1. Las estrellas siguen ahí: lo que cambia es el brillo del cielo
Si una noche despejada miras hacia arriba desde el centro de una ciudad, verás la Luna, algún planeta y apenas un puñado de estrellas. Si repites lo mismo lejos de las luces, el cielo parece otro. Es fácil pensar que sobre la ciudad hay menos estrellas, pero no es así: las estrellas están ahí en los dos sitios. [3]
Lo que se pierde es el contraste. Una linterna encendida a plena luz del día apenas se nota, aunque sea la misma linterna que de noche te parecería muy brillante. Con las estrellas pasa algo parecido: su luz es muy tenue, y si el fondo del cielo se aclara, las más débiles dejan de distinguirse. Un astrónomo del Instituto de Astronomía de la UNAM lo explica así: el brillo de fondo del cielo aumenta y hace imposible ver el contraste y detectar las estrellas. [3]
A ese aclarado del cielo nocturno por la luz artificial dispersa en la atmósfera se le llama, en inglés, skyglow; en español se habla de «resplandor luminoso del cielo» o simplemente de brillo artificial del cielo. Es una de las formas de la contaminación lumínica. [1]
2. Cómo la luz de las calles acaba iluminando el cielo
El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos define la contaminación lumínica como el exceso o el uso inadecuado de luz artificial en exteriores, y distingue tres formas: el deslumbramiento (luz que va directa a los ojos y molesta), la luz intrusa (la que se cuela en la propiedad de otra persona, por ejemplo por una ventana) y el resplandor del cielo. [1]
Este último ocurre porque no toda la luz de una farola, de un anuncio luminoso o de un estadio va hacia el suelo. Una parte sale hacia arriba, choca con las moléculas del aire y con partículas como el polvo, y se dispersa en todas direcciones. Parte de esa luz regresa al suelo y se suma a la que ya llegaba del cielo. [3][1]
Hay un detalle que importa: la luz que se va hacia arriba no ilumina el suelo. José Franco, también astrónomo de la UNAM, señala que esa luz se desperdicia y que el dinero que los municipios gastan en ella pesa en la economía. [3]
La contaminación del aire y las nubes hacen más intenso el resplandor: las partículas en el aire dispersan aún más la luz artificial y hacen el cielo más brillante. [1]
Además, la luz fuerte nos afecta a nosotros: impide que el ojo se adapte del todo a la oscuridad y alcance su máxima sensibilidad, de modo que a veces, con más luz de noche, vemos menos. [1]
3. ¿Cuánta gente vive bajo un cielo que ya no es natural?
En 2016, un equipo internacional publicó en la revista Science Advances un «nuevo atlas mundial del brillo artificial del cielo nocturno». Lo calcularon con datos de un satélite y con más de 35 000 mediciones hechas desde el suelo. [2]
Según ese atlas, más del 80 % de la población mundial vive bajo cielos contaminados por luz, y más del 99 % de la población de Estados Unidos y de Europa. La Vía Láctea queda oculta para más de un tercio de la humanidad: para el 60 % de los europeos y casi el 80 % de los norteamericanos. [2]
Son cifras de 2016, y el atlas no es una medición directa en cada lugar, sino un cálculo calibrado con mediciones. Aun así, muestran algo importante: ver la Vía Láctea desde casa, algo que antes era posible para mucha más gente, se ha vuelto raro para mucha gente. Los autores lo describen como una alteración profunda de una experiencia humana fundamental: la de contemplar el cielo nocturno. [2]
4. ¿Hasta dónde llega el resplandor de una ciudad y crece con los años?
El resplandor no se queda en la ciudad. Los autores del atlas explican que se observa de noche a cientos de kilómetros de su origen, incluso en paisajes que de día parecen intactos; por ejemplo, las «cúpulas de luz» de Las Vegas y Los Ángeles se ven desde el Parque Nacional del Valle de la Muerte. [2] El Servicio de Parques Nacionales ha registrado el resplandor de ciudades a más de 200 millas (unos 320 kilómetros) de distintos parques nacionales. [1]
Y la luz artificial aumenta. Según el mismo servicio, los datos de satélite indican que entre 2012 y 2016 la superficie de la Tierra iluminada al aire libre creció un 2,2 % al año, y las zonas ya iluminadas se volvieron más brillantes a un ritmo parecido. Medidas hechas por ciudadanos voluntarios entre 2011 y 2022 apuntan a que el cielo promedio se aclaró un 9,6 % anual, es decir, que se duplicaría en unos ocho años. [1]
Hay que leer estas cifras con cuidado. Son promedios mundiales; no todos los lugares evolucionan igual. La misma página recuerda que en sitios donde se aprobaron y se hacen cumplir normas de iluminación, como Tucson y Flagstaff (Arizona), el aumento no ha seguido ese ritmo. [1]
5. ¿Se puede recuperar un cielo oscuro? Los casos de Canarias y Baja California
Si el problema es la luz que sube, una parte de la solución es evitar que suba. Dos lugares de habla hispana lo llevan intentando desde hace décadas, porque tienen observatorios que dependen de cielos muy oscuros.
La Palma: una ley de 1988 contra la luz que sube
En las islas Canarias (España) está el Instituto de Astrofísica de Canarias, con observatorios en las islas. La Ley 31/1988, del 31 de octubre, se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 3 de noviembre de 1988. Su preámbulo explica que, por la excepcional calidad del cielo canario, hacía falta proteger los observatorios, y que su calidad astronómica estaba sufriendo un «paulatino deterioro». [4]
El artículo 2 pide que las iluminaciones de exteriores eviten emitir luz por encima del horizonte y perturben lo mínimo posible las observaciones astronómicas; solo exceptúa la luz necesaria para la navegación aérea. El artículo 5 obliga a que el Instituto emita un informe en las solicitudes de licencia de instalaciones de alumbrado exterior. Y el artículo 4 prohíbe, por encima de los 1500 metros de altitud, instalar industrias que superen ciertos límites de contaminación atmosférica. [4]
La idea es la misma que hemos seguido en todo el artículo: evitar que la luz se dirija hacia arriba ayuda a mantener oscuro el cielo. El texto de la ley aplica las limitaciones de alumbrado exterior a la isla de La Palma. [4]
Baja California: la «Ley del Cielo» y el Observatorio de San Pedro Mártir
En México, el Observatorio Astronómico Nacional de la UNAM está en la sierra de San Pedro Mártir, en Baja California. Según un artículo de la Gaceta UNAM, la llamada «Ley del Cielo» regula el alumbrado público para controlar la contaminación lumínica y, en México, existe solo en Baja California. Empezó como norma municipal en Ensenada y Mexicali y, según ese artículo, ya era estatal cuando se publicó; los científicos hablaban entonces con dos secretarías del gobierno federal para ampliar esta protección a otros estados donde se observa el cielo. [3]
Ese artículo no dice si esa ampliación ya se logró, así que conviene mirar la información más reciente si quieres saber cómo está hoy. [3]
Las razones que dan los astrónomos van más allá de los telescopios: las aves migratorias, las tortugas y los insectos usan el cielo para orientarse, y esa orientación se perturba con la luz artificial. [3]
6. Actividad: comprobar hacia dónde va la luz de tu calle y cuántas estrellas se ven
Con una persona adulta, elige dos lugares seguros y cercanos a tu casa, y sal de noche. Camina por la acera y fíjate en las luces de la calle, de los comercios y de los carteles: ¿iluminan solo hacia abajo o también dejan escapar luz hacia arriba y hacia los lados? Si hay una farola con pantalla o cubierta y otra con la bombilla al descubierto, compara cómo se ve el cielo cerca de cada una.
Después mira hacia arriba, espera unos minutos para que tus ojos se acostumbren y cuenta cuántas estrellas ves en una zona del cielo del tamaño de tu puño con el brazo extendido. Repite el conteo en otro lugar, por ejemplo en un parque sin luces cercanas (comprueben antes que esté abierto y sea seguro), y compara. Anota las dos cifras, porque así podrás ver de forma concreta la diferencia. [1]
Nota de seguridad: haz esta actividad siempre con una persona adulta, camina por la acera y ten cuidado con los vehículos. Si quieres ir a un lugar más oscuro, que sea acompañado y con una linterna.
Si te quedan ganas de investigar, busca si en tu ciudad o región existe alguna norma de alumbrado que hable de limitar la luz hacia arriba, y lee el texto de la Ley 31/1988: es muy corta y está escrita en un lenguaje bastante claro. [4]