1. Qué significaba tener los dientes negros en el Japón de los siglos pasados
Durante el periodo Edo (1603–1868), era habitual que las mujeres casadas en Japón se tiñeran los dientes de negro. La Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón explica que, como el negro no se mancha con ningún otro color, se consideraba una prueba de fidelidad; esa es la interpretación que ofrece la biblioteca, con la cautela de «parece que» [1]. Es decir, no era un adorno cualquiera: era una señal visible de que la mujer estaba casada.
No era solo cosa de recién casadas. Según la misma fuente, muchas mujeres mayores también se teñían los dientes para no desentonar ante los demás, y a veces lo hacían las cortesanas y las geishas [1]. Un investigador de esqueletos antiguos añade que, al menos en el periodo Edo y entre las geishas, esto se consideraba un signo de belleza [4]. Y la tradición era más antigua que Edo: hay huellas de dientes ennegrecidos en restos de periodos muy anteriores, y se discute si vino de China [4].
Para mucha gente de hoy, un rostro así parece extraño. Esa es justamente la clave de la historia: lo que en una época significaba «estoy casada» y «soy bella», en otra mirada se veía como algo raro.
2. Cómo se conseguía el color negro: hierro, vinagre y polvo de agalla
El tinte tenía dos partes, y las dos dan el color solo cuando se juntan [1][4].
- Una solución de hierro. Se dejaba hierro viejo (clavos, limaduras) en vinagre u otros líquidos fermentados. El resultado, llamado kanemizu, era un líquido marrón oscuro con un olor muy fuerte [1][4].
- Un polvo con tanino. Se hacía con la agalla de un arbusto (el zumaque japonés): una especie de bulto que la planta forma donde un insecto la pica, que se secaba y se molía [1]. El tanino es una sustancia que también hay en el té.
Cuando el hierro disuelto y el tanino se encuentran, aparece un compuesto negro que ya no se disuelve en agua. Es el mismo principio de la tinta ferrogálica, la tinta con la que se escribió durante siglos en Europa [4]. Por eso la capa se aguantaba en los dientes, aunque había que renovarla cada pocos días [4].
¿Hacía daño o protegía? Las fuentes no coinciden del todo. La Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón explica que hoy se cree que los componentes fortalecían las encías y el esmalte, pero que una base ácida muy fuerte que se usaba antes podía dañar la superficie del diente [1]; el investigador citado dice que la capa ayudaba a prevenir caries [4]. No tomamos eso como un consejo: no es algo para probar, y hoy los dentistas cuentan con métodos más seguros para cuidar los dientes.
3. Por qué el gobierno japonés quiso acabar con la costumbre
A partir de mediados del siglo XIX llegaron visitantes de Europa y Estados Unidos, y a muchos les parecieron raros los dientes negros y las cejas afeitadas. La Biblioteca Nacional lo describe como «grotesco» a sus ojos [3]. El nuevo gobierno Meiji quería que Japón se pareciera a Occidente en las costumbres y se llevara bien con otros países, así que decidió cambiar la imagen [2][3].
Las fechas, según esa biblioteca: en febrero de 1870 el gobierno prohibió el tinte de dientes y el afeitado de cejas a la nobleza (los kazoku, la antigua clase alta); en 1873 se anunció que la emperatriz madre y la emperatriz también lo dejaban [2][3].
Ojo con un malentendido. Algunas páginas en inglés dicen simplemente que «en 1870 el gobierno prohibió el ohaguro» [4], como si hubiera sido una ley para todo el país. La fuente más cuidadosa que leímos habla de la nobleza [3]. Para la gente común no encontramos una ley equivalente en las fuentes que pudimos leer; lo que sí consta es el anuncio del ejemplo de la emperatriz [2].
4. Por qué la gente común siguió con sus dientes negros después del anuncio
La Biblioteca Nacional resume la razón: para quienes nunca habían visto a un extranjero, las costumbres de cada día no tenían nada raro, y que alguien de fuera dijera que eran extrañas no les decía nada [2]. Un ejemplo de lo arraigada que estaba: hacia la mitad de la era Meiji todavía se vendía un «ohaguro instantáneo», un polvo que bastaba con disolver en agua para que tiñera de negro [2]. Eso sugiere que todavía había gente interesada en usarlo.
Y el grabado de 1877 es la imagen de eso. La misma biblioteca señala que se hizo cuatro años después del anuncio de la emperatriz y que, mirando con atención, los dientes de la mujer están pintados de negro [2]. Un solo grabado no prueba cómo vivía todo un país, pero encaja con el resto de lo que cuenta la fuente.
5. Cuándo y por qué dejó de verse: lo que sabemos y lo que no
Aquí las fuentes que pudimos leer son más débiles. Una enciclopedia en línea dice que el olor, el trabajo que daba y la sensación de las jóvenes de parecer mayores fueron restando gente, y que la costumbre casi desapareció en el periodo Taishō (1912–1926) [5]. No pudimos contrastar eso con una fuente primaria, así que lo damos solo como «se dice».
Lo prudente es no fijar un año. Lo que sí podemos afirmar con apoyo es esto: un anuncio de arriba no basta para cambiar una costumbre diaria; la costumbre se fue perdiendo despacio, durante décadas, cuando la gente dejó de verla como lo normal [2][5].
6. Cómo comprobar tú mismo qué mostraban los grabados japoneses
Busca grabados japoneses de mujeres del siglo XIX en los archivos digitales de un museo o de la biblioteca nacional de Japón (muchos tienen una versión en inglés o permiten traducir la página). Fíjate en los dientes: ¿hay mujeres con la boca negra y otras con los dientes claros? Mira también la fecha del grabado, que suele indicarse en la ficha. Tal vez encuentres alguna imagen posterior a 1873 en la que todavía se vean dientes negros, como la de 1877.
Si quieres leer más, las páginas de la serie «Makeup, then and now» de la Biblioteca Nacional de la Dieta (en japonés; funciona bien con un traductor) son el mejor punto de partida [1][2].