1. Un barco no tiene frenos: solo puede usar su hélice y el agua
La autoridad marítima alemana resume la situación así: los barcos no tienen «freno de mano» y, por su inercia, tardan muchísimo en detenerse del todo cuando navegan a plena velocidad. Cuánto tardan depende de la velocidad, de la masa (el casco y la carga) y de la potencia del motor [1].
La inercia es la tendencia de todo objeto a seguir moviéndose como lo hacía. Cuanta más masa tiene, más cuesta cambiar su movimiento. Un barco grande lleva miles de toneladas, y el agua que lo rodea, a diferencia del asfalto bajo una rueda, no lo sujeta con firmeza. Por eso, una forma de frenarlo es usar su propio sistema de propulsión para empujarlo hacia atrás.
2. Cómo frena un barco con la hélice en marcha atrás
Lo normal es poner el motor en «toda atrás», es decir, marcha atrás a toda potencia (en inglés, full astern): la hélice empuja el agua en sentido contrario y esa fuerza frena el casco [1]. El mismo texto añade un matiz interesante: según lo rápido que reaccione el motor y cómo circule el agua alrededor del timón, en algunos barcos puede resultar más eficaz parar el motor y dejar que el barco se deslice hasta detenerse [1].
Una forma sencilla de imaginar el problema del timón es esta: el timón gira el barco porque la hélice le manda un chorro de agua por detrás. Si la hélice gira al revés, ese chorro cambia de sentido y el timón deja de recibirlo como siempre, así que el barco obedece peor al girar justo cuando más lo necesitas. Esta explicación es una imagen para entenderlo; las fuentes consultadas solo indican que el flujo en el timón influye.
3. Cuántos kilómetros avanza un barco grande hasta quedar quieto
La Organización Marítima Internacional (OMI), el organismo de la ONU que fija las normas del transporte por mar, fijó en la resolución MSC.137(76) unos «estándares de maniobrabilidad». En la prueba de parada, se da la orden de «toda atrás» a velocidad de servicio y se mide el camino que recorre el barco hasta quedar parado en el agua. A esa distancia se le llama «recorrido de parada» (track reach) [3].
El criterio es que no supere 15 esloras. La eslora es el largo del barco. Si el casco es tan grande que la norma resulta impracticable, la administración puede relajarla, pero nunca más de 20 esloras [2]. Para un barco de 350 metros, 15 esloras son 5250 metros, es decir, «algo más de 5 kilómetros», como señala la autoridad alemana [1]. Para uno de 300 metros serían 4,5 kilómetros.
Dos precisiones. Primero, la prueba se hace a una velocidad de al menos el 90 % de la que el barco alcanza con el 85 % de la potencia máxima del motor [3]. Segundo, no todos los barcos cumplen: un documento presentado a la OMI en 2024 por la asociación naviera internacional ICS menciona que bastantes barcos superarían las 15 esloras (solo pude leer el resumen de ese documento, no el original) [5].
4. Por qué la corriente cambia dónde se detiene el barco
Las mediciones de estas pruebas no salen siempre iguales. El mismo resumen del documento de ICS indica que las diferencias entre mediciones se deben sobre todo a factores externos como el viento, las olas y las corrientes de marea [5].
Una forma de imaginarlo: la hélice actúa sobre el agua que rodea al barco. Si ese agua se mueve por una corriente, el barco puede frenar respecto al agua y, aun así, seguir desplazándose respecto al fondo. Es parecido a caminar hacia atrás en una cinta de gimnasio que va hacia delante. Por eso quienes pilotan un barco miran la corriente con tanto cuidado al acercarse a un puerto. Este razonamiento es nuestra imagen para explicar el dato anterior, no algo que digan literalmente las fuentes.
5. Por qué el ancla sujeta barcos parados, pero no frena barcos en marcha
El ancla se usa para ayudar a mantener un barco en un lugar: sus puntas pueden engancharse en el fondo y la cadena tira del casco. Si el viento o la corriente son demasiado fuertes, el ancla puede arrastrarse por el fondo sin agarrar, y el barco deriva. Eso se llama «garreo» o «garrear».
Un caso real ocurrió el 4 de septiembre de 2018 en Japón. Cuando se acercaba el tifón Jebi (el número 21 de ese año), un petrolero que se había refugiado frente al puerto de Senshū, fondeado con una sola ancla, empezó a derivar hacia el norte arrastrando el ancla. Según el resumen que pude consultar, hacia las 13:40 chocó contra el puente de acceso al aeropuerto internacional de Kansai, una isla artificial cerca de Osaka. La proa quedó aplastada y el puente sufrió daños graves, aunque nadie de la tripulación resultó herido [4]. Si un ancla no pudo sujetar a un barco que ya estaba parado durante un temporal, no es de esperar que frene a uno que navega.
6. Cómo se las arreglan los barcos si no pueden frenar de golpe
Si un barco necesita kilómetros para detenerse, la solución es pensar con mucha anticipación. Según la autoridad alemana, en cada barco debe haber en el puente una tabla con los tiempos y distancias de parada, para que el capitán conozca cómo se comporta su barco. Además, el radar, el sistema de identificación automática (AIS) y la vigilancia del tráfico marítimo, sobre todo cerca de la costa, dan tiempo para maniobrar antes de que haga falta una parada de emergencia [1].
Si alguna vez ves un barco grande acercarse a un puerto, fíjate en que casi no se nota que reduce la velocidad. Esa lentitud ya es el resultado de haber empezado a frenar muchos minutos antes. Una pregunta para investigar: ¿qué cifras de parada aparecen en el «cuadernillo de maniobra» de un barco concreto, y en qué se parecen o se diferencian de la regla de 15 esloras?