1. Los satélites en la órbita geoestacionaria parecen estar siempre en el mismo punto del cielo
Sobre el ecuador, a una altura de aproximadamente 36,000 kilómetros, existe una órbita donde los objetos giran a la misma velocidad que la rotación de la Tierra. Los satélites que viajan por esta ruta parecen quedarse fijos en un mismo punto del cielo cuando los observamos desde el suelo[1]. Por esta razón, las antenas de televisión y telecomunicaciones no necesitan moverse una vez que se han orientado hacia ese punto específico.
2. La órbita geoestacionaria tiene un límite en la cantidad de satélites que puede albergar
Esta órbita especial tiene forma de anillo que rodea el ecuador. Si los satélites están demasiado cerca unos de otros, sus señales de radio se mezclan y generan interferencia, por lo que es necesario mantener cierta distancia entre ellos según su longitud[2]. Antiguamente, se usaba la regla general de dejar una separación de entre 2 y 3 grados de longitud entre cada satélite; con un cálculo simple, esto significa que solo hay espacio para unas 180 posiciones en todo el anillo[2]. Es como un estacionamiento muy popular y limitado, aunque la tecnología actual permite a veces operar varios satélites en la misma posición.
3. Los países ecuatoriales afirmaron alguna vez que la órbita geoestacionaria era su territorio
En 1976, ocho países situados sobre el ecuador (Brasil, Colombia, Congo, Ecuador, Indonesia, Kenia, Uganda y el entonces Zaire) se reunieron en Bogotá, la capital de Colombia, para emitir una declaración[3]. En ella, afirmaban que la parte de esta órbita especial situada directamente sobre sus países era parte de su territorio[3]. Sin embargo, esta afirmación se consideró contraria al Tratado del Espacio Exterior de 1967, que establece que el espacio no puede pertenecer a ningún país específico, por lo que no fue reconocida por otras naciones y finalmente fue abandonada[3].
4. Un organismo internacional asigna la órbita dando prioridad a quien solicita primero
La organización de las Naciones Unidas encargada de coordinar el uso de las frecuencias de radio para esta órbita especial es la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU). Su regla principal es el "principio de primer solicitante", que da prioridad a los países que hacen la solicitud primero[4]. No obstante, esto favorece a las naciones con dinero y tecnología avanzada. Por ello, las normas de la ITU también incluyen la idea de reservar espacios para países en desarrollo que aún no tienen satélites[4].
5. La pequeña nación insular de Tonga solicitó 16 espacios orbitales
En 1990, Tonga, una pequeña nación insular del Pacífico, utilizó esta regla para solicitar 16 espacios orbitales a la ITU, a pesar de no tener ningún satélite propio[5]. La estrategia fue diseñada por Matt Nilson, un consultor estadounidense contratado por Tonga[5]. Muchos países protestaron, argumentando que era injusto solicitar tantos espacios sin usarlos. Tras las negociaciones, a Tonga se le concedieron primero 6 espacios en 1991 y, finalmente, obtuvo 9[5]. Tonga luego alquiló estos espacios a empresas que sí querían lanzar satélites, cobrando por ello[5].
6. Se crearon nuevas reglas para verificar si existen planes reales
Después del caso de Tonga, aumentaron las solicitudes de quienes solo querían reservar espacio sin usarlo realmente. A estos satélites que solo existen en el papel se les llama "satélites de papel"[6]. Para evitar esto, la ITU estableció reglas que exigen presentar documentos que demuestren que se ha firmado un contrato con una empresa constructora de satélites y que se ha decidido el cohete de lanzamiento[6]. Si no se puede demostrar esta información, la solicitud se cancela[6].
7. Hacia dónde apuntan las antenas parabólicas
Si observas las antenas parabólicas, esos platos redondos que están en casas o edificios cercanos, quizás notes que apuntan en direcciones parecidas. Esto se debe a que están señalando a los satélites que están en ese mismo lugar especial y fijo en el cielo.