1. ¿Cuánto menos sensible es la palma que la punta de los dedos?
En 1979, Roland Johansson y Åke Vallbo, dos investigadores suecos, registraron la actividad de 334 fibras nerviosas del tacto en la piel sin vello de la mano de personas despiertas. Con esos datos estimaron cuántas unidades sensibles al tacto hay por centímetro cuadrado: unas 241 en la yema de los dedos y unas 58 en la palma [2]. Dividiendo, la palma tiene aproximadamente la cuarta parte.
Son estimaciones hechas a partir de las fibras que lograron registrar, no un conteo exacto de cada receptor. Aun así, explican algo que tú mismo puedes comprobar: con la yema distingues detalles muy finos, y con la palma no. Una revisión de 2013 sobre la fricción de los dedos añade que la yema concentra receptores muy sensibles a los detalles y a los pequeños deslizamientos [3].
¿Quiere decir eso que la palma es una «yema de dedo peor»? Más bien parece que hace otro trabajo, y se ve cuando agarramos algo.
2. Al agarrar algo con fuerza, ¿qué hace la palma?
El anatomista británico John Napier analizó en 1956 los movimientos de agarre de la mano y distinguió dos tipos principales. En el agarre de precisión, el objeto queda pellizcado entre las yemas de los dedos y el pulgar, que se coloca enfrente. En el agarre de fuerza, el objeto queda sujeto como en una pinza, entre los dedos doblados y la palma, y el pulgar, más o menos en el plano de la palma, hace presión desde el otro lado [1].
Piensa en el mango de un martillo o de un paraguas: lo agarras con el segundo tipo. Ahí la palma funciona como una superficie ancha contra la que se aprieta el objeto. Al sostener un lápiz para escribir, en cambio, mandan las yemas. Es una interpretación nuestra a partir de la clasificación de Napier, no una frase suya, pero encaja con lo anterior: dentro de una misma mano, la yema nota los detalles y la palma ayuda a sujetar el objeto con una superficie amplia, y cuál manda depende de lo que estés haciendo.
Para agarrar bien no basta con la forma de la mano. También importa lo resbaladiza que esté la piel, y ahí entra el sudor.
3. ¿Ayuda el sudor de la mano a agarrar mejor?
Puede parecer que una mano seca agarra mejor. Los experimentos dicen que no es tan simple. La revisión de Adams y sus colegas recoge que, al apoyar un dedo sobre un vidrio liso, la fricción puede aumentar mucho con el tiempo de contacto. Lo explican porque el sudor que sale de los poros tapa las pequeñas hendiduras entre las crestas de la piel. Sobre papel poroso, en cambio, la fricción baja [3]. Así que el efecto depende del material que tocas.
Otro estudio, de la Universidad de Gotemburgo y el centro Chalmers, en Suecia, trató a 13 personas con sudoración excesiva en las palmas (hiperhidrosis) con toxina botulínica, que reduce el sudor. Midieron con un objeto con sensores la fuerza de agarre y el «margen de seguridad», es decir, cuánta fuerza extra se aplica para que el objeto no se resbale. Al disminuir la sudoración bajó la fuerza de agarre de la mano dominante y también el margen de seguridad, y ambos fueron subiendo poco a poco cuando el sudor reapareció [4].
Conviene ser prudente: los participantes eran personas con hiperhidrosis, y el agarre medido fue el de precisión. Por eso no demuestra que, en cualquier persona, más sudor signifique más fuerza. Lo que sí indica es que la humedad de la piel forma parte de cómo trabaja la mano. No hemos encontrado una fuente que afirme que la mano suda «para» agarrar mejor, así que no lo afirmamos.
4. ¿Las huellas dactilares sirven para que no se resbalen los dedos?
Mucha gente cree que sí, y la idea llevaba más de cien años sin comprobarse directamente. En 2009, Peter Warman y Roland Ennos, de la Universidad de Mánchester, arrastraron una pieza de plástico acrílico liso sobre el dedo de Warman mientras medían la fricción. La piel no se comportó como un sólido duro, sino como el caucho: la fricción dependía del área de contacto. Y por culpa de los surcos de las huellas, en ese experimento el área de contacto con el acrílico fue un 33 % menor que si la yema fuese lisa [5]. Es decir, sobre superficies lisas las huellas no parecen aumentar la fricción.
Ese experimento solo usó superficies lisas, así que no dice nada seguro sobre superficies rugosas o mojadas. Ennos mencionó otras posibilidades, como ayudar a sujetar superficies ásperas, proteger la piel o drenar el agua [5].
Otro equipo propuso una explicación distinta, relacionada con el tacto. En 2009, Jérôme Scheibert y sus colegas pasaron un sensor con forma de dedo y «huellas» artificiales por superficies con textura, y sus resultados sugerían que las crestas ayudan a que las vibraciones lleguen a los receptores llamados corpúsculos de Pacini de una forma que facilita su procesamiento. En una adenda posterior, con un dedo real, registraron las variaciones de la fricción al recorrer una superficie con textura: cuando las huellas estaban orientadas perpendicularmente a la dirección del movimiento, aparecía un máximo claro en ese registro [6].
Las fuentes no coinciden en una respuesta única: ambas ideas siguen siendo hipótesis. Lo que sí sale de los dos trabajos es que la yema, con sus huellas, parece más una herramienta para sentir detalles que una simple superficie antideslizante, mientras que la palma aporta la superficie ancha sobre la que se apoya el objeto.
5. Cómo comparar tu palma y tus dedos con dos pruebas caseras
Primera prueba: pon sobre la mesa un papel rugoso y otro liso. Con los ojos cerrados, pásalos por la yema de un dedo y anota si notas la diferencia. Repite con la palma. Puede que tu resultado no sea igual al de los estudios, y está bien: cada mano es distinta.
Segunda prueba: agarra una botella o el mango de un paraguas justo después de lavarte y secarte las manos, y otra vez un rato después, con las manos secas en ambos momentos. ¿Cambia la sensación? Si no cambia, también es un resultado. Para comparar de verdad, intenta mantener igual la temperatura y lo seca que esté la mano.
Los artículos de Napier, Johansson y Vallbo, y Adams y colegas están en inglés, pero sus resúmenes se leen sin demasiada dificultad y son un buen punto de partida si quieres seguir investigando.