1. El pienso de los peces de criadero se hace sobre todo con pescado molido
En el sur de Japón, en la costa de Ehime, se crían muchos peces marinos en jaulas. Dos de los más importantes son la seriola japonesa (en japonés, buri) y el pargo japonés (madai, Pagrus major). Según el centro de investigación pesquera de esa prefectura, el pienso que reciben se hace con harina de pescado (por ejemplo, anchoas secas y molidas) como ingrediente principal, más harinas vegetales como la de trigo y vitaminas, y se vende en varias versiones según la especie y el tamaño del pez [1].
La harina de pescado suele ser entre el 40 % y el 50 % del pienso [1]. Si el pienso lleva un 40 %, de cada 100 g, 40 g son pescado molido. Es una cifra orientativa: cambia según la especie y el tipo de pienso.
2. Casi toda la harina de pescado que usa Japón llega de otros países
El mismo centro explica que la mayor parte de esa harina es importada y proviene sobre todo de pesquerías de Sudamérica [1]. El instituto pesquero de la prefectura de Mie va más lejos: dice que más del 90 % de la harina usada en el pienso para peces depende de otros países, así que los cambios de precio en el mercado internacional afectan mucho al precio del pienso [2].
Uno de los grandes proveedores mundiales es Perú, donde se pesca la anchoveta. Según la prensa especializada, que cubrió la conferencia anual de IFFO (la organización internacional de la harina y el aceite de pescado) en 2024, Perú aporta normalmente cerca del 20 % de la harina de pescado del mundo cada año [3]. Ese 20 % es la parte de Perú en el suministro mundial; no es la proporción que importa Japón.
La idea importante es esta: si el pienso depende de pescado pescado muy lejos, una mala temporada de pesca en otro océano puede encarecer el alimento de una jaula en Japón.
3. Por qué le importa tanto el precio de la harina a quien cría peces
El centro de Ehime indica que el pienso llega a ser entre el 60 % y el 70 % de todos los gastos de un criador, y que cuando sube el precio de la harina importada el negocio se vuelve menos rentable [1]. El instituto de Mie coincide en lo esencial: en los peces marinos, el alimento supera el 60 % del coste de producción [2]. Por eso ambos centros empezaron a buscar un pienso con menos harina de pescado que sirviera igual en jaulas de criadores reales.
4. En Ehime, seriolas y pargos crecieron igual con mucha menos harina
La prueba de Ehime se hizo en el año fiscal japonés 2018, con peces de un año ya cerca del tamaño de venta, en jaulas de criadores. Sus resultados:
- Seriola: un grupo recibió un pienso con un 30 % de harina de pescado y otro grupo, de comparación, un pienso con un 50 %. Durante tres meses, desde finales de agosto, cada mes se pesó una muestra de peces. El aumento de peso fue el mismo en los dos grupos [1].
- Pargo japonés: un pienso con un 15 % de harina frente a otro con un 40 %, durante cinco meses. El resultado, otra vez, fue un crecimiento equivalente [1].
Para entender cuánto es: en la seriola, cada 100 g de pienso llevaba 30 g de harina de pescado en lugar de 50 g, es decir, un 60 % de la cantidad habitual.
5. En Mie repitieron la idea con otra especie de pez y otras jaulas, y salió parecido
Que una prueba salga bien en un lugar no basta. El instituto pesquero de Mie, en la ciudad de Owase, crió pargos japoneses de unos 1,0 kg durante 145 días (del 4 de julio al 26 de noviembre de 2015) en jaulas de un criador. Un grupo recibió pienso con un 25 % de harina y otro, de comparación, un pienso comercial con un 40 %. El crecimiento y la mortalidad fueron parecidos, el aprovechamiento del alimento fue algo mejor con el pienso bajo en harina, el estado de salud se consideró bueno en ambos grupos y la carne resultó similar en color, firmeza y sabor medidos [2]. Los autores concluyen que ese pienso podría usarse en la práctica para peces a punto de venderse [2].
Dos centros distintos, con tiempos y porcentajes distintos, llegaron a la misma conclusión general. Eso hace más creíble la respuesta, aunque no la convierte en una regla para todos los casos.
6. Qué ponen en lugar de la harina de pescado: restos de cultivos y de aves de corral
Los piensos bajos en harina de pescado usan ingredientes más baratos que ella. Según el centro de Ehime, algunos son vegetales: el residuo de la soya (soja) después de extraerle el aceite, y el gluten de maíz, lo que queda del maíz cuando se le quitan el germen y el almidón. Otros son animales, como harina de plumas o de pollo, hechas con las plumas y los restos de la industria avícola. El centro destaca que así se aprovecha algo que no se come y se reducen los residuos, y que mezclar muchos ingredientes ayuda a compensar los nutrientes que uno solo no da [1].
7. Lo que estas pruebas no demuestran
Los resultados valen para esas especies, esos tamaños, esas jaulas y esos meses: tres a cinco meses con peces ya grandes. No dicen que todos los criaderos puedan cambiar de pienso de un día para otro, ni qué pasa con peces pequeños o con todo el ciclo de cría [1][2]. Tampoco dicen cuánto mejora el ambiente: las fuentes que leímos hablan sobre todo de costes y de aprovechar restos, no de medir el efecto sobre el mar. Y no hemos podido comparar con cifras de otros países de habla hispana: no leímos informes sobre pruebas parecidas en piscifactorías de España o de América Latina.
8. Prueba en casa: lee la lista de ingredientes de un alimento para animales
Si tienes en casa comida para gatos, perros o peces de acuario, mira la lista de ingredientes. Suelen aparecer en orden, del que hay más al que hay menos. ¿Aparece harina de pescado? ¿Antes o después de la soya, el maíz o el trigo? Y en el supermercado, busca en la pescadería el letrero «de criadero» o «de acuicultura» y pregúntate qué habrá comido ese pez.
Para ir más lejos, lee los dos informes japoneses de las fuentes (están en japonés; una persona adulta puede ayudarte con un traductor) y fíjate en cómo cuentan las condiciones de cada prueba: duración, tamaño de los peces y mezcla del pienso.