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¿Se puede escribir con lápiz en el espacio? Por qué los astronautas lo evitaban

Categoría: Espacio y astronomía

Seguro que has oído esta historia: la NASA gastó millones de dólares en inventar un bolígrafo que escribiera sin gravedad, y los soviéticos resolvieron el problema con un lápiz. Es una buena anécdota. El problema es que, según las fuentes que consultamos, no es cierta.

La pregunta de fondo es más curiosa: un lápiz no necesita que la tinta baje por gravedad, así que en teoría escribiría perfectamente en órbita. ¿Por qué se evitó entonces? La respuesta corta es que escribir no era el problema; lo era lo que queda flotando después. Luego veremos cuánto costaron de verdad los primeros lápices y bolígrafos, quién pagó el famoso bolígrafo y qué usan hoy los astronautas.

Un lápiz sí escribe sin gravedad; lo difícil es lo que suelta al hacerlo

Un lápiz deja su marca porque el grafito se frota contra el papel. No hay líquido que tenga que bajar hasta la punta, así que la ingravidez no le afecta. Lo que cambia en una nave es qué ocurre con los restos: la punta puede romperse y salir despedida, al escribir se desprende un polvo finísimo de grafito y al sacar punta caen virutas de madera[1][5].

En la Tierra, ese polvo cae sobre la mesa y lo limpias con un trapo. En ingravidez no «cae» a ningún sitio: se queda flotando y las corrientes de aire de la cabina lo reparten. Esa es la razón de fondo por la que se evitó el lápiz: no por escribir mal, sino por los residuos.

Por qué el polvo de grafito y la madera preocupaban dentro de una nave

Las fuentes mencionan tres preocupaciones. La primera: las puntas de grafito que se rompen y flotan pueden ser un peligro para los astronautas y para los equipos delicados[1][3]. La segunda: el grafito conduce la electricidad, de modo que partículas diminutas que se cuelen en una máquina delicada podrían causar problemas[5]. La tercera: la madera arde, y las virutas de madera sueltas se consideraban algo que convenía no tener a bordo[5].

Esta tercera preocupación se hizo mucho más seria en 1967, cuando un incendio durante una prueba en tierra de la misión Apolo 1 mató a tres astronautas. Después, la NASA fue especialmente cuidadosa con los objetos inflamables dentro de las naves[2][3].

Una aclaración honesta: en las fuentes que leímos, estos riesgos se presentan como peligros posibles. No encontramos ningún caso documentado en el que el polvo de un lápiz estropeara de verdad un equipo.

El «lápiz de 129 dólares» de 1965: la primera polémica fue por lápices, no por bolígrafos

En 1965, para el programa Gemini (el segundo programa estadounidense de vuelos tripulados, entre 1965 y 1966), la NASA compró 34 portaminas a una empresa de Houston por 4.382,50 dólares en total: unos 129 dólares cada uno[2][3]. Conviene no confundir la cifra total con el precio de cada uno: 4.382,50 entre 34 da 128,897…, es decir, 128,90 si se redondea al centavo (128,89 si se trunca). Una de las fuentes escribe 128,84; la diferencia es mínima y no cambia nada de la historia.

Cuando se supo el precio, hubo indignación. Un congresista de Nueva York, John Wydler, escribió al director de la NASA, James Webb, para pedir una investigación y una explicación de por qué ese precio estaba justificado[4]. La NASA respondió que los portaminas estaban hechos de materiales ligeros y resistentes, que podían fijarse al interior de la nave, y que tenían una carcasa más gruesa para poder usarlos con los guantes del traje; el mecanismo de escritura que llevaban dentro costaba solo 1,75 dólares[4].

Aquí aparece la primera diferencia con la leyenda. El escándalo de los precios altos fue por portaminas ya fabricados que la NASA compró, no por el desarrollo de un bolígrafo. Son dos historias distintas que la leyenda mezcla.

Quién pagó el bolígrafo espacial y cómo escribe sin gravedad

El bolígrafo lo creó Paul C. Fisher, de la empresa Fisher Pen, con dinero de su propia compañía. Según PolitiFact y Scientific American, la empresa habría invertido alrededor de un millón de dólares y nada de ese dinero salió de la NASA ni del Congreso[2][3]. (La cifra de un millón es lo que «se dice» en la prensa; no la damos como un dato firme.) Fisher patentó el diseño en 1965[3].

El truco está en que no depende de la gravedad. El cartucho de tinta es cerrado y lleva nitrógeno a presión, que empuja un pistón diminuto contra la tinta[1]; una fuente da una presión de unos 2,4 bar (35 libras por pulgada cuadrada)[3]. La tinta es además «tixotrópica»: casi sólida en reposo, se vuelve líquida solo por la fricción de la bolita al girar[1][3]. Según Fisher, lo que logró que el cartucho dejara de gotear fue añadir una pequeña cantidad de resina a la tinta[5]; el relato del NASA Spinoff habla igualmente de resina[1].

Cuando Fisher ofreció el bolígrafo, la NASA se mostró cauta por el escándalo de los lápices. Lo probó a fondo en el centro de naves tripuladas de Houston y comprobó que escribía en cualquier posición, con mucho calor y mucho frío (de unos −45 °C a unos 200 °C según las fuentes) y hasta en el vacío; un cartucho daba para una línea de más de 4,8 kilómetros, muy por encima de los 0,5 km que pedía la agencia[1][2][3]. La NASA decidió usarlo en 1967 y su estreno público fue en el Apolo 7, en octubre de 1968[1][3].

Por qué «la NASA gastó millones y los rusos usaron un lápiz» no es cierto

PolitiFact califica la historia como falsa[2]. Se desmorona por tres puntos. Primero: el desarrollo del bolígrafo lo pagó una empresa privada, no la NASA. Segundo: al principio, tanto los astronautas estadounidenses como los cosmonautas soviéticos usaban lápices o parecidos[2][3]. Tercero: en 1969 la Unión Soviética compró 100 bolígrafos de Fisher y 1.000 cartuchos de tinta para sus naves Soyuz[2][3], y el NASA Spinoff cuenta que los cosmonautas los usan desde 1969[1]. Es decir, ambas agencias acabaron comprando el mismo bolígrafo a la misma empresa.

Tampoco fue un bolígrafo carísimo. Las fuentes dan precios algo distintos: unos 6 dólares por unidad en la compra de 400 bolígrafos de 1967, y 2,39 dólares con descuento por compra al por mayor (frente a 3,98 dólares sin él), el mismo precio que pagaron los soviéticos[2][3]. No sabemos cuál es el precio exacto, pero todas las cifras son de unos pocos dólares, muy lejos de los 129 de aquel portaminas.

Un matiz que hace la historia más interesante: la hazaña del Apolo 11 que a veces se cuenta con un bolígrafo. Cuando se rompió un interruptor, se arregló metiendo en el hueco un objeto con forma de bolígrafo. Fisher cuenta que era uno de sus bolígrafos; Buzz Aldrin dice que era un rotulador de punta de fieltro[5]. Las fuentes no coinciden en este detalle, así que no podemos darlo por resuelto.

Por qué la leyenda se extendió tanto, las fuentes no lo establecen. Una de ellas sugiere que gusta porque encaja con prejuicios conocidos (el ingeniero que complica las cosas, el burócrata que despilfarra, el ruso práctico)[4]. Es una opinión del autor, no un hecho comprobado.

Qué usan hoy los astronautas para escribir en la Estación Espacial Internacional

Hoy, en la Estación Espacial Internacional hay varias opciones: bolígrafos de Fisher (el NASA Spinoff dice que hay decenas a bordo), rotuladores de colores y portaminas[1][5]. El astronauta Clayton Anderson explica que los portaminas se usan para anotar valores numéricos de los procedimientos, y que poder borrar es muy útil cuando la situación cambia[5]. Las puntas aún pueden romperse, pero el sistema de filtración de la estación retira bien esos restos, según la misma fuente[5].

O sea, el lápiz no está «prohibido para siempre»: se eligen herramientas que sueltan poco polvo y ya hay filtros para lo que sueltan.

Compruébalo en casa: cómo se comporta el polvo de lápiz y qué hace tu bolígrafo boca arriba

Rellena con el lápiz una parte de una hoja blanca hasta que quede bien oscura. Luego, inclina la hoja con cuidado. Observa cómo se desliza el polvo de grafito hacia abajo. Ahora imagina que no hubiera «abajo» y que ese polvo se quedara flotando. No soples ni golpees la hoja para levantar el polvo: es mejor no respirarlo.

Si quieres seguir, toma un bolígrafo normal y prueba a escribir con la punta hacia arriba (por ejemplo, con la hoja sujeta en alto con ayuda de un adulto). Según el modelo, puede escribir o fallar. Fíjate en lo que cambia y piensa qué problema resuelve el cartucho presurizado.

Si te quedas con ganas de más, los artículos originales de la lista de fuentes cuentan los detalles y las cifras con más precisión, y puedes comparar tú mismo los precios que no coinciden.

Fuentes

Sobre las fuentes: las cinco páginas se leyeron en su texto extraído (la de The Space Review, que es larga, solo en su primera parte, que es donde está la historia del portaminas). No encontramos una fuente en español que dé estas cifras con detalle, por eso son todas en inglés. Las cifras de dinero («un millón de dólares») son de prensa y no son datos firmes. La conversión de unidades (grados Fahrenheit, millas, libras por pulgada cuadrada) es nuestra.

  1. NASA Spinoff, «Space Pens, Pencils, and How NASA Takes Notes in Space». En inglés. https://spinoff.nasa.gov/space-pens (Por qué se evitó el lápiz, quién desarrolló el bolígrafo, cartucho con nitrógeno, tinta tixotrópica, pruebas, Apolo 7 y cosmonautas desde 1969. Fuente institucional; texto leído completo.)
  2. PolitiFact, «No, NASA did not spend over $165 million on a space pen while Russians used pencils» (21 de mayo de 2019). En inglés. https://www.politifact.com/factchecks/2019/may/21/facebook-posts/no-nasa-did-not-spend-over-165-million-space-pen-w (Verificación de la leyenda, 34 portaminas, Apolo 1, financiación privada, compra soviética de 1969, precios. Texto leído completo.)
  3. Scientific American, «Fact or Fiction?: NASA Spent Millions to Develop a Pen that Would Write in Space, whereas the Soviet Cosmonauts Used a Pencil» (20 de diciembre de 2006). En inglés. https://www.scientificamerican.com/article/fact-or-fiction-nasa-spen (Portaminas, patente de 1965, presión del cartucho, rango de temperaturas, precios de 2,39 y 3,98 dólares. Texto leído completo. La presión y las temperaturas están en unidades estadounidenses y las convertimos.)
  4. The Space Review, «The billion-dollar space pen», Dwayne A. Day (1 de mayo de 2006). En inglés. https://thespacereview.com/article/613/1 (Carta del congresista Wydler, respuesta de la NASA sobre los portaminas, interpretación de por qué gusta el mito. Leída solo la primera parte del artículo. Da 128,84 dólares por portaminas, cifra que difiere en unos centavos de las otras fuentes.)
  5. ScienceAlert, «Why Wouldn't NASA Want to Use Pencils in Space? Here's The True Story». En inglés. https://www.sciencealert.com/why-wouldnt-nasa-want-to-use-pencils-in-space-heres-the-true-story (Grafito conductor, madera, resina, qué se usa hoy en la estación, caso del interruptor del Apolo 11. Divulgación científica; texto leído completo. Afirma que la NASA investigó un bolígrafo y abandonó el proyecto; esto no aparece en las demás fuentes y no lo usamos.)

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