El «hip» es el sonido de una garganta que se cierra justo cuando entra el aire
Debajo de los pulmones hay un músculo ancho, el diafragma. Normalmente se contrae poco a poco y hace que el aire entre al respirar. En el hipo, ese músculo se contrae de golpe, de forma involuntaria, y el aire intenta entrar con fuerza [1].
Entonces ocurre la segunda parte. La glotis, el espacio entre las cuerdas vocales, se cierra de forma súbita y frena la entrada de aire. Ese cierre es lo que produce el sonido característico [1] [2]. No es una puerta que se cierra, sino unos pliegues de la garganta que se juntan, pero la imagen ayuda: el aire llega y se encuentra el paso cerrado.
Por eso el hipo no suena como una tos ni como un suspiro. Es un movimiento de inspiración interrumpido en seco, y el «hip» es el ruido de esa interrupción.
La orden del hipo sale de un centro nervioso, no de tu decisión
El hipo funciona como un reflejo. Los nervios vago y frénico llevan señales a un centro nervioso situado entre el bulbo raquídeo y la parte alta de la médula del cuello. Desde allí parte la orden de contraer el diafragma y, casi a la vez, de cerrar la glotis [2].
Como ese circuito se activa solo, tú no puedes apagarlo diciéndole «para». Una forma de imaginarlo es el parpadeo ante un golpe de luz: tu voluntad llega tarde. El manual MSD lo resume como la irritación de los nervios que van al diafragma o de los centros del bulbo que controlan los músculos de la respiración [1].
La mayoría de los hipos no tienen una causa clara
Si el circuito es tan simple, ¿qué lo dispara? Las fuentes dan varias pistas, pero ninguna regla segura. El manual MSD menciona como causas habituales de hipo pasajero la distensión del estómago, el alcohol y tragar sustancias muy calientes o irritantes [1]. MedlinePlus añade la comida picante, las cirugías abdominales o ciertos vapores nocivos, y aclara que por lo general no hay una causa específica [3].
Esto explica algo que seguramente has notado: la misma comida puede darte hipo un día y nada al siguiente. Y es común en recién nacidos [3].
Nadie sabe del todo para qué sirve el hipo
Los resúmenes médicos consultados describen cómo ocurre el hipo, pero no explican para qué existe. Lo que sí señalan es que aparece muy pronto: se detecta incluso en el feto desde el tercer trimestre del embarazo [2].
Hay hipótesis, y conviene llamarlas así. Un artículo divulgativo en inglés [4] recoge tres: que sea una herencia de nuestros antepasados que pasaron de respirar con branquias en el agua a respirar con pulmones en tierra, que ayude a que ni el feto ni el bebé que mama se atraganten, o que sirva de entrenamiento para los músculos respiratorios antes de nacer. Esa misma fuente deja claro que los científicos todavía no saben por qué el cerebro pone en marcha todo el proceso. Ninguna de las tres ideas está confirmada.
Los remedios habituales: qué dicen las fuentes y qué no dicen
Seguro que a ti te han dicho que hay que asustarse, beber agua o contener la respiración. Las fuentes consultadas sí citan maniobras de este tipo. MedlinePlus sugiere beber agua fría, tomar una cucharadita de azúcar o contener la respiración [3]. El manual MSD menciona las inspiraciones profundas mantenidas y estimular la garganta, por ejemplo con pan seco, azúcar o hielo [1].
Lo que no encontramos en ellas son datos que midan cuánto funcionan, ni a cuánta gente. Por eso no las presentamos como soluciones seguras: son intentos habituales, no remedios probados. Un hipo corriente se acaba solo, normalmente en unos minutos [3].
Cuando el hipo dura más de 48 horas, deja de ser una simple molestia
Los médicos clasifican el hipo por su duración. Si dura más de 48 horas se considera persistente, y si pasa de un mes, resistente al tratamiento [1]. La Clínica Universidad de Navarra explica que estas formas son raras y suelen apuntar a una causa subyacente que conviene estudiar [2].
MedlinePlus recomienda consultar si el hipo continúa más de unos cuantos días [3]. MSD marca 48 horas y MedlinePlus habla de unos cuantos días; lo prudente es decírselo a un adulto y pedir una revisión si el hipo se alarga o te impide comer o dormir. Los tratamientos médicos para estos casos los decide un profesional, no se improvisan en casa.
Cómo comprobarlo tú mismo con una mano sobre el abdomen
La próxima vez que te dé hipo, deja de pelearte con él un momento y obsérvalo. Apoya una mano con suavidad sobre la parte alta del abdomen. Al llegar cada «hip» notarás un pequeño salto, el músculo que se contrae de golpe, y el sonido llega al final de ese movimiento, cuando la glotis corta el aire.
Si quieres ir más allá, lee las páginas sobre hipo del manual MSD y de MedlinePlus que aparecen abajo, y fíjate en cuánto dicen y en cuánto dejan sin explicar.