1. De dónde sale el olor: el papel se descompone y libera gases
El papel es un material orgánico. Con el paso del tiempo, sus componentes se degradan lentamente por procesos como la hidrólisis ácida (la rotura de la celulosa por la acción de los ácidos) y la oxidación, y en esa descomposición salen al aire compuestos orgánicos volátiles (los especialistas los llaman COV): sustancias que se evaporan con facilidad y llegan a nuestra nariz. [1]
No es una sola sustancia, sino una mezcla. Según la divulgación de la American Chemical Society, entre ellas puede haber notas de vainilla (por la vainillina), de almendra (por el benzaldehído) y de flores almizcladas. [1] Esa misma fuente lo resume así: lejos de ser un perfume inocente, el olor es una señal de deterioro. [1]
Entre los gases que se han medido, uno aparece una y otra vez: el furfural, que se forma cuando la celulosa y otros componentes del papel se descomponen por la acción de los ácidos. [2] Pero ojo: que el furfural sea una buena pista de la descomposición no significa que sea «el olor» del libro. El olor completo es el conjunto de muchas sustancias a la vez.
2. Por qué un libro del siglo XVI huele distinto de uno del siglo XIX
La mezcla de gases depende de cómo se hizo el papel, la tinta y la encuadernación, y también de cómo se guardó y se usó el libro. [1] Un factor importante es la materia prima. Hasta el siglo XIX el papel europeo se hacía sobre todo con trapos de lino, cáñamo o algodón, una celulosa de buena calidad. Desde mediados del siglo XIX se empezó a usar pasta de madera, que trae consigo lignina y hemicelulosas; muchos papeles de pasta de madera fabricados en ese periodo son más ácidos (con un pH de 4 a 5 en algunos casos), por lo que se degradan con más facilidad. [3]
Un estudio de 2025 lo comprobó con dos libros de la Biblioteca Capitolare de Busto Arsizio, en Italia: una gramática latina del siglo XVI y un manual de conversión de medidas de 1860. Tras dejar cada libro 24 horas a temperatura ambiente, midieron los gases que salían. En el libro del siglo XIX había más furfural, una señal asociada a la degradación de la celulosa, como es típico del papel de pasta de madera. En el del siglo XVI, hecho con papel de trapo, predominaban unos aldehídos que indican otro proceso: la oxidación de grasas residuales. [2]
Esto explica una idea que sorprende: el libro más antiguo puede estar en mejor estado que el más moderno. Hay que ser prudentes, porque el estudio comparó solo dos libros; es un ejemplo claro, no una ley que valga para todos los libros. [2]
3. Cómo describe la gente el olor de los libros viejos
Si cada libro tiene su mezcla, ¿cómo se le pone nombre? Un equipo del Instituto de Patrimonio Sostenible de University College London (UCL) lo preguntó en 2017. Pidieron a los visitantes de la biblioteca de la catedral de San Pablo, en Londres, que describieran su olor, y con las respuestas construyeron una «rueda de olores de libros históricos». [4]
La palabra elegida con más frecuencia fue «a madera» (el 100 % de los visitantes a quienes se preguntó), seguida de «a humo» (86 %), «a tierra» (71 %) y «a vainilla» (41 %). Más del 70 % lo describió como agradable. [4] Estas cifras proceden del resumen de ScienceDaily sobre el estudio; no hemos podido leer el artículo original, así que no sabemos cuántas personas participaron.
En otra prueba, en el Museo y Galería de Arte de Birmingham, el equipo dio a oler un libro de 1928 sin decir qué era. La palabra más usada fue «chocolate» (o «cacao» y similares), seguida de «café», «viejo», «madera» y «quemado». También aparecieron respuestas menos apetecibles, como «pescado», «calcetines podridos» o «naftalina». [4]
Para una persona que investiga el patrimonio, tener palabras compartidas es útil: sirve para anotar y comparar olores que, de otro modo, desaparecerían. Así lo plantea la autora principal del estudio, que habla de identificar, analizar y documentar olores con valor cultural. [4]
4. ¿Puede el olor avisar de que un libro se está estropeando?
Esta es la pregunta práctica. Cuando un libro antiguo se rompe al tocarlo, ya es tarde; sería mejor detectar el deterioro antes y sin dañar nada. Un estudio de 2009 de la misma universidad (UCL) lo intentó: envejecieron papel de forma artificial durante 24 horas, midieron con instrumentos los gases que soltaba y encontraron relaciones entre esos gases y características del papel, como su acidez, la lignina (un componente de la madera), la colofonia (una resina) o el grado de polimerización de la celulosa (es decir, lo largas que siguen siendo sus cadenas). Los autores proponen que este método, que no destruye la muestra, podría servir para identificar rápidamente objetos históricos degradados. [5] Importante: aquí no huele una persona; lo mide un instrumento de laboratorio.
También se ha probado fuera del laboratorio. Un estudio de 2012 midió el aire de ocho bibliotecas y archivos nacionales del Reino Unido e Irlanda. De muchísimas sustancias detectadas, el furfural fue la única que se encontró de forma constante en mayor concentración donde había colecciones de papel que donde no las había. Los autores sugieren que el ácido acético y el furfural podrían servir como señal indirecta, sin contacto, del deterioro del papel. [3]
Lo que sabemos, entonces, es que el patrón de gases ofrece pistas sobre el estado del papel. Que sirva para diagnosticar un libro concreto es otra cuestión que sigue en estudio.
5. Cómo puedes investigar el olor de tus propios libros
Elige un libro viejo de tu casa o de tu escuela. Si ves manchas que podrían ser moho, no acerques la nariz y pide ayuda a una persona adulta. Si el libro parece sano, ábrelo y, sin pegar la nariz al papel, abanica suavemente el aire hacia ti y escribe tres palabras que describan el olor. Vale cualquier cosa: «chocolate», «madera», «tierra», «galleta».
Repite con otros libros y anota también el año de publicación y el color del papel. Así podrás comprobar si los libros más viejos o más amarillentos usan palabras distintas, y si tus palabras se parecen a las de las personas del estudio de Londres. Si quieres leer más, los estudios sobre los gases del papel [5] y sobre el aire de las bibliotecas [3] están en inglés.