1. Las hojas no son la comida: son el material para cultivar un hongo
Las cortadoras de hojas (los géneros Atta y Acromyrmex) viven en las regiones cálidas de América. Cortan trozos de hojas frescas y los llevan al nido, pero no los comen. En cámaras subterráneas colocan ese material sobre un hongo y lo cuidan. El hongo crece sobre las hojas, las va descomponiendo y forma unas hinchazones diminutas en sus hilos, llamadas gongilidios. Los gongilidios son un alimento para las hormigas[1].
Es una relación de beneficio mutuo, o simbiosis. Las hormigas le dan al hongo comida (hojas), protección y un lugar donde crecer. El hongo les da a ellas su alimento. Un estudio con Acromyrmex echinatior describe el jardín como hojas cubiertas por los hilos (hifas) de un hongo que vive en simbiosis con las hormigas[1].
La pregunta que queda es cómo una hoja dura, hecha para no ser comida, se vuelve un buen terreno para un hongo. Eso lo veremos ahora.
2. Cómo preparan las hormigas el jardín: mastican la hoja y la abonan con sus propias heces
Las obreras muelen las hojas hasta formar una pasta y la añaden al jardín. Un equipo que analizó las proteínas de las gotitas fecales de Acromyrmex echinatior encontró algo sorprendente: 7 de las 33 proteínas identificadas (el 21 %) eran enzimas que rompen la pectina, una sustancia que ayuda a mantener unidas las paredes de las células vegetales. Esas enzimas no las fabrican las hormigas. Las produce el hongo[1].
Las enzimas aparecían en las heces solo cuando las hormigas habían tenido acceso al alimento del jardín, y seguían activas en las gotitas. Los autores concluyen que el hongo fabrica estas enzimas sobre todo en los gongilidios; las hormigas las comen, no las digieren y las depositan con sus heces sobre la hoja nueva, donde ayudan a abrir las paredes de las células[1].
Una forma sencilla de imaginarlo es esta: el hongo fabrica una herramienta, la hormiga se la come sin romperla y después la reparte sobre el material fresco. Es una imagen para entenderlo, no una expresión de los autores.
Dato curioso: las enzimas de este tipo abundan en hongos que atacan plantas vivas, donde sirven para entrar en las células[1]. En el jardín de las hormigas, la misma clase de herramienta trabaja a favor de ambos socios.
3. Cómo se dan cuenta las hormigas de que una hoja le hace daño al hongo
Si el jardín es lo que alimenta a la colonia, una hoja con una sustancia que mate al hongo sería un problema grave. Las hormigas no siempre la detectan al cortarla. Lo que se ha visto es un rechazo con retraso.
En un experimento con Acromyrmex lundi, los investigadores infiltraron hojas naturales con un fungicida (cicloheximida) que las hormigas no pueden percibir. Las obreras aceptaron al principio esas hojas y las llevaron al jardín. El rechazo empezó unas 10 horas después de que las hojas tratadas entraran en el jardín, y fue específico de esa especie de planta. Se mantuvo durante al menos 9 semanas si no se permitía que la planta volviera a entrar al nido. En cambio, cuando se obligó a las hormigas a alimentarse con hojas sin tratar de la misma planta, volvieron a aceptarla a las 3 semanas[2].
Las obreras que nunca habían tocado las hojas tratadas también rechazaban esa planta después de tener contacto con el jardín que las contenía[2]. Entonces, ¿de dónde viene el aviso? Otro estudio, con Acromyrmex ambiguus, apunta al basurero de la colonia. Según su resumen, los desechos del jardín que se generan poco después de meter hojas inadecuadas llevan pistas del olor de la planta y del hongo dañado, y las recolectoras pueden aprender a evitar esa planta incluso sin pasar por el jardín, solo con lo que encuentran en el basurero[3].
Estos resultados vienen de colonias pequeñas criadas en laboratorio. No sabemos si sucede igual en todos los nidos del campo ni en todas las especies, y los resúmenes que pude leer no explican con qué exactitud ocurre el cambio dentro del nido durante esas 10 horas.
4. Cómo una reina lleva el jardín a un nido nuevo y por qué suele ser un solo cultivo
Una colonia nueva no puede empezar sin hongo. Antes de irse, la reina guarda en una pequeña bolsa debajo de la boca (la bolsa infrabucal, donde guarda el material del jardín) un pellet, es decir, una bolita de material del jardín. Ese pellet es el inóculo del jardín nuevo, aunque también contiene otros microbios[4].
Un estudio en nidos de Atta texana y A. cephalotes volvió a muestrear los mismos nidos durante 5 años. Según su resumen, salvo las pequeñas diferencias que aparecen por mutaciones cuando el hongo se multiplica por clonación, las huellas de ADN mostraron que cada nido cultivaba un mismo hongo clonal. Los autores plantean que este monocultivo evita la competencia entre variantes del hongo que podrían ir en contra de las hormigas[5]. Hay una desventaja posible, parecida a la de un cultivo humano de una sola variedad: una enfermedad que afecte a ese hongo podría extenderse con facilidad. Esa idea es una comparación para pensar, no un resultado de la investigación citada.
5. Desde cuándo cultivan hongos las hormigas
La agricultura de las hormigas es mucho más antigua que la humana. Un estudio de 2008 estimó que su forma original surgió hace unos 50 millones de años en el Neotrópico, mientras que las cortadoras de hojas aparecieron hace unos 8 a 12 millones de años[6]. Un estudio de 2024, con muchos más datos genéticos, la fecha en unos 66 millones de años y la relaciona con el impacto del asteroide que causó la extinción de los dinosaurios. Esos autores sitúan hace unos 27 millones de años el momento en que un cultivo pasó a depender de las hormigas por completo[7]. Las fechas cambian según el método y cada estudio tiene un margen de error amplio.
6. Cómo observar a las cortadoras de hojas por tu cuenta
Si vives donde hay cortadoras de hojas, busca una fila en un parque o jardín con un adulto. Mírala desde unos pasos de distancia y sin tocar el nido ni a las hormigas, porque algunas especies muerden. Elige una hoja y sigue con la vista el trocito de hoja hasta el hormiguero. Observa si todas llevan el mismo tipo de hoja o si cambian de planta de un día a otro.
Si no hay hormigas cerca, dibuja en un papel la cadena: hoja, masticar, abono con enzimas, hongo, gongilidios, hormiga. Intenta explicar con flechas dónde vuelve la enzima del hongo al jardín. Después lee los resúmenes de las fuentes [2] y [3]. Ahí verás hasta dónde llega lo que se sabe y qué parte sigue abierta.