1. El "tono mosquito": un sonido de 17.000 hercios que solo oyen los jóvenes
El sonido emitido por ese dispositivo se conoce como "tono mosquito" y tiene una frecuencia de 17.000 hercios. Los hercios indican el número de vibraciones por segundo; cuanto mayor es el número, más agudo es el sonido. Esta frecuencia se encuentra en el extremo superior del rango audible para los seres humanos [1]. Los reportes de 2006 señalaron que la mayoría de las personas no podía percibir este tono para cuando llegaban a los 25 años. Sin embargo, existe variabilidad individual: no significa que todos pierdan la audición exactamente ese día, sino que era una referencia general de aquel año. La pregunta es dónde se origina esta diferencia entre lo que oyen los adolescentes y lo que perciben los adultos.
2. El caracol del oído: dónde se procesan los sonidos agudos
En el interior del oído se encuentra el caracol, un órgano con forma de molusco. Dentro de él hay una membrana basilar sobre la cual se disponen las células ciliadas. Las células ubicadas en la parte más ancha de la cóclea, son las encargadas de detectar los sonidos agudos, mientras que otras zonas procesan frecuencias diferentes. Por ejemplo, el llanto de un bebé, que es agudo, se capta en esa zona de entrada [2]. Esto funciona de manera similar a una caja de música: así como la altura del sonido depende de la longitud de cada diente, en el caracol la posición de cada célula determina la frecuencia que detecta. La diferencia es que en el caracol, las células ciliadas generan señales en respuesta al sonido. Gracias a esta distribución, el cerebro identifica la altura del tono según la ubicación de la célula que envió la señal. Pero, ¿cómo convierten estas células el sonido en señales nerviosas?
3. Cómo se doblan los cilios del caracol para crear la señal eléctrica del sonido
Cuando el sonido llega al caracol, los cilios de las células ciliadas se doblan. En las puntas de estos cilios hay canales que se abren al curvarse, permitiendo que sustancias químicas entren en la célula y generen una señal eléctrica [2]. Esta señal viaja por los nervios hasta el cerebro, donde se interpreta como sonido. Por lo tanto, la flexión de los cilios es el primer paso para convertir el sonido en información neural. Si disminuye el número de células, las frecuencias que esas zonas procesaban se convierten en señales con mayor dificultad. En la pérdida de audición relacionada con la edad, se considera que la causa principal es la reducción de células sensoriales en el caracol con el paso de los años [3]. Y esta pérdida no ocurre al azar, sino que comienza en una zona específica.
4. Por qué las células de la entrada del caracol se dañan primero con la edad
Generalmente, la pérdida de audición por la edad afecta primero los sonidos agudos. Una publicación oficial de la prefectura de Tochigi explica que la dificultad para oír aumenta gradualmente desde los tonos más altos [4]. Un resumen de investigación indica que las células ciliadas sensibles a los agudos son más vulnerables al daño por ruido o medicamentos, y son las primeras en perderse con el envejecimiento [5]. No obstante, la información proviene de un extracto de búsqueda. Aún no se conoce por completo por qué estas células son más vulnerables. Existe una hipótesis relacionada con las diferencias en la regulación del calcio, pero no se ha confirmado una relación causal definitiva. Lo que sí es claro es el desafío de recuperar las células que se han perdido.
5. Cómo la pérdida de sonidos agudos dificulta entender las consonantes del lenguaje
Cuando la percepción de los sonidos agudos disminuye, las consonantes que contienen muchas frecuencias altas, como las "sa" y "ka" en japonés, se vuelven más difíciles de distinguir que otros sonidos [3]. No se trata de que el sonido desaparezca por completo, sino de que partes del lenguaje se vuelven borrosas. En la información médica de Japón, se señala que muchas personas comienzan a presentar síntomas a finales de los 60 años, y que al llegar a los 80, más del 80 % de los hombres y más del 70 % de las mujeres muestran signos de presbiacusia [3]. Estos datos dependen de los criterios de diagnóstico y no aplican a todos. Por otro lado, una agencia nacional de Estados Unidos indica que aproximadamente una de cada tres personas entre 65 y 74 años, y casi la mitad de quienes tienen 75 años o más, tienen dificultades auditivas [6]. Como estos son datos estadounidenses, no se pueden comparar directamente con los japoneses debido a las diferencias en los métodos de estudio. Surge entonces la duda: ¿las células ciliadas dañadas pueden recuperarse?
6. Por qué las aves recuperan las células auditivas y los humanos no
Noticias de investigación de la Universidad de Kyoto explican que en los mamíferos, incluidos los humanos, las células ciliadas auditivas no se regeneran una vez que se dañan. Por ello, la pérdida de audición causada por este daño no suele revertirse naturalmente [7]. En cambio, en las aves, cuando las células ciliadas se lesionan, las células de soporte cercanas generan nuevas células ciliadas [7]. A pesar de ser ambas células del oído, el destino tras el daño es distinto en aves y humanos. Investigar por qué los humanos no pueden regenerarlas es una de las grandes preguntas en el estudio de la audición. Si se encuentra la respuesta, podría abrir nuevas vías para tratar oídos dañados por la edad o el ruido.
7. Cómo preguntar a las personas cercanas sobre su audición
Antes de preguntar a alguien cercano sobre su audición, pregunta primero si quiere hablar del tema. Si acepta, puedes preguntar: "¿Qué trucos te ayudan cuando escuchas una conversación?". Las respuestas varían: algunas personas tienen dificultades con los agudos y otras no. Para leer las fuentes originales, la noticia de investigación de la Universidad de Kyoto está disponible en japonés [7]. Puedes comparar cómo los expertos describen la regeneración en aves frente a los mamíferos. También hay material de la prefectura de Tochigi y información médica [4]. Al comparar las explicaciones de instituciones públicas con la información médica, notarás que describen el mismo fenómeno con enfoques diferentes.