1. ¿Cuántos trámites japoneses dejaron de pedir el sello personal?
El 13 de noviembre de 2020, el ministro encargado de la reforma administrativa, Taro Kono, presentó las cifras. De los trámites en los que los ciudadanos o las empresas se dirigen a la administración del Estado, 14 992 pedían un sello, contando los documentos que se adjuntan. De ellos, 14 909 (más del 99 %) ya se habían abolido o estaban en proceso de abolición. Solo 83 seguían adelante[1].
Si divides 83 entre 14 992, sale algo más del 0,5 %: más o menos uno de cada 180 trámites (es un cálculo nuestro). Una advertencia importante: «preparar la abolición» no es lo mismo que «ya abolido». Esos 14 909 mezclan los casos ya decididos con los que estaban en camino, así que ese día no desapareció el sello de todos los papeles[1]. Además, la cifra solo cuenta trámites con la administración del Estado; no incluye los contratos entre particulares ni los papeles internos de las oficinas. Las noticias internacionales de aquellos días hablaban de «casi 15 000» procesos y de 83 excepciones, y señalaban que todavía no había un calendario fijado[3].
2. ¿Qué probaba en realidad el sello personal en un documento?
Por sí solo, menos de lo que parece: puede ayudar en un juicio, pero no es una prueba definitiva. Hay tres tipos de sello. Uno es el de uso diario, por ejemplo para aceptar un paquete. Otro es el «sello registrado», que se usa para algunos documentos importantes. Y otro es el que se declara al banco[1][2].
El ministro explicó que el sello de uso diario no sirve para comprobar quién eres, y que los sellos que no identifican a la persona se abolirían todos[1]. (Una forma de verlo, que es nuestra: la marca de tinta se ve igual la ponga quien la ponga.)
Tampoco era obligatorio para firmar un contrato. Un documento del propio gobierno, publicado el 19 de junio de 2020 por los ministerios de Economía, Justicia y la oficina del gabinete, lo dice claramente: en el derecho privado un contrato existe cuando las partes se ponen de acuerdo, y hacerlo por escrito o con sello no es un requisito, salvo que una norma lo exija[4].
¿Entonces el sello no valía de nada? Sí valía algo. La ley de procedimiento civil japonesa dice que, si un documento privado lleva el sello de la persona, se presume que esa persona lo preparó[2][4]. Pero es solo una presunción: ayuda en un juicio, no demuestra nada por sí sola, y la otra persona puede presentar pruebas en contra. El propio documento oficial concluye que un sello no da una seguridad total[4]. Una pista más que una prueba definitiva.
3. ¿Por qué la eliminación del sello llegó tan rápido en 2020?
La pandemia fue el empujón visible. Con más gente trabajando desde casa, algunas personas tenían que ir a la oficina solo para estampar un sello en un contrato[3]. El primer ministro Yoshihide Suga, que había asumido el cargo en septiembre de 2020, quería más herramientas digitales para simplificar los trámites[3]. El Q&A de junio de 2020 ya recomendaba, por la misma razón, quitar los sellos innecesarios y sustituirlos por otros medios cuando un documento importante necesitara una garantía[4].
Hay una razón práctica detrás: mientras un trámite exija estampar un sello sobre papel, no se puede hacer entero por internet. Quitar el sello abre la puerta a hacerlo en línea. Por eso los sellos se trataron como la puerta de entrada a los trámites en línea (esta es una explicación nuestra, no una cita de las fuentes).
4. ¿Qué tienen en común los 83 trámites que sí conservaron el sello?
Según el ministro, todos tienen que ver con certificados de sello registrado, con inscripciones en registros, o con sellos entregados a un banco, entre otros casos[1]. Un ejemplo que citó la prensa fue el registro de automóviles[3].
Una forma sencilla de verlo (es una interpretación nuestra, no una frase del ministro) es esta: en esos casos hay algo que une el sello con una persona concreta o con un registro público. El del banco se puede comparar con la huella declarada antes. Un registro guarda quién tiene qué derecho. En cambio, el sello de uso diario no tiene ese respaldo.
Estas cifras son de noviembre de 2020. Cuántos de los 83 se mantienen hoy no lo hemos comprobado; las páginas del gobierno japonés recogen los resultados de cada ministerio[5].
5. ¿Qué cambió después en las oficinas locales y en las leyes?
El gobierno central publicó un manual para que los ayuntamientos y las provincias hicieran la misma revisión. Según la página oficial del gabinete, el manual explica cómo trabajó el Estado e incluye un equipo de trabajo, un orden de pasos y criterios para decidir; la versión es del 18 de diciembre de 2020[5].
Es decir, la revisión no se quedó en los ministerios: se ofreció una guía para las administraciones locales. Cómo la aplicó cada ayuntamiento y qué leyes se cambiaron después no lo hemos verificado, y por eso no lo contamos aquí.
Observa en casa: ¿qué documentos de tu familia piden una firma y cuáles no?
Busca documentos de tu familia: un boletín escolar, un contrato de teléfono, un formulario de la escuela. ¿Piden firma? ¿Algo más, como un sello de la oficina o una huella? Pregunta a un adulto qué pasaría si faltara. ¿Cómo sabe la otra persona que lo firmó realmente esa persona?
Si tienes curiosidad, puedes buscar el texto original de la rueda de prensa de Kono y el documento de preguntas y respuestas sobre sellos de 2020 (están en japonés, pero un traductor automático sirve para leer las cifras).