Un pez que come en el barro y se esconde cuando sube el agua
Este pez es de los pocos vertebrados que viven de forma habitual sobre las llanuras de barro que deja la marea. Los especialistas lo describen como un gobio anfibio que respira aire[2]. Un gobio es un pez pequeño de cuerpo alargado, y este usa las aletas del pecho como si fueran patas delanteras para moverse por el fango.
Su día lo manda la marea. Con la marea baja sale a comer sobre el barro; con la marea alta, el agua cubre la llanura y tiene que apartarse. Las observaciones hechas por un equipo japonés en llanuras de marea muestran la parte que más nos interesa: tras comer en tierra, los peces volvían al agua en menos de un minuto[1].
¿Por qué volver tan pronto? Porque un pez fuera del agua pierde humedad. Veamos cómo lo resuelve.
Cómo evita secarse: bebe y se moja la piel antes de que haga falta
Nosotros solemos beber cuando ya tenemos sed. Los saltarines del fango parecen hacerlo al revés. En acuarios, un equipo de la Universidad de Okayama y otras instituciones japonesas comprobó que, poco después de empezar a comer, los peces iban con más frecuencia a la zona con agua para beber, y lo hacían sin que sus cuerpos estuvieran deshidratados[1].
Con la piel pasa algo parecido. Cuando el aire estaba muy seco, los peces se daban vuelta sobre el lomo y movían las aletas del pecho más de cinco veces más a menudo que en condiciones normales. Con esos gestos se mojaban la piel, otra vez antes de que el cuerpo entero se deshidratara[1].
Los autores creen que estas reacciones de anticipación nacen de lo que el pez siente en la boca y el aparato digestivo, y también en la piel. Piensan además que sensaciones y ganas parecidas pueden haber surgido por separado en animales muy lejanos entre sí, porque todos los que pasan al medio terrestre enfrentan el mismo reto de mantener el agua del cuerpo[1]. Es una interpretación de los autores, no algo ya demostrado.
Dónde crecen los huevos: en una cámara con aire dentro de la madriguera
Otro problema es dónde dejar los huevos. Estos peces los ponen en madrigueras de barro, y el agua de esas madrigueras tiene muy poco oxígeno[2].
Un equipo dirigido por Atsushi Ishimatsu, de la Universidad de Nagasaki, descubrió la solución: los huevos no están dentro del agua, sino pegados a las paredes de una cámara llena de aire dentro de la madriguera[2]. El macho que vigila la madriguera mete en esa cámara bocanadas de aire fresco en cada marea baja, y lo hace con más intensidad cuando en la cámara falta oxígeno[2].
Cuando los huevos están listos, el macho saca el aire de la cámara y lo suelta fuera, durante una subida de marea nocturna. La cámara se inunda y eso hace que los huevos se abran y salgan las crías[2]. Los huevos solo pueden abrirse durante una ventana de unos cinco o seis días, así que el lugar elegido para la madriguera y el momento de la puesta tienen que encajar con las mareas[2].
O sea: el macho no solo "guarda" los huevos, sino que, de forma muy precisa, los mantiene con aire y los hace nacer con el agua.
Cuándo salen del agua las crías, y cuánto cambian al hacerlo
Las crías nacen y viven un tiempo en el agua abierta. Un estudio de laboratorio publicado en 2024 siguió el paso a tierra de esta misma especie. Alrededor de los 30 días tras la eclosión, los pequeños empezaron a preferir poco a poco una orilla artificial y, después, la tierra. Tras unos cinco días de salidas voluntarias y periódicas aprendieron a desplazarse por tierra con las aletas del pecho. Otros 13 días más tarde empezaron a comer fuera del agua[3].
Lo llamativo es que el cuerpo cambia muy poco. La forma de la cabeza se modifica para la vida en tierra, pero mucho menos de lo que cambia una rana al pasar de renacuajo a adulta[3]. Incluso hubo un experimento en el que mantuvieron bajo el agua, durante 40 a 42 días, a crías que estaban a punto de salir. No hubo diferencias estadísticas en la supervivencia ni en la forma general del cuerpo y de las branquias, y el crecimiento fue algo mayor. En las condiciones del laboratorio, salir del agua no era indispensable para sobrevivir[3].
Atención: son resultados de laboratorio. Los días exactos en la naturaleza podrían ser distintos.
Por qué estos peces interesan a quienes estudian cómo los vertebrados empezaron a vivir en tierra
Hace cientos de millones de años, en el Paleozoico, los primeros vertebrados salieron del agua. Los fósiles cuentan mucho sobre los huesos de aquellos animales, pero casi nada sobre su piel, su comportamiento o sus costumbres. Los autores del estudio de 2024 proponen que los saltarines del fango, peces anfibios que viven hoy, pueden dar pistas sobre esas preguntas[3].
Eso no quiere decir que sean copias de los animales antiguos. Son otros peces, con su propia historia. Pero ver cómo un pez actual resuelve la sed, el aire y la puesta de huevos nos ayuda a imaginar qué retos tuvo que superar quien dio el primer paso fuera del agua. Y todavía quedan preguntas abiertas, como cuánto de esto es común a otros saltarines del fango.
Cómo observar a estos peces sin molestarlos
Estos peces no viven en España ni en México; el de este artículo se estudia en llanuras de marea de Japón. Pero si algún día viajas a una costa con llanuras de barro, o buscas vídeos de naturaleza, puedes fijarte en tres cosas: si el pez corre o salta con las aletas del pecho, si se revuelca sobre el lomo y si vuelve a la orilla del agua.
Si vas en persona, hazlo siempre con una persona adulta, mira desde lejos (si te acercas mucho, huyen), averigua antes a qué hora subirá la marea y retírate bien antes de que suba el agua. No los captures ni excaves sus madrigueras: en ellas puede haber huevos.