1. ¿Qué dice la idea del gran impacto sobre el nacimiento de la Luna?
Según la NASA, la mayoría de las teorías coinciden en que la Luna nació de una colisión violenta: algo chocó contra la Tierra joven y lanzó al espacio suficiente material fundido y vaporizado para crear la Luna[1]. Al cuerpo que chocó se le llama Teia (Theia en inglés), un nombre tomado de la mitología griega, y se calcula que era parecido a Marte en tamaño[1].
La NASA sitúa la formación de la Luna unos 60 millones de años después del inicio de la formación del sistema solar[1]. Y la joven Luna estaba muy caliente: seguramente tuvo un océano profundo de magma durante decenas o cientos de millones de años[1].
Nadie estuvo allí para verlo. Esta historia se reconstruye con rocas, cálculos y simulaciones numéricas. Para saber si convence, conviene preguntarse contra qué ideas compitió.
2. ¿Qué otras explicaciones había antes del gran impacto?
Durante mucho tiempo, las historias sobre el origen de la Luna giraban en torno a tres posibilidades: que se desprendiera de la Tierra (fisión), que fuera un cuerpo formado en otro sitio y «capturado» por la gravedad terrestre, o que naciera junto a la Tierra a partir del mismo material (formación conjunta). Ninguna daba un papel importante a un choque gigante[2].
Según el resumen consultado de la NASA, el análisis de las muestras de las misiones Apolo, que trajeron 382 kg de roca lunar, restó apoyo a las ideas de captura y de formación conjunta[1]. Hasta aquí parece que el gran impacto ganó sin más. Pero la historia real es menos limpia.
3. ¿Por qué el gran impacto se volvió popular si no apareció un dato decisivo?
En octubre de 1984 se reunieron en Kona (Hawái) científicos de todo el mundo en una conferencia sobre el origen de la Luna. El astrofísico David Stevenson, en un repaso publicado después, cuenta que allí la hipótesis del megaimpacto surgió como una candidata fuerte «no por un descubrimiento espectacular ni por datos nuevos, sino porque, por primera vez, se le dio atención seria y sostenida»[2]. Con los años, ese interés llevó a simular impactos gigantes con equipos de cálculo muy potentes[2].
Aun así, Stevenson era prudente: después de dos años de reflexión, escribió que hacía falta mucho más trabajo y que todavía no estaba claro si la colisión explicaba los hechos observados[2]. Es una buena muestra de cómo avanza la ciencia: una idea gana terreno porque se la toma en serio y se pone a prueba con datos.
4. ¿Qué pistas de las rocas lunares encajan con un choque gigante?
La NASA señala varias pistas[1]:
- Rocas muy parecidas a las de la Tierra. El oxígeno viene en versiones de distinto peso, llamadas isótopos. Las rocas de la Luna y de la Tierra tienen proporciones de isótopos de oxígeno muy parecidas, una pista que los científicos intentan explicar.
- Pocos elementos que se evaporan con el calor. Las rocas lunares tienen poco de ellos, lo que sugiere un evento lo bastante energético para expulsarlos.
- Un núcleo de hierro pequeño. El núcleo de la Luna es solo el 1,6–1,8 % de su masa; el de la Tierra, cerca del 30 %.
- Un océano de magma. La anortosita, una roca que flota hacia la superficie cuando el magma se enfría, cubre buena parte de la superficie lunar y apunta a un océano de magma profundo.
Una manera sencilla de imaginarlo (una idea nuestra, no de las fuentes): si el choque lanzó sobre todo capas externas, ligeras y calientes, y el hierro pesado se quedó en gran parte en la Tierra, la Luna saldría con poco hierro y poco de lo que se evapora. Hay que tomarlo como una imagen, no como una prueba.
5. ¿Qué preguntas sobre el origen de la Luna siguen sin respuesta?
La pista de los isótopos de oxígeno es también un problema. Si el cuerpo que chocó se formó en otro lugar del sistema solar, lo normal sería que la Luna, hecha en buena parte de sus restos, tuviera una composición distinta de la de la Tierra. Sin embargo, es casi idéntica. Un equipo dirigido por Simon Lock y Sarah Stewart escribió en 2018 que los modelos actuales tienen dificultades para explicar la composición de la Luna y su semejanza isotópica con la Tierra[3].
Su propuesta: un impacto aún más energético y con más giro podría crear una estructura nueva, que llamaron sinestia, una nube caliente de roca vaporizada, muy ancha y giratoria, parecida a un anillo grueso. Según sus simulaciones, la Luna se formaría dentro de esa nube, rodeada del vapor de la Tierra, y por eso heredaría su composición[3]. Es un modelo teórico: no sabemos si así ocurrió.
Hay otra pregunta: ¿dónde está hoy lo que quedó de Teia? En 2023, un equipo dirigido por Qian Yuan publicó en Nature simulaciones según las cuales parte del manto de Teia pudo llegar al manto inferior de la Tierra joven, con una densidad entre 2,0 % y 3,5 % mayor que la del entorno. Sus modelos indican que esos bloques pudieron hundirse y formar las dos enormes zonas anómalas que se detectan hoy en lo profundo de la Tierra[4]. Es una hipótesis: el trabajo propone la idea, y habría que comprobarla con más datos.
Y hay más: la NASA dice que los científicos aún tratan de entender por qué la cara visible y la cara oculta de la Luna son tan distintas, y si eso tiene que ver con cómo se formó[1].
6. ¿Cómo puedes explorar tú mismo la historia de la Luna?
Con una noche despejada y los ojos basta para empezar. Mira la Luna llena y fíjate en las zonas oscuras y las claras: las claras son regiones altas, y buena parte de ellas está cubierta de anortosita, la roca que mencionó la NASA[1]. Si tienes unos prismáticos, mira el borde de la Luna creciente, donde las sombras resaltan los cráteres. Nunca mires al Sol directamente con prismáticos ni telescopio.
Si quieres seguir, el resumen del artículo de Stevenson y la página de la NASA son un buen punto de partida, y ambos están en inglés.