1. Las cochinillas de la humedad comen hojas muertas, y también sus propios excrementos
Las cochinillas de la humedad son crustáceos terrestres, es decir, parientes de las gambas y los cangrejos que viven en tierra (según la zona, también las llaman chanchitos de tierra o simplemente cochinillas). Los científicos las llaman isópodos terrestres. Un estudio de 2016 sobre la especie europea Oniscus asellus recuerda que se las reconoce desde hace tiempo como «detritívoros generalistas»: animales que se alimentan de restos de plantas muertas, sin ser muy exigentes [1].
Hasta aquí no hay misterio. La rareza viene después: en condiciones de laboratorio, estos animales también comen sus propios excrementos. Los investigadores lo llaman coprofagia [2]. Si ya tienen tantas hojas a su alrededor, ¿para qué repetir comida?
No existe una sola respuesta aceptada. Lo que sigue es el recorrido de la hipótesis más comentada, la del cobre, y de las pruebas a favor y en contra.
2. Por qué el cobre es una pieza clave de la sangre de la cochinilla
Nuestra sangre es roja porque usa hierro para transportar oxígeno. Muchos crustáceos y moluscos usan otro metal: el cobre. Su pigmento se llama hemocianina; no tiene color y se vuelve azul al unirse al oxígeno [3]. Las cochinillas también la fabrican. En Oniscus asellus, la hemocianina se produce en un órgano digestivo llamado hepatopáncreas [1].
Ese órgano también guarda cobre. Sus células lo almacenan en unas pequeñas estructuras que los autores llaman cuprosomas. Se interpreta que sirven para dos cosas: guardar el cobre para que no dañe a la célula y soltarlo cuando hace falta fabricar hemocianina [1]. Por tanto, el cobre es una materia prima necesaria. Si falta, hacer el pigmento que transporta oxígeno se vuelve más difícil.
3. Qué experimento sugiere que los excrementos devuelven cobre a la cochinilla
La hipótesis del cobre parte de una observación: según el estudio de 2019, se ha descrito que los isópodos terrestres no pueden extraer cobre del tejido de las plantas. Si es así, comer excrementos podría ser una forma de recuperar el que aún llevan dentro. Los autores del estudio de 2019 lo resumen como una posible forma de «satisfacer la demanda de cobre» [2].
La prueba más citada es un experimento de Weißenburg y Zimmer, de 2003, que ese estudio menciona sin dar más detalles. Con una dieta sin cobre y sin permitir que los animales comieran sus excrementos, el contenido de cobre del cuerpo bajaba, porque se perdía con las heces [2]. Es decir: si no reciclas, pierdes cobre. Eso encaja con la idea, aunque no demuestra que esa sea la razón por la que lo hacen en la naturaleza. Aquí solo conocemos el experimento a través del resumen que hacen otros autores, no por el artículo original.
4. Por qué demasiado cobre también sería un problema
El cobre es como la sal en una sopa: hace falta un poco, pero demasiado resulta dañino. En un estudio de 2004 con la especie Porcellio scaber, los investigadores ofrecieron hojas de álamo con cobre añadido y hojas sin tratar. Los animales, en general, preferían las hojas sin tratar. Los que podían elegir acumularon menos cobre que los que solo tenían hojas con cobre, pero tras exposiciones más largas a una dieta muy cargada de cobre aumentó la mortalidad. Los autores concluyen que elegir la comida ayuda a reducir la exposición, aunque no evita por completo sus efectos tóxicos [4].
Hay que leer esto con cuidado. Las hojas se trataron a propósito en el laboratorio, así que no sabemos qué pasa con las hojas del suelo de un bosque. Y el trabajo de 2016 sobre el hepatopáncreas señala que los propios científicos discrepan: unos creen que la pérdida de cobre es mínima incluso con una dieta pobre en ese metal, y otros no [1]. También dice que aún se desconoce la naturaleza molecular de las principales reservas de cobre. Dicho de otro modo, la hipótesis del cobre es una pista seria, pero tiene huecos.
5. Qué otras explicaciones hay y por qué todavía no hay una respuesta definitiva
Además del cobre, se han propuesto al menos dos ideas. La primera: los excrementos aportan otros nutrientes que las hojas no dan en cantidad suficiente. La segunda: contienen microbios y las enzimas que estos producen, que ayudarían a romper compuestos difíciles de digerir; los propios microbios también podrían servir de alimento [2].
Las pruebas de que comer excrementos sea realmente útil no son claras. Según el mismo estudio, otros trabajos con Porcellio scaber no encontraron un beneficio nutricional evidente. Y en su propio experimento, con tres especies, impedir que comieran excrementos no cambió de forma significativa cuánto comían ni cuánto aprovechaban de la comida. El crecimiento solo varió en una especie, y los autores lo atribuyen posiblemente a la corta duración de las pruebas [2]. Conviene recordar que ese estudio no buscaba resolver el misterio, sino decidir cómo diseñar mejor los experimentos de alimentación.
Las explicaciones no se excluyen entre sí: varias podrían ser ciertas a la vez. Los autores escriben que no pueden explicar todavía la coprofagia [2]. Así que la respuesta honesta a la pregunta del título es esta: podría haber más de una razón, el cobre es una candidata con apoyo experimental limitado, y la ciencia aún no ha cerrado el asunto.
6. Cómo buscar cochinillas y sus bolitas de excremento sin molestarlas
Si quieres observarlas, levanta con cuidado una piedra o un trozo de madera en un lugar húmedo del jardín. Si estás en un parque, hazlo con un adulto y solo donde esté permitido. Mira sin tocar: las cochinillas suelen estar cerca de hojas en descomposición, y entre ellas puedes ver bolitas muy pequeñas que podrían ser sus excrementos. Apunta cuántas ves y dónde. Después deja la piedra o la madera exactamente como estaba, para que el refugio húmedo siga igual, y lávate las manos.
Una pregunta para llevarte: si las cochinillas de tu jardín comen sus excrementos, ¿será por el cobre, por otros nutrientes o por los microbios? Ahora sabes que la ciencia tampoco lo ha resuelto, y que los artículos de las fuentes explican mucho mejor cómo se prueba cada idea.