1. Qué pasó cuando solo había un traje de talla mediana listo
En la primavera de 2019, la NASA tenía planeada la primera salida al exterior de la ISS hecha solo por mujeres astronautas. La prensa contó que el plan se cambió porque había un problema de talla: no había suficientes trajes con el torso de talla mediana listos para cambiar de astronauta [1]. Cambiar la pieza rígida del torso de un traje lleva unas 12 horas de trabajo, así que la NASA prefirió reorganizar quién salía y no apurar el cambio [1]. La talla mediana es la más pequeña que ofrece la agencia, y las mujeres, por término medio, son más pequeñas, de modo que suelen preferirla; pero el traje en sí no tiene piezas distintas para hombres y mujeres [1]. Quien falta, entonces, no es «un traje de mujer», sino una talla concreta de una pieza. ¿Por qué solo hay unas pocas tallas?
2. Por qué la parte rígida del torso solo existe en tres tamaños
El traje de la ISS se llama EMU (en inglés, Extravehicular Mobility Unit, algo así como «unidad de movilidad para salidas al exterior»). Su centro es el torso superior rígido, una especie de coraza a la que se unen brazos, casco y pantalones. Según un resumen técnico de la NASA, se diseñaron cinco tamaños para cubrir desde una mujer del percentil 5 hasta un hombre del percentil 95; pero solo se fabricaron tres, así que el rango real va de una mujer del percentil 40 a un hombre del percentil 95 [2]. El percentil indica en qué lugar de una fila de 100 personas, ordenadas de más pequeña a más grande, te tocaría: el 5 es muy pequeño y el 95 muy grande. El mismo documento explica la ventaja de tener pocas tallas: facilitan la logística y abaratan, aunque se paga con un peor ajuste en muchos cuerpos [2]. Un mal ajuste puede causar cansancio, lesiones y menos fuerza y movilidad dentro del traje [2]. Con tan pocas tallas, ¿cómo se adapta el resto?
3. Cómo se combinan piezas en lugar de fabricar un traje por persona
Al principio había pocos astronautas y se podía medir a cada uno y hacerle su traje. Cuando llegaron el transbordador espacial y la ISS, eran demasiados para eso; por eso se pasó a un diseño modular, en el que se mezclan piezas, según explicó Jennings, de la NASA, a Space.com [1]. Es parecido a elegir la camisa en una talla y el pantalón en otra, aunque aquí hay pocas piezas y las combinaciones posibles son limitadas. Otra ingeniera de la NASA, Amy Ross, lo resume así: casi nadie es «normal» en todo; una misma persona puede tener una medida enorme (la ingeniera habla del «percentil 100», un modo de decir «lo más alto de la escala») en una parte del cuerpo y otra muy pequeña, del percentil 5, en otra [1]. Por eso conviene ajustar parte por parte y no por una sola talla general. Pero hay un lugar donde ese sistema se queda corto.
4. Por qué los guantes se tratan de otra manera
Las manos hacen casi todo el trabajo fino, y un guante que no queda bien se nota enseguida. Un informe de la NASA de 1993 indica que, cuando los guantes del traje presurizado no ajustan bien, la fuerza de agarre puede bajar hasta un 50 % [3]. Según un artículo de National Geographic de 2010, la capa interior hermética del guante se fabrica para cada persona, con moldes de la mano, escáner láser y modelado digital; la capa exterior, en cambio, se hace en tallas por pasos, como pequeña, mediana y grande. Un diseñador de trajes entrevistado calculó que personalizar la capa interior cuesta cerca de 100 000 dólares por adelantado [4]. Es una cifra de 2010, dicha por un especialista, no una tarifa oficial actual. La misma nota recoge un dato que muestra por qué importa: según la nota, que revisó los registros de 232 astronautas, los de manos más anchas (más de unos 22,8 cm de contorno) tuvieron lesiones de uñas con más frecuencia al trabajar con guantes presurizados, un 19,6 % frente a un 5,6 % [4]. Y falta todavía otro problema, que aparece al llegar a la órbita.
5. Qué pasa con el ajuste cuando el cuerpo cambia en el espacio
En microgravedad la columna se estira. Según el resumen de un informe de la NASA, que cita un estudio sobre el alargamiento de la columna, la altura sentado podría aumentar cerca de un 6 % y la estatura cerca de un 3 %, y no todas las medidas del cuerpo cambian en la misma proporción [5]. Para una persona de 170 cm, un 3 % son unos 5 cm. Los ingenieros de la NASA han señalado que el ajuste del traje en microgravedad puede ser un problema, y que las tripulaciones suelen tener que reajustar la talla del traje al llegar a la órbita [5]. Ese mismo trabajo se propuso medir a los astronautas antes, durante y después del vuelo, con escáner láser 3D y fotos, para mejorar el método de tallas [5]. Entonces, ¿qué se está probando para que el traje se parezca más a una prenda a medida?
6. Qué cambia en los trajes del futuro y qué sigue abierto
La NASA actualizó sus reglas de diseño: según una presentación técnica de 2024, ahora apunta a acomodar desde una mujer del percentil 1 hasta un hombre del percentil 99 de una población parecida a la de las tripulaciones, en lugar del antiguo rango 5-95 [6]. Ese rango no significa «a todo el mundo», sino un grupo más amplio. Un estudio de 2026 propone ir más lejos: usar escáneres corporales 3D y fabricación aditiva (impresión 3D) para crear torsos rígidos individualizados. Es una prueba de concepto con voluntarios en la Tierra; todavía no es un traje en uso [2]. Y no hay una respuesta única: la propia ingeniera de la NASA citada por Space.com imagina que, para una misión larga a Marte, un traje personalizado podría tener más sentido, como un mono de trabajo que uno se pone y en el que confía, pero la NASA aún no había elegido entre tallas modulares y trajes a medida [1]. Una pista para seguir: si pudieras diseñar un traje, ¿qué parte del cuerpo te parecería más difícil de ajustar? Por ejemplo, las manos: un guante flojo puede reducir la fuerza de agarre.
Algo que puedes probar hoy
Con ayuda de un adulto, mide con una cinta métrica la distancia desde el hombro hasta la muñeca. Luego ponte una camiseta o camisa de manga larga y dobla la manga hasta acortarla. Fíjate dónde se forman los pliegues y qué zona tira al doblar el brazo. Así verás, en pequeño, por qué ajustar una prenda no es solo cuestión de «cortar largo»: toda solución de ajuste tiene su precio, y los ingenieros de trajes espaciales lo conocen bien.