1. Qué es una costra y de qué está hecha
Cuando una herida sangra, las plaquetas, unos fragmentos diminutos de células de la sangre, se pegan al borde roto y ayudan a taparlo. Después se forma una red de fibrina, una especie de pegamento en forma de malla que une las plaquetas entre sí [1]. Esto ocurre en los primeros minutos tras la lesión.
Si esa mezcla queda al aire y se seca junto con el líquido que sale de la herida, se forma la costra, que algunos diccionarios llaman también postilla. Es una capa seca y rojiza o parda que cubre la herida y funciona como una barrera protectora mientras la piel se rehace [2]. Dicho de otro modo: la costra no es piel nueva, es el "parche" que deja la sangre al secarse.
2. Qué hacen las células de la piel debajo de la costra
La piel tiene una capa externa, la epidermis, y otra más profunda, la dermis. Cuando una herida las rompe, el cuerpo repara el daño por etapas: frenar el sangrado, reaccionar con células de defensa, crear tejido nuevo y, por último, volver a cubrir la superficie [1]. Los fibroblastos, otras células de la piel, van dejando debajo una especie de andamio con el que se construye ese tejido nuevo [1].
Que la superficie vuelva a cubrirse con células de la epidermis se llama reepitelización. Un estudio de 1968 la observó en personas: se hicieron cortes muy superficiales en los antebrazos de voluntarios jóvenes y se tomaron muestras entre 3 horas y 21 días después, para mirarlas al microscopio. Las células de la epidermis que avanzaban sobre la herida tenían la membrana con pliegues, como si estuviera arrugada, y las que tocaban la red de fibrina del fondo de la herida fueron formando la base sobre la que se apoya la epidermis [3]. En esas heridas superficiales, la reepitelización, es decir, que las células de la epidermis volvieran a cubrir la herida, se completó en 3 a 5 días [3].
Importa el matiz: eran cortes limpios y muy superficiales. Un raspón, una herida profunda o sucia puede necesitar más tiempo, y no todos los casos se parecen a este.
3. Por qué en 1962 se sospechó que la costra podía frenar la curación
En 1962, el investigador George D. Winter publicó en la revista Nature un trabajo con un título muy directo: la formación de la costra y la velocidad de reepitelización de heridas superficiales en la piel del cerdo doméstico joven [4].
Según el resumen que hace de ese trabajo una enciclopedia, Winter hizo varias heridas superficiales en el lomo de cerdos jóvenes. A la mitad las dejó al aire y a la otra mitad las cubrió con una película de polímero que mantenía la herida húmeda. Las heridas cubiertas sanaron más rápido, medido por cuánto avanzaba el tejido nuevo sobre la herida [5]. En otras palabras, una herida húmeda y protegida se cubrió antes que una que se secó y formó costra.
No pude leer el texto original de Winter, solo sus datos de publicación, así que no cuento más detalles ni cifras. Y conviene recordar que son cerdos: la piel del cerdo se parece a la nuestra en algunos aspectos, pero un resultado en animales no basta por sí solo para afirmar lo mismo en personas.
4. Qué se probó después en personas y qué no sabemos
Al año siguiente, en 1963, otros dos investigadores, Hinman y Maibach, publicaron en la misma revista un trabajo sobre el efecto de dejar al aire o cubrir heridas experimentales en la piel humana [6]. Era la pregunta natural: ¿pasa lo mismo en personas?
Solo tuve acceso al título y a los datos de publicación, no al resumen ni al texto, así que no puedo contarte qué resultado obtuvieron. Esa es una buena noticia para curiosos: la respuesta está en un artículo concreto que puedes buscar y leer, en lugar de fiarte de lo que yo resuma.
Lo que sí se sabe es que, según la misma enciclopedia, el trabajo de Winter se considera el comienzo de la evolución de los apósitos modernos que mantienen la herida húmeda [5]. Hoy, en el cuidado de heridas hay distintos tipos de apósitos y de cuidados, y cuál conviene depende de cada herida.
5. Qué conviene hacer con una costra en casa
De todo lo anterior no se deduce una receta para curarte tú solo. Lo que sí se desprende es que debajo de la costra hay un trabajo en marcha, así que lo prudente es no arrancarla a la fuerza y dejar que se desprenda sola. Esta es una recomendación general, no un tratamiento.
Si la herida duele cada vez más, se hincha, está caliente, supura o no mejora con los días, díselo a un adulto de confianza para que un profesional la revise. Y si te arrancaste una costra sin querer y sangra, avisa también a un adulto para que te ayude a limpiarla y a cuidarla.
6. Cómo observar una costra sin tocarla
Si tienes una costra pequeña y sin molestias, puedes dibujarla en un cuaderno cada pocos días, con la fecha: cómo es el borde, qué color tiene, si se levanta. Así verás tu propia herida cambiar, igual que en las muestras de las que hablamos. Si hay dolor, hinchazón o calor, primero avisa a un adulto y deja el dibujo para después.
Para seguir investigando: el resumen del estudio de 1968 está en PubMed Central [3]. Los datos de publicación de Winter y de Hinman y Maibach están en PubMed [4] [6]. Una pregunta que queda abierta: ¿qué resultado obtuvieron exactamente con personas, y qué tipos de heridas se han estudiado desde entonces?