1. Por qué una cosecha enorme puede arruinar el precio
Piensa en un puesto de venta en el mercado con el doble de lechugas que de costumbre. Nadie va a comprar el doble: las personas siguen comiendo más o menos lo mismo. Para vender todo, el puesto tendría que bajar mucho el precio. Y como las lechugas se marchitan en pocos días, no puede esperar a que el precio suba.
Los textos oficiales de la Unión Europea parten de esa idea. El reglamento que fija las ayudas a las retiradas habla de crisis en los mercados de frutas y hortalizas y de la necesidad de prevenirlas y gestionarlas [1]. Los productores se agrupan en organizaciones de productores, y los programas de esas organizaciones pueden incluir medidas para evitar o resolver esas crisis [1].
Lo que esas fuentes no dicen es cuánto cae el precio en cada caso: depende del producto, del año y del lugar. Por eso aquí hablamos de la lógica general, no de una cifra.
2. Cuatro cosas que se pueden hacer con lo que sobra
El reglamento distingue varias opciones. La más conocida es la retirada del mercado: la organización de productores recoge la fruta u hortaliza y la envía a otro destino. El destino preferido es la distribución gratuita, es decir, entregarla a organizaciones y entidades benéficas [1]. También puede ir a otros destinos, como la transformación industrial. En 2018, por ejemplo, España abrió un cupo para convertir en jugo naranjas, mandarinas, clementinas y satsumas retiradas: las organizaciones de productores las entregaban a entidades caritativas, que firmaban contratos con la industria para obtener jugo y néctar, y una parte de lo entregado servía de pago por la transformación [4].
Las otras dos opciones ocurren en el campo, antes de recoger:
- La cosecha en verde consiste en eliminar de una sola vez los frutos todavía inmaduros que no se pueden vender, en una parcela determinada [1].
- La no cosecha (o «renuncia a cosechar») es dar por terminado el ciclo de producción de esa parcela, sin recoger lo que hay [1].
Esta última es la que más se parece a la imagen de «tirar la cosecha»: la verdura se queda en el campo y, en general, se incorpora a la tierra. Los textos que he podido leer no analizan qué efecto tiene eso sobre el suelo, así que no puedo decirte si es bueno o malo para el campo; solo que es una de las opciones previstas.
3. Quién puede acogerse a estas medidas y qué condiciones se ponen
No basta con que un agricultor diga «me sobra». Las ayudas europeas pasan por las organizaciones de productores. Un agricultor que no es socio puede participar si firma un contrato con una organización reconocida [2].
Hay condiciones para que no se abuse. La no cosecha no está permitida si ya se ha sacado producción comercial de esa parcela, y la cosecha en verde tampoco si la cosecha normal ya ha empezado. Para cultivos que se recogen durante más de un mes hay una excepción: solo se compensa la producción que se habría recogido en las seis semanas siguientes [1]. Además, la ayuda por no cosechar o cosechar en verde no puede pasar del 90 % de la ayuda máxima por retirar la misma cantidad [1].
Si el producto se regala, las entidades benéficas pueden recibir autorización del Estado miembro para pedir una contribución simbólica a quienes lo reciben, y entonces deben llevar la contabilidad de la operación [1].
4. Por qué la ayuda tiene límites: retirar no debe salir mejor que vender
Si retirar fuese tan rentable como vender, a alguien le convendría producir para retirar. El propio reglamento lo dice: los importes máximos se fijan para evitar que las retiradas se conviertan en una salida permanente en lugar de llevar los productos al mercado [1].
Una forma sencilla de verlo (es una explicación para entenderlo, no una cita del reglamento): la ayuda está pensada como un colchón para un año malo, no como un sueldo. Por eso hay importes máximos por cada 100 kg y por producto, y por eso, en situaciones normales, existe un tope para las retiradas con ayuda: el texto de 2014 menciona un límite del 5 % [2].
Hay un matiz interesante: el mismo reglamento sube las ayudas máximas para algunos productos (tomates, uvas, albaricoques, peras, berenjenas y melones) porque el apoyo que tenían era «particularmente bajo» comparado con sus precios medios, y quiere animar a que lo retirado se regale en vez de destruirse [1].
5. Dos casos reales: el veto ruso de 2014 y los cítricos españoles de 2018
El 7 de agosto de 2014, Rusia prohibió importar ciertos productos de la Unión Europea. Con un mercado de exportación cerrado de golpe, se temía una caída fuerte de los precios. La Comisión Europea aprobó medidas excepcionales y temporales, del 18 de agosto al 30 de noviembre de 2014, con un máximo de 125 millones de euros. Para esa ocasión se levantó el tope del 5 % y se pagó también por no cosechar y por cosechar en verde, incluso a productores que no eran socios (con una ayuda menor, del 50 % de los máximos) [2]. Un medio agrario español de la época cuenta que España consiguió, además, que se pudiera retirar durazno y nectarina para otros destinos distintos de la distribución gratuita [3].
El segundo caso es el de la campaña de cítricos 2018/2019, que el sector describió como difícil. El Ministerio de Agricultura fijó un máximo de 50.000 toneladas retiradas para transformar en jugo, financiadas dentro de los programas operativos de las organizaciones de productores, con ayudas que podían superar los 12,5 millones de euros [4].
En ambos casos las medidas fueron temporales y estuvieron limitadas por producto y por cantidad. No son un modo normal de vender la cosecha.
6. Cómo comprobar tú mismo qué pasa con el precio de la verdura
Puedes hacerlo sin gastar nada. Durante unas semanas, apunta el precio de una verdura de temporada (lechuga, tomate, calabacín o zapallito) en el mercado o el supermercado cercano, con la fecha. Al lado, anota cómo estuvo el clima. Cuando el precio baje mucho, pregúntate si hubo semanas buenas para el cultivo antes. No puedes estar seguro, porque el precio depende de muchas cosas a la vez (clima, demanda, importaciones), pero es un buen ejercicio para ver que un precio «de oferta» tiene una historia detrás.
Para seguir investigando: busca en el sitio del ministerio de agricultura o de la autoridad agrícola de tu país cómo se llaman estas medidas en tu país, y si hay bancos de alimentos que reciban verdura fresca. Muchas preguntas siguen abiertas: por ejemplo, qué efecto tiene dejar el cultivo en el suelo, o cómo cambiarán estas reglas si el clima hace los años de abundancia y de escasez más extremos. Los textos originales de la sección de fuentes te dan los detalles que aquí no caben.