1. Por qué un cabo muy tenso es un problema cuando cambia la marea
Imagina un barco amarrado a un muelle fijo con cabos cortos y tirantes. Si el agua baja, el casco baja con ella, pero el extremo del cabo sigue a la misma altura en el muelle. El cabo deja de sostener al barco de lado y empieza a tirar de él hacia arriba. Si el agua sube, ocurre lo contrario: el barco queda por encima del punto de amarre y el cabo tenso tira de él hacia abajo. Este razonamiento es nuestra explicación sencilla de lo que ocurre; las fuentes que leímos dicen lo que se hace para evitarlo: en aguas con marea hay que tener en cuenta la subida y la bajada del agua cuando un barco está amarrado junto a un muelle [1].
Las mareas no son iguales todos los días. Cuando el Sol, la Tierra y la Luna casi están alineados (luna nueva y luna llena), las pleamares son un poco más altas y las bajamares un poco más bajas: son las mareas vivas. Una semana después, cuando Sol y Luna forman un ángulo recto desde la Tierra, las mareas son moderadas: son las mareas muertas [3]. Quien amarra un barco tiene que pensar en el día de mayor diferencia, no en el promedio.
A partir de aquí, la pregunta es qué se puede cambiar: el cabo, el muelle o el agua. Veamos las cuatro respuestas, de la más sencilla a la más grande.
2. Solución 1: dejar holgura en los cabos o ajustarlos mientras sube y baja el agua
Es la solución más antigua y la más usada con barcos pequeños. Una guía de marinería lo resume en dos opciones: o la tripulación va ajustando los cabos mientras sube o baja la marea, o se deja desde el principio holgura suficiente para que el barco suba y baje [1]. Los cabos largos que van lejos hacia proa y hacia popa dan más margen que uno corto al bolardo más cercano; los cabos que se cruzan en diagonal (los «springs», o esprines) impiden que el barco avance o retroceda a lo largo del muelle [1].
La holgura tiene un límite. Un cabo demasiado flojo deja que el barco se mueva demasiado, y uno demasiado corto lo deja colgando. Cuanto mayor es la diferencia de nivel entre pleamar y bajamar, más largo hay que hacer el cabo y más sitio necesita el barco para moverse. Por eso esta solución funciona mejor donde la marea es pequeña o donde hay espacio de sobra.
Si la diferencia es de varios metros, conviene cambiar la idea: en lugar de pedirle al barco que se acomode al muelle, se le pide al muelle que se acomode al agua.
3. Solución 2: un muelle que flota y sube y baja junto con el barco
Un pantalán flotante (o muelle flotante) es una plataforma sostenida por flotadores, por lo que sube y baja con el agua. Eso explica por qué, al amarrar a un pantalán, no hace falta ajustar los cabos: el pantalán está pensado para subir y bajar con la marea [1]. Como el pantalán suele subir y bajar con el barco, la diferencia de altura entre ambos tiende a cambiar menos que junto a un muelle fijo, y las personas pueden subir y bajar sin saltar un escalón enorme.
Pero una plataforma flotante también puede desplazarse con el agua. Para evitarlo se suelen clavar pilotes en el fondo y sujetar el pantalán a ellos con piezas que se deslizan: una patente de un sistema de muelle flotante describe un conjunto que sube y baja por los pilotes de guía según lo exija la marea [4]. La idea es «libre hacia arriba y hacia abajo, sujeto hacia los lados».
No es una solución universal. El muelle flotante necesita flotadores, pilotes y un fondo donde clavarlos, y debe resistir el oleaje del lugar. Donde la marea es pequeña, muchas veces bastan los cabos con holgura.
4. Solución 3: un anillo que se desliza por un poste
También hay amarres entre dos postes (pilotes) donde el barco se sujeta a un anillo. En zonas sin marea el aro va fijo; en zonas con marea los postes llevan una barra vertical con un aro que sube y baja, para que los cabos no se rocen y se desgasten [5]. Es una variante pequeña del mismo principio de la solución anterior: el punto donde se ata el cabo se mueve con el agua, y así el cabo no tiene que estirarse ni aflojarse.
5. Solución 4: encerrar el agua del puerto para que no baje
La cuarta idea cambia el problema de raíz: en vez de seguir al agua, se la retiene. Una dársena cerrada (wet dock, en inglés) es un puerto cerrado donde el agua se mantiene a un nivel casi constante gracias a compuertas, de modo que el barco no sube ni baja mientras se carga. La que se considera la primera del mundo es el Old Dock de Liverpool, en Inglaterra. Antes de que abriera, en 1715, solo había ciertos momentos en que se podía cargar o descargar un barco de forma segura en Liverpool, por la enorme diferencia de marea del río Mersey; el museo de Liverpool también cuenta que costó 12 000 libras de la época y que Daniel Defoe quedó muy impresionado cuando lo vio [6].
Cuando hay que pasar de un nivel de agua a otro, se usa una esclusa. Una esclusa es una cámara estanca con una compuerta en cada extremo. El agua entra o sale por gravedad a través de aberturas de llenado y vaciado, hasta que queda al mismo nivel que la del otro lado, y entonces se abre la puerta y el barco sigue [7]. Es una explicación general de cómo funcionan las esclusas; la fuente no habla de mareas ni del Old Dock.
El precio de esta solución es claro: hay que construir y mantener compuertas y esclusas, y para pasar entre el puerto y el exterior el barco tiene que esperar a que se igualen los niveles de agua a ambos lados de la puerta que se va a abrir. Por eso solo vale la pena donde la marea es grande y el puerto es importante.
6. Dónde la marea es tan grande que hace falta elegir bien
Las mareas más altas del mundo están en la bahía de Fundy, en Canadá, entre Nuevo Brunswick y Nueva Escocia [8]. Parques de Canadá dice que allí el agua sube hasta 12 metros o más [9]. La forma de la costa influye mucho en el tamaño de la marea, además de la posición del Sol y la Luna [8].
Con cifras así, se entiende la conclusión: no hay una solución mejor que las demás. Con una marea pequeña, un cabo con holgura basta. Con una marea grande, es más práctico un muelle flotante guiado por pilotes. Y cuando el puerto es tan importante que compensa construir compuertas, se encierra el agua. La pregunta útil no es «¿cuál es la mejor?», sino «¿cuánto se mueve el agua aquí?».
7. Cómo comprobarlo tú mismo en un puerto o un embarcadero
Si visitas un puerto, ve con una persona adulta y observa desde un lugar permitido, lejos del borde del muelle. Antes, consulta la tabla de mareas de tu puerto para saber a qué hora son la pleamar y la bajamar. Después compara el mismo lugar en dos momentos distintos y fíjate en tres cosas: el ángulo de los cabos, si están tensos o con un poco de seno, y si el muelle es fijo o flota. En un muelle fijo cambia la altura del barco respecto al borde; en uno flotante cambia, más bien, la inclinación de la pasarela que lo une a tierra. Nunca te acerques a los cabos tensos ni los toques: un cabo que se rompe puede golpear con mucha fuerza.
Una pregunta para llevarte: en el puerto que tienes más cerca, ¿cuál de las cuatro soluciones se usa, y qué dice eso sobre cuánto se mueve el agua allí?