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¿Por qué sonreímos cuando estamos contentos y puede la sonrisa cambiar cómo nos sentimos?

Categoría: El cuerpo

En los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Atenas 2004, unos investigadores fotografiaron a atletas de judo durante los combates y las ceremonias de medallas. Algunos eran ciegos de nacimiento y, por tanto, no habían visto jamás una sonrisa. Aun así, sus caras se movían casi igual que las de los atletas que sí ven [2].

Esto lleva a dos preguntas. ¿Por qué la cara se ilumina cuando estamos contentos? Y al revés: si forzamos una sonrisa, ¿nos sentimos mejor? Aquí verás qué músculos intervienen, qué dice el caso de los atletas ciegos y qué pasó cuando 17 laboratorios repitieron un experimento muy famoso.

1. Qué músculos mueven la cara en una sonrisa de verdad

Una sonrisa dura muy poco: normalmente entre dos tercios de segundo y cuatro segundos. En ese instante trabajan dos músculos. El cigomático mayor, en la mejilla, tira de las comisuras de los labios hacia arriba. El orbicular de los ojos, el músculo que rodea cada ojo, arruga las esquinas externas y forma las «patas de gallo» [1].

Muchos psicólogos llaman «sonrisa de Duchenne» a la sonrisa en la que se mueven ambos músculos, y la han asociado con el disfrute genuino. El nombre viene de Guillaume Duchenne, un anatomista francés que estudió las expresiones estimulando músculos de la cara con corrientes eléctricas. En su libro de 1862 escribió que el cigomático mayor se puede mover a voluntad, pero que solo las «dulces emociones del alma» hacen contraerse al orbicular de los ojos [1].

Otras sonrisas no nacen de la alegría: pueden mostrar vergüenza, engaño o incluso pena [1]. Por eso la pregunta de fondo es otra: ¿aprendemos a poner esta cara al crecer, o viene con nosotros?

2. Qué muestran los atletas ciegos de nacimiento sobre si la sonrisa se aprende

Una forma de averiguarlo es comparar a personas que ven con personas ciegas de nacimiento: estas últimas no pueden copiar las caras de los demás. El psicólogo David Matsumoto, de la Universidad Estatal de San Francisco, comparó las expresiones de atletas de judo que ven y de atletas ciegos en Atenas 2004. Analizó más de 4.800 fotografías de deportistas de 23 países [2].

El resultado fue sorprendente: «La correlación estadística entre las expresiones de las personas que ven y las ciegas fue casi perfecta», dijo Matsumoto. Para él, eso sugiere que algo que llevamos en los genes está en el origen de las expresiones de las emociones [2]. Es una buena pista, no una prueba cerrada: la ciencia casi nunca se apoya en un solo estudio, y no se puede descartar del todo que las personas ciegas aprendan algo por otras vías, como la voz o el contacto con su familia. Esa precaución es una interpretación de este artículo, no una frase del estudio.

Las fotos mostraron algo más. En la ceremonia de medallas, el 85 % de los medallistas de plata, que acababan de perder la final, hicieron «sonrisas sociales», en las que solo se mueve la boca. En cambio, la sonrisa verdadera (la de Duchenne) también estrecha los ojos y sube las mejillas [2]. Matsumoto señaló que quien es ciego de nacimiento no pudo aprender a controlar así sus emociones mirando a otros, así que esto apunta a que intervienen también mecanismos distintos de la imitación visual [2].

Entonces la cara sigue a la emoción, al menos en parte, sin que nadie nos lo enseñe. ¿Puede ocurrir también al revés?

3. Qué pasó cuando 17 laboratorios repitieron el experimento del bolígrafo

En 1988, Fritz Strack y sus colegas pidieron a unas personas que valoraran lo graciosas que eran unas viñetas de humor mientras sujetaban un bolígrafo con la boca. Con el bolígrafo entre los dientes, la boca se parece a una sonrisa. Con el bolígrafo entre los labios, se parece a un gesto de disgusto. Quienes lo sujetaban con los dientes puntuaron las viñetas como más graciosas: 5,14 frente a 4,32 en una escala de 0 a 9, una diferencia de 0,82 puntos [3].

El estudio se citó muchísimo y llegó a los libros de texto, pero nunca se había repetido exactamente igual. En 2016, 17 laboratorios independientes lo hicieron con un mismo protocolo revisado de antemano. La diferencia que encontraron fue de 0,03 puntos, con un intervalo de confianza del 95 % entre −0,11 y 0,16 [3]. Es decir, casi nada: no vieron el efecto que se esperaba.

Esto no demuestra que el estudio original estuviera «mal hecho»; significa que, repetido con ese método, el resultado no apareció. Así funciona la ciencia: una sola prueba, por famosa que sea, no basta.

4. Sonreír y el ánimo: lo que dicen las revisiones más grandes

Un equipo de las universidades de Tennessee y Texas A&M reunió 138 estudios con más de 11.000 participantes de todo el mundo. Según la nota de prensa, encontró que las expresiones de la cara influyen en lo que sentimos, pero poco. El efecto es «pequeño y variable». Su autor principal, Nicholas Coles, lo dijo así: «No creemos que la gente pueda sonreír hasta ser feliz» [4].

En 2022, el proyecto Many Smiles reunió a investigadores con opiniones opuestas, entre ellos Fritz Strack, el autor del experimento original. Participaron 3.878 personas de 19 países, con laboratorios también en España y Colombia. Tareas como imitar fotos de sonrisas o mover a propósito los músculos de la cara aumentaron las sensaciones de alegría. Con el bolígrafo en la boca, en cambio, las pruebas fueron menos concluyentes [5].

Juntando todo, una lectura prudente es esta: la cara y el ánimo pueden influirse un poco, según cómo se haga el gesto, pero no hay un truco seguro para ser feliz solo con sonreír. Un titular que prometa lo contrario va más lejos que las investigaciones.

5. Cómo observar tu propia sonrisa frente al espejo

Ponte frente a un espejo y haz una sonrisa a propósito. Después recuerda algo que de verdad te hizo reír y fíjate en las esquinas de los ojos y en las mejillas. ¿Notas diferencias? Si no ves ninguna, no pasa nada: la sonrisa es un gesto complejo, y no siempre se distingue a simple vista.

Si quieres seguir investigando, busca «hipótesis de retroalimentación facial» o «sonrisa de Duchenne», y lee los resúmenes de los estudios que aparecen abajo.

Fuentes

  1. Association for Psychological Science, «The Psychological Study of Smiling», Observer (2010). https://www.psychologicalscience.org/observer/the-psychological-study-of-smiling (Leído el comienzo del artículo, no completo. Músculos, duración de la sonrisa y el libro de Duchenne de 1862.)
  2. ScienceDaily (2008), nota de la Universidad Estatal de San Francisco sobre el estudio de Matsumoto en Journal of Personality and Social Psychology. https://sciencedaily.com/releases/2008/12/081229080859.htm (Leída la nota completa, no el artículo original. Fotos de Atenas 2004, 23 países, 85 % de sonrisas sociales.)
  3. Wagenmakers et al. (2016), «Registered Replication Report: Strack, Martin, & Stepper (1988)», Perspectives on Psychological Science. https://pure.uva.nl/ws/files/14872420/Registered_Replication_Report.pdf (Leídos el resumen y la introducción; las cifras 0,82, 5,14, 4,32, 0,03 y el intervalo salen del texto.)
  4. ScienceDaily (2019), nota de la Universidad de Tennessee sobre el metaanálisis de Coles, Larsen y Lench en Psychological Bulletin. https://www.sciencedaily.com/releases/2019/04/190412094728.htm (Leída la nota completa, no el artículo original.)
  5. Coles et al. (2022), «A multi-lab test of the facial feedback hypothesis by the Many Smiles Collaboration», Nature Human Behaviour. https://doi.org/10.1038/s41562-022-01458-9 (Solo se pudo leer el resumen, a través de Europe PMC; la página de la revista no cargó. Las afiliaciones en España y Colombia salen de la lista de autores.)

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