2. ¿Por qué tantas chaquetas llevan poliéster o nailon?
El nailon lo produjo por primera vez el químico Wallace Carothers, de la empresa DuPont, el 28 de febrero de 1935. Fue la primera tela totalmente sintética, y el Museo de la Ciencia de Londres cuenta que ofrecía mucha más resistencia mecánica y más resistencia al calor y al agua que cualquier fibra artificial anterior [2].
Esa combinación explica buena parte del éxito de las fibras sintéticas en la ropa para la lluvia: son fuertes y no se empapan con facilidad. Pero «no se empapa» no significa «no deja pasar el agua». Una tela de nailon o de poliéster, por sí sola, deja pasar el agua entre los hilos; para frenar bien la lluvia hace falta además un tejido muy cerrado, un tratamiento o una capa especial.
Y aparece otro problema: si la chaqueta no deja pasar el agua, tampoco deja salir el vapor del sudor. Esa es la pregunta que resuelve la siguiente sección.
3. ¿Cómo puede una chaqueta frenar la lluvia y dejar salir el sudor?
Ese es el truco de membranas como la de Gore-Tex, una película delgadísima que se coloca dentro de la tela. Según el fabricante, tiene unos 9 000 millones de poros por pulgada cuadrada (una pulgada cuadrada son unos 6,45 cm², así que son unos 1 400 millones de poros por cm²) [3].
El tamaño de cada poro está elegido entre dos medidas. Según el fabricante, es unas 20 000 veces más pequeño que una gota de agua, y por eso ayuda a frenar la lluvia. Pero es unas 700 veces más grande que una molécula de vapor de agua, así que el sudor que se evapora sí puede salir [3]. La capa exterior lleva además un tratamiento repelente que hace que el agua forme gotas y resbale [3].
El fabricante explica por qué le importa dejar salir el sudor: la ropa mojada pierde calor unas tres veces más rápido que la seca [3]. Un pequeño aviso: todas estas cifras salen de la propia empresa que vende el producto. Son su explicación, no mediciones hechas por un laboratorio independiente.
4. ¿Por qué sigue habiendo chaquetas de lana si casi no se produce?
Porque producir poco no es lo mismo que servir poco. La lana es pelo de oveja, y cada fibra tiene curvas. Según una empresa sueca de ropa de lana, cuantas más curvas tiene la fibra, más aire atrapa y mejor aísla [4].
La misma fuente dice que la lana puede absorber hasta un 30 % de su peso en humedad sin sentirse mojada y que, al absorberla, desprende un poco de calor, de modo que abriga incluso cuando está algo húmeda [4]. Es una fuente comercial, así que conviene tomarlo como la explicación de quien vende lana, no como una medición de laboratorio.
Compárala con el problema de la sección anterior: el sudor. La lana también puede ayudar a manejar la humedad, aunque lo hace de otra manera: no es una membrana que deja salir el vapor por poros, sino una fibra que absorbe humedad.
5. ¿Qué aportan el cuero y las plumas a una chaqueta?
El cuero es piel de animal «curtida». Una piel sin tratar se seca, se pone rígida y acaba pudriéndose. El curtido es un proceso químico que ayuda a estabilizar la piel y a frenar su descomposición [5]. Se puede curtir con taninos de plantas, como los del roble o el castaño, un método lento cuyo proceso puede durar hasta dos años, o con sales de cromo, que acortan mucho el proceso [5]. Por eso el cuero curtido puede resistir bien el uso, aunque su duración depende del tipo de cuero y del tratamiento.
Las chaquetas de plumas se rellenan con plumón, la capa suave que crece bajo las plumas exteriores de patos y gansos. Cada mota de plumón es una pequeña bola de miles de filamentos, sin cañón (la parte dura de una pluma normal), y según un laboratorio de pruebas del sector atrapa más aire por peso que cualquier relleno sintético [6]. Ese aire quieto es el que frena la salida del calor [6].
Fíjate en la idea común: el cuero protege y dura, el plumón atrapa aire, la lana convive con la humedad y la membrana separa lluvia y vapor. Cada material es la respuesta a un problema distinto.
6. ¿De qué está hecha tu chaqueta? Léela y súmalo
Si tienes una chaqueta a mano, busca la etiqueta interior. Si no, imagina qué materiales tendría una chaqueta que conoces. En la etiqueta verás nombres de fibras con porcentajes, por ejemplo «80 % poliéster, 20 % nailon». Si no hay etiqueta, no te preocupes: no hace falta buscarla a la fuerza.
Suma los porcentajes de las fibras sintéticas (poliéster, nailon, acrílico) y compáralos con el resto. Luego piensa: ¿qué problema crees que resuelve cada material en esa chaqueta, la lluvia, el sudor o el frío? Si tienes varias chaquetas, compara cuál lleva más fibras sintéticas y cuál menos, y si se sienten distintas al usarlas.
Ojo con una comparación: tu chaqueta no tiene por qué parecerse al 59 % mundial. Esa cifra habla de todas las fibras del mundo, no de una prenda concreta.