1. Por qué era tan difícil separar la bacteria del tétanos de las demás
Para saber qué microbio causa una enfermedad, los científicos de la época de Robert Koch querían un «cultivo puro»: una población de una sola especie, crecida en el laboratorio. Si hay varias especies revueltas, no se sabe cuál hace el daño.
La bacteria del tétanos (Clostridium tetani) lo ponía difícil por dos razones. Vive en el suelo y en el intestino de animales y personas, así que las muestras llegan llenas de otros microbios [2]. Y no puede crecer en presencia de oxígeno, de modo que los métodos habituales de cultivo, que usaban aire con oxígeno, no le servían. Kitasato resolvió cada problema por separado: primero «limpiar» la mezcla y después darle a la bacteria un ambiente sin oxígeno.
2. Cómo el calor eliminó a las otras bacterias y dejó a la del tétanos
La clave está en las esporas. Cuando las condiciones se vuelven duras, esta bacteria forma una estructura resistente llamada espora, en la que queda «dormida». Las esporas del tétanos aguantan el calor y la mayoría de los antisépticos, y pueden sobrevivir años [2].
Kitasato aprovechó justo eso. Según la biografía científica que consultamos, calentó a 80 °C durante 45 a 60 minutos una mezcla de la bacteria del tétanos y otras; las esporas resistieron esa temperatura, mientras que muchas bacterias que no forman esporas murieron [1]. Fíjate en la idea: el calor no se usó para destruir todo, sino para elegir. Lo que sobrevive a 80 °C es, en buena parte, lo que buscaba. Aun así, quedaba un obstáculo: ¿dónde hacerla crecer sin aire?
3. Cómo se hizo crecer la bacteria sin oxígeno: un ambiente de hidrógeno
Con las esporas ya separadas, Kitasato las cultivó en una atmósfera de hidrógeno [1]. Así se creó un ambiente sin oxígeno en el que esta bacteria sí podía multiplicarse. Con los dos pasos juntos —calor para seleccionar, hidrógeno para cultivar— obtuvo en 1889 el primer cultivo puro de la bacteria del tétanos [1].
Los detalles del aparato varían según el relato que se consulte, y aquí no los damos. Tampoco hace falta saberlos para entender el logro: ninguno de los dos pasos habría bastado por sí solo. Y una advertencia: el hidrógeno es un gas inflamable, así que esto es un trabajo para laboratorios, no para casa.
4. Qué se pudo estudiar con la bacteria aislada: la toxina y la antitoxina
Con la bacteria sola, se podía estudiar qué hace dentro del cuerpo. Hoy sabemos que el daño del tétanos viene de una toxina que produce la bacteria cuando crece en una herida [2]. En 1890, Kitasato publicó con Emil von Behring un trabajo sobre la inmunidad al tétanos y a la difteria [1].
La idea central fue esta: el suero (la parte líquida de la sangre) de un animal que ha desarrollado defensas puede proteger a otro animal. Según la biografía científica, inyectar ese suero a animales sin inmunidad tenía un efecto preventivo y curativo frente al tétanos, y fue una demostración temprana de que un suero inmune puede proteger frente a una enfermedad infecciosa [1]. Es el origen de la «sueroterapia»: pasar defensas ya fabricadas de un cuerpo a otro. Los científicos de entonces las llamaron antitoxinas, y hoy hablamos de anticuerpos [3].
5. Quién recibió el primer Nobel de Medicina por la sueroterapia
En 1901 se entregó por primera vez el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Lo recibió Emil von Behring, él solo, «por su trabajo sobre la sueroterapia, especialmente su aplicación contra la difteria» [3]. Kitasato no figura entre los premiados. Las fuentes que leímos no explican por qué, y no vamos a adivinarlo; lo que sí consta es que su trabajo de 1889 y 1890 forma parte de la misma historia.
6. Qué relación tiene todo esto con las vacunas contra el tétanos de hoy
Las esporas siguen ahí: están por todas partes en el entorno, sobre todo en la tierra, y entran al cuerpo por cortes o heridas. El tétanos no se contagia de una persona a otra [2]. Lo que protege hoy es la vacuna con toxoide tetánico, es decir, la toxina modificada para que no haga daño pero sí enseñe al cuerpo a reconocerla [2].
Las cifras muestran lo que ha cambiado: según la OMS, en 2021 murieron poco más de 7700 recién nacidos por tétanos neonatal, un 84 % menos que en 2000, en gran parte por la ampliación de la vacunación [2]. MedlinePlus recuerda que, en el calendario de ese país, los adultos reciben un refuerzo cada 10 años y que conviene consultar a un médico tras una herida profunda [4]. Los calendarios varían de un país a otro, así que lo mejor es preguntar en tu centro de salud.
7. Qué puedes revisar tú: tu registro de vacunas y las fuentes originales
Pregunta a un adulto si en casa hay un registro o una tarjeta de vacunas, y busca si aparece el tétanos, a veces escrito como «Td», «DTP» o «DT». Si no lo encuentras, no pasa nada: el centro de salud puede decírtelo.
Y si te quedó la curiosidad por el método, te dejamos una pregunta para seguir: ¿qué otras características de un microbio (resistencia al calor, necesidad de aire, preferencia de temperatura) se pueden usar para separarlo de los demás? Las fuentes de abajo son un buen punto de partida.