1. La respuesta corta: Wheeler la hizo famosa, pero no está claro que la inventara
En diciembre de 1967, Wheeler dio una conferencia en Nueva York en la que habló de «agujeros negros». Durante décadas se contó esa fecha como el nacimiento del nombre. Wheeler, que murió en 2008, recordaba que unas semanas antes, en otra charla, alguien del público, tras oírle repetir una expresión larguísima, le preguntó: «¿Por qué no lo llama agujero negro?».[1]
Es decir, la versión del propio Wheeler es que la idea vino de otra persona. Y ahora viene lo interesante: la historia tiene más capas, porque la palabra aparece en documentos anteriores a esa conferencia.[1]
2. Por qué le hacía falta un nombre corto a lo que Wheeler estudiaba
La expresión que Wheeler repetía era «objeto completamente colapsado por la gravedad» (en inglés, gravitationally completely collapsed object).[1] Describe bien la idea: una estrella o una masa tan comprimida por su propia gravedad que ni siquiera la luz puede escapar. Pero imagina tener que decirla veinte veces en una charla, o escribirla en cada párrafo de un artículo.
Un nombre corto y fácil de imaginar cambia las cosas. «Agujero negro» se puede pronunciar en un segundo, se entiende sin fórmulas y se recuerda. Con una palabra así, más personas pueden hablar del mismo objeto, discutirlo y hacerse preguntas. Esa es la idea central de esta historia: a veces una buena palabra ayuda a la ciencia casi tanto como un buen cálculo.
3. Dónde apareció «agujero negro» antes de la conferencia de Wheeler
La periodista científica Marcia Bartusiak, que investigó la historia de los agujeros negros, encontró que el término inglés black hole ya se había dicho en diciembre de 1963, en el primer Simposio de Texas sobre Astrofísica Relativista, celebrado en Dallas. No se sabe quién lo pronunció. Wheeler habló en ese congreso, pero no hay constancia de que fuera él quien lo usó allí.[1]
Sí quedó por escrito poco después. La revista Science News Letter publicó el 18 de enero de 1964 una nota titulada «“Black Holes” in Space», firmada por la periodista Ann Ewing, y pocos días después, el 24 de enero, la expresión apareció también en la revista Life.[1][2] Esto nos deja una situación curiosa: sabemos dónde y cuándo se imprimió, pero no quién la dijo primero.
Lo que sí se puede afirmar es que la expresión ya aparece en documentos anteriores a la conferencia de Wheeler de 1967, aunque no sabemos quién la dijo primero. Por eso, una forma de resumir la historia es esta: no es seguro quién la inventó, y a Wheeler se le atribuye haber contribuido a popularizarla entre los científicos.[1]
4. «Agujero de gusano»: otro nombre que ayudó a imaginar una idea difícil
Wheeler es conocido por haber elegido nombres para ideas complicadas. Uno de los más famosos es «agujero de gusano» (wormhole en inglés). Wheeler firmó en 1957 con Charles Misner el trabajo «Classical physics as geometry».[3] Se suele atribuir a Wheeler el nombre, aunque esa atribución viene de fuentes secundarias (ver la nota de la fuente [3]).
Una aclaración importante para quien ha visto películas: en la física de aquellos años, el «agujero de gusano» era una posibilidad matemática. Las historias de ciencia ficción en las que una nave atraviesa un agujero de gusano y aparece en otra galaxia van mucho más allá de lo que se sabe.
5. «It from bit»: la pregunta con la que Wheeler quiso seguir pensando
Ya mayor, Wheeler propuso otra frase: it from bit, algo así como «lo físico viene de la información». En un texto de 1990 resumió la idea así: cada cantidad física, cada «it» (cada cosa), obtiene su significado último de «bits», es decir, de respuestas de sí o no.[4]
No es una ley comprobada, sino una apuesta sobre cómo podría estar construido el mundo. Wheeler la presentó como una conclusión a la que lo llevaba la física cuántica, y no como un hecho cerrado. Por eso sirve de ejemplo de otro tipo de nombre: no el de algo que ya vemos, sino el de una pregunta que todavía se está investigando.
6. Qué nos enseña esta historia sobre ponerle nombre a las cosas
Volvamos a la pregunta del título. Con lo que sabemos: Wheeler no es un dueño seguro de «agujero negro», pero sí es quien más ayudó a que esa palabra se extendiera. Y quedan misterios abiertos, como la identidad de la persona que la dijo en Dallas. La historia de las palabras científicas se parece a la de los inventos: a veces no hay un solo autor, sino una cadena de personas.
Wheeler murió en 2008, a los 96 años.[5] Mucha gente lo recuerda más por sus palabras y por los estudiantes que formó que por una sola ley con su nombre, y eso dice algo: nombrar bien también es una forma de investigar.
7. Para seguir investigando por tu cuenta
- Elige un fenómeno de tu vida diaria que no tenga un nombre cómodo (por ejemplo, ese olor a tierra mojada cuando empieza a llover) y proponle uno corto. ¿Lo entendería alguien sin explicación?
- Busca cuándo empezó a usarse en español «agujero negro» y quién lo puso por escrito. Es una pregunta que este artículo no responde, y puede ser tu pequeño descubrimiento.
- Busca en la hemeroteca de Science News la nota de 1964 y compara cómo se explicaba entonces la idea.