probabilidades de salir adelante, y la cuenta de siete se habría ido conservando.

Una revisión posterior, de Varela-Lasheras y su equipo (2011), recoge la misma idea: una selección que actúa contra los cambios de ese número[5].

Es una hipótesis, no una conclusión demostrada. Tampoco significa que el número de huesos del cuello de una persona diga algo sobre su salud.

Pero si la regla es tan estricta, debería haber excepciones muy raras. Y las hay.

Los perezosos y los manatíes sí rompen la regla de las siete vértebras

La revisión de 2011 cita como excepciones a los perezosos y a los manatíes[5]. Entre los perezosos, el género Choloepus (de dos dedos) suele tener seis vértebras cervicales y el género Bradypus (de tres dedos), ocho o nueve[5]. Otro estudio da rangos algo distintos: de cinco a ocho en Choloepus y de ocho a diez en Bradypus[6]. Por eso conviene hablar solo de «entre cinco y diez según la especie y el trabajo».

¿Por qué ellos? Los autores de la revisión proponen que, en animales de metabolismo y actividad muy bajos, la selección natural presiona menos contra esos cambios y la restricción se rompe[5]. De nuevo es una explicación posible, no un hecho cerrado.

Algo más: en los perezosos con un número distinto de vértebras, los grupos de vértebras que se comportan como módulos se mantienen, pero sus fronteras se desplazan[6]. Una forma de imaginarlo (una imagen nuestra, no del estudio): como si en un tren no se añadieran vagones nuevos, sino que se corriera hacia otro lado el punto donde acaba la parte de cuello.

Y hablando de esa frontera entre cuello y tórax, la jirafa guarda una sorpresa al otro lado.

El primer hueso del tórax de la jirafa se mueve como si fuera del cuello, pero no es una octava vértebra cervical

En 2016, Megu Gunji y Hideki Endo, de la Universidad de Tokio, estudiaron la primera vértebra torácica (la que viene justo después de las siete del cuello) de la jirafa. Tiene una forma parecida a la séptima cervical de otros rumiantes y se mueve de arriba abajo más que las demás vértebras del tórax[7]. Una explicación es que el músculo que sujeta el cuello (el longus colli) se inserta algo más atrás de lo habitual y también tira de esta vértebra[7].

Los experimentos de movimiento se hicieron con cuerpos de dos jirafas y un okapi recién nacidos[7]. Según el resumen de la universidad, en jirafas adultas este hueso funciona como punto de apoyo y amplía unos 50 cm la zona que alcanzan la cabeza y el cuello[8].

Hubo quien propuso por eso que la jirafa tiene ocho vértebras cervicales, pero el estudio comparado de jirafa y okapi publicado en PLOS ONE mantiene que son siete[9]. Así que, por la clasificación anatómica, la jirafa tiene siete vértebras cervicales, y la primera torácica se mueve en parte como una del cuello. Una cosa es cómo se clasifica un hueso y otra cómo se mueve.

Con todo esto, la respuesta a la pregunta del título cabe en una frase: siete es una cifra que los mamíferos casi nunca tocan, y la jirafa consiguió su cuello cambiando la forma de los huesos, no su número.

Cómo notar tu cuello y compararlo con el de una jirafa

  • Con una regla. Toma una regla de 30 cm, que es lo que puede medir una sola vértebra de una jirafa adulta. Colócala junto a tu cuello, entre la nuca y los hombros, y piensa que tus siete vértebras caben en un trozo mucho más corto.
  • Con tus dedos. Inclina la cabeza hacia delante y pasa suavemente los dedos por la parte de atrás del cuello. Notarás una fila de bultos pequeños: son partes de tus vértebras. Cuesta contarlas desde fuera, pero ahí están.
  • Con fotos. En un libro o en vídeos de zoológicos, busca imágenes de una jirafa y de un okapi y compara dónde parece acabar el cuello y dónde empiezan los hombros.

Si quieres leer más, el resumen de la Universidad de Tokio sobre el primer hueso del tórax está en internet (en inglés)[8].

Fuentes consultadas

  1. Universidad de Tokio, nota de prensa sobre el cuello de la jirafa (2016). https://www.a.u-tokyo.ac.jp/topics/2016/20160203-1.html (en inglés y japonés; siete vértebras y hasta 30 cm).
  2. La Nación (Argentina), «La razón de por qué las jirafas tienen el cuello largo según la ciencia». https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/mascotas/la-razon-de-por-que-las-jirafas-tienen-el-cuello-largo-segun-la-ciencia-nid11112024/ (en español; solo como comprobación).
  3. Agaba, M. y otros (2016), «Giraffe genome sequence reveals clues to its unique morphology and physiology», Nature Communications 7: 11519. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4873664 (en inglés; cuello por extensión de las siete vértebras, somitas y genes Hox).
  4. Galis, F. (1999), «Why do almost all mammals have seven cervical vertebrae? Developmental constraints, Hox genes, and cancer», Journal of Experimental Zoology 285. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10327647/ (en inglés; resumen).
  5. Varela-Lasheras, I. y otros (2011), «Breaking evolutionary and pleiotropic constraints in mammals», EvoDevo 2: 11. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3120709/ (en inglés; la restricción y sus excepciones).
  6. Böhmer, C. y otros (2018), estudio de las vértebras cervicales de los perezosos, BMC Evolutionary Biology. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5992679/ (en inglés; rangos de vértebras y desplazamiento de fronteras).
  7. Gunji, M. y Endo, H. (2016), «Functional cervicothoracic boundary modified by anatomical shifts in the neck of giraffes», Royal Society Open Science. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4785981 (en inglés; movilidad de la primera vértebra torácica).
  8. UTokyo FOCUS, artículo sobre el trabajo de Gunji y Endo. https://www.u-tokyo.ac.jp/focus/en/articles/a_00458.html (en inglés; unos 50 cm de alcance adicional).
  9. «The Cervical Osteology of Okapia johnstoni and Giraffa camelopardalis», PLOS ONE (2015). https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0136552 (en inglés; discusión sobre siete u ocho vértebras).

Leí las páginas de estas fuentes como texto web, a través de una herramienta que extrae pasajes; no descargué los PDF. Del artículo de Galis solo pude leer el resumen. Del de Gunji y Endo, el resumen y los pasajes sobre los métodos y la cuenta de vértebras; la cifra de 50 cm viene del resumen de la universidad, no de ese artículo. Del trabajo de Varela-Lasheras y otros leí los pasajes sobre las excepciones y la restricción, y dejé fuera sus cifras de incidencia en personas. La nota de La Nación se usó solo para comprobar cómo se divulga el dato. La imagen del tren es nuestra.

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