1. La magnitud mide el terremoto; la intensidad mide lo que se siente en un lugar
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo resume así: un terremoto tiene una única magnitud, pero la sacudida que provoca tiene muchos valores, que cambian de un lugar a otro según la distancia, el tipo de material del suelo y otros factores [1]. La magnitud indica el tamaño del terremoto en su origen. Lo que sentimos es otra cosa, y se describe con una escala de intensidad.
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) de España da un ejemplo claro. En agosto de 2023 registró cerca de Vielha (Lleida) un terremoto de magnitud Mw 4,1, sentido en varias localidades y hasta en Barcelona, con una intensidad máxima de IV-V en la escala EMS-98 [3]. Un solo número de magnitud, y un mapa entero de intensidades distintas. Una imagen sencilla: la magnitud se parece a la potencia de una bombilla, y la intensidad, a cuánta luz llega a cada rincón de la habitación. Pero ¿qué cambia entre un rincón y otro?
2. Por qué la sacudida se debilita con la distancia y con la profundidad
La primera pieza es la más fácil de imaginar. Según el USGS, la fuerza de la sacudida disminuye al aumentar la distancia al origen del terremoto. Por eso un sismo que ocurre a 500 km de profundidad sacude la superficie bastante menos que el mismo sismo a 20 km [4]. Como regla general, la sacudida crece con la magnitud y decrece con la distancia a la falla [5].
Las fuentes que consulté no dan un número que diga cuántas veces se debilita, así que no lo inventamos. Además, no todas las ondas se apagan igual. Las ondas P y S producen sobre todo vibraciones rápidas (de alta frecuencia), y las ondas superficiales, que llegan al final, producen vibraciones lentas (de baja frecuencia) [5]. Esa diferencia en la rapidez de las vibraciones será importante cuando lleguemos a los edificios. Antes, falta mirar lo que hay bajo nuestros pies.
3. Cómo el tipo de suelo cambia la sacudida en lugares casi a la misma distancia
Dos barrios pueden estar a la misma distancia del origen y sentir temblores distintos. El USGS explica que la amplificación de las ondas por la geología entre la roca profunda y la superficie, por la estructura tridimensional de la corteza y por el relieve tiene una influencia importante en los daños de las ciudades [6]. Cuando las ondas viajan, también pueden reforzarse o cancelarse entre sí, y en una cuenca (un valle relleno de sedimentos) pueden amplificarse. Cerca de la superficie, una sacudida fuerte puede incluso hacer que el suelo se comporte de forma distinta, por ejemplo con licuefacción, un fenómeno en que el suelo saturado de agua pierde firmeza [6].
Por eso la sacudida puede variar entre zonas de una misma ciudad. La misma onda que atraviesa roca dura puede hacerse sentir más fuerte sobre un terreno blando y relleno de sedimentos. La página que consulté no da cifras de cuánto más, así que nos quedamos con la idea: el suelo puede cambiar mucho la sacudida. Y encima del suelo hay edificios, cada uno con su propia manera de moverse.
4. Por qué cada edificio se sacude de manera distinta
La forma, los materiales, el tipo de terreno y el anclaje de un edificio al suelo influyen en cuánto daño sufre durante la sacudida [6]. Además, los edificios se dañan más por el movimiento horizontal que por el vertical, y por eso las ondas S, que los sacuden de lado a lado, son las más dañinas [5].
Aquí entra la rapidez de las vibraciones. Una forma sencilla de imaginarlo (es una analogía, no un dato de las fuentes): un columpio tiene un ritmo propio, y si lo empujas justo a ese ritmo, se balancea cada vez más. Los edificios también tienen un ritmo propio, que suele ser más lento cuanto más alto es el edificio. Si el ritmo de la sacudida coincide con el del edificio, este podría moverse mucho más; a ese fenómeno se le llama resonancia. Es una idea general que depende de cada edificio y de cada sacudida, y las fuentes que consulté no la desarrollan. Lo que sí dicen es que la estructura del edificio influye en el daño, así que no se puede decir que "un sismo de cierta magnitud siempre hace lo mismo".
5. Cómo la calidad de la construcción y la población decide cuántos daños hay
El USGS responde directamente a la pregunta de cuándo empieza el daño: no existe una magnitud a partir de la cual haya daños, porque depende de la distancia, del tipo de suelo, de la construcción y de otros factores. Como orientación general, los daños suelen darse a partir de magnitudes superiores a 4 o 5, aunque no hay un umbral fijo [2]. Sobre por qué algunos países sufren más daños y víctimas que otros, el USGS señala como causas principales los edificios mal diseñados y mal construidos para zonas sísmicas, y la densidad de población [7].
Aquí está la parte esperanzadora. La magnitud de un terremoto no se puede cambiar, pero la forma de construir sí. Una buena parte de la diferencia en los daños depende de decisiones humanas: dónde y cómo se construye. Este artículo trata solo de la sacudida; otros efectos, como los tsunamis, tienen su propia explicación.
6. Cómo comprobar la idea de los ritmos propios con dos reglas
Un experimento sencillo
Coloca una regla sobre el borde de una mesa, dejando la mitad fuera. Sujeta la parte apoyada con la mano y da un toque suave a la punta. Repite con una regla de otra longitud. La regla corta vibra más rápido y la larga más despacio. Así ves, a pequeña escala, que los objetos de distinto tamaño tienen ritmos distintos. Un edificio real es mucho más complejo que una regla. Mantén la cara alejada para que la regla no te golpee.
Para investigar más
Busca si el organismo de protección civil o el servicio sismológico de tu país o ciudad publica mapas de peligro sísmico o de tipos de suelo. Si los encuentras, compara las zonas del mapa con lo que has leído aquí. Y fíjate en una pregunta que queda abierta: por qué ciertos barrios sufren daños mucho mayores que sus vecinos es algo que los especialistas estudian caso por caso.